Las redes sociales dejan en evidencia muchas cosas que antes pasaban desapercibidas. Y una de esas cosas que me produce desasosiego y malestar es la de ver a colegas de la profesión periodística fotografiándose con el político de turno al que han tenido acceso. Pero hay fotos y fotos. Es lógico captar una imagen compartida con un alcalde, congresista o presidente después de una entrevista o cualquier servicio dentro de nuestra profesión. A lo que me refiero es a posar junto al político como si estuvieras ante tu estrella del rock favorita o el futbolista del equipo de tus sueños. O a tomar la foto tras una comida o una actividad que destila cercanía y amistad. A los periodistas se nos presumía independencia y objetividad pero en estos tiempos de polarización y confusión, muchos de nosotros se quitaron el traje de informador y se pusieron el de activista político.
Un periodista de verdad no tiene amigos políticos
Si un periodista es amigo de un político, si comparten objetivos, si hay intercambio de dinero en cualquiera de las dos direcciones, el sagrado derecho a la información de los ciudadanos se habrá prostituido
Y es aquí donde llego al punto de explicar el titular de esta columna. Políticos y periodistas somos como el agua y el aceite. Ni en mil años ni en mil comilonas y selfies conjuntos podremos alinear nuestros intereses que finalmente son los intereses de la gente de la calle, de la audiencia, de los votantes en definitiva.
Los políticos son elegidos para gestionar y los periodistas somos el brazo armado (con cámara o lapicero, me refiero) de los ciudadanos. Ellos manejan el dinero público y las decisiones, nosotros controlamos y revisamos si están cumpliendo sus promesas y si están cumpliendo la legalidad. Somos el cuarto poder, el de la prensa, que controla a los dos primeros, ejecutivo y legislativo, para que cumplan con su obligación.
Así funcionan las cosas en una democracia de verdad. Así funcionaban cuando los diarios impresos y los noticieros marcaban la pauta y así debe funcionar ahora en la era del streaming y las redes sociales. Porque han cambiado las plataformas, y la manera de consumir la información, pero no han cambiado las reglas del buen periodismo.
Si un periodista es amigo de un político, si comparten objetivos, si hay intercambio de dinero en cualquiera de las dos direcciones, el sagrado derecho a la información de los ciudadanos se habrá prostituido. Lo más triste es que algunos medios de comunicación se han rendido a la moda de trabajar en coordinación con los políticos. A veces por intereses oscuros, otras por la mera subsistencia económica, pero dejando en evidencia que de esta manera están perdiendo su razón de ser.
He comprobado con sorpresa, cómo en ocasiones, productores de radios y televisiones te preguntan tu tendencia política a la hora de invitarte a un programa. Se forman mesas de debate teniendo en cuenta la tendencia del participante. De nuevo, los periodistas somos percibidos como actores políticos.
En las últimas semanas, he tenido el honor de conducir una serie de entrevistas a comunicadores hispanos que han triunfado en los Estados Unidos, Cuarto Poder Hispano. Así quise llamar al programa reivindicando nuestro papel de periodistas en unos tiempos convulsos para nosotros. Porque es verdad que la administración Trump está tomando en mi opinión un rumbo equivocado con la intención de callarnos. Pero no se trata solo de Trump, la administración Biden practicó la censura en redes sociales, es una condición inherente al poder. Los gobernantes quieren callarnos y no podemos dejarnos callar.
Como decía, pude sentarme a conversar con María Elena Salinas, Juan Manuel Cao, Ricardo Brown, Luis Carlos Vélez, Oscar Haza, María Alejandra Requena y Léon Krauze. Periodistas de verdad con orígenes distintos y tendencias variadas pero con la coincidencia en el la búsqueda de la verdad y la confrontación con el poder. Allí salieron nombres de enemigos de la libertad de información, como Gustavo Petro, Fidel Castro, Daniel Ortega o Manuel Antonio Noriega. Personajes como esos no son nuestros amigos y así deben seguir siendo. Periodistas y políticos estamos en trincheras diferentes. Es necesario recordarlo a diario.
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