POR Dra. JUANA FRONTERA, MD

La crisis venezolana se ha estado moviendo a una velocidad vertiginosa. Después de casi dos décadas, la comunidad internacional está avanzando hacia el consenso: “no hay más tiempo que perder en Venezuela”. Este reconocimiento es vital para ayudar a los venezolanos a restaurar su democracia a través de medios legítimos y constitucionales.

Un paso concreto en esa dirección lo constituyó el reto de proporcionar asistencia humanitaria, absolutamente indispensable, que Juan Guaidó, presidente encargado, pretendió infructuosamente ingresar al país el pasado 23 de febrero.

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Es difícil arañar la superficie de la catástrofe total y la terrible situación en que viven actualmente los venezolanos, como informa ampliamente el CSIS Américas. Las condiciones humanitarias, dentro de un país que alguna vez fue próspero, son similares en muchos aspectos a un escenario bélico, es decir, a la guerra socavada en que está envuelta.

Maduro no solo rechaza la ayuda humanitaria del exterior, sino que también utiliza los alimentos como arma. Sin embargo, la comunidad internacional ha respondido a la solicitud de Guaidó de una asistencia humanitaria. Esta ayuda ha sido enviada desde Estados Unidos, países del Grupo Lima y otras naciones del mundo, y se está acumulando en diferentes lugares cerca de la frontera con Venezuela. El acto criminal de la quema de dos camiones con esa ayuda, dejó perplejo al mundo. Ese acto de barbarie, ni siquiera se dio en las grandes conflagraciones internacionales. ¡Es claro que la ignorancia no tiene límites!

Como consecuencia de lo anterior, el régimen de Maduro y el ejército venezolano continúan enfrentando a un dilema inminente: dejar que la necesaria ayuda humanitaria entre a Venezuela o continuar con su oprobioso bloqueo.

A pesar de las posturas de Maduro, la comunidad internacional ya ha movilizado alrededor de $100 millones de dólares. Esta ayuda está lista para ingresar a Venezuela. Pero mientras Maduro se aferra al poder, el país debe ser liberado de la emergencia humanitaria que representa tener más de 4 millones de personas fuera de sus fronteras desplazadas por un conflicto silente, 600.000 enfermos con cuadros críticos de salud requiriendo atención médica urgente y 2.000.000 de personas que tienen cuadros de desnutrición. (Omar Arias, Médico y profesor de la Escuela de Salud Pública de la UCV).

Simultáneamente, la elevación de las cifras de enfermedades prevenibles sigue creciendo, advirtió Tarik Jasarevic, el portavoz de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con sede en Ginebra: un aumento del número de muertes por difteria (de 17 fallecidos en 2016 a 150 en 2018); decesos por sarampión, 6.395 casos desde el comienzo del brote en julio de 2017; un incremento de la malaria en los últimos tres años, desde 136.402 a 406.289 en 2017.

Estos datos de la OMS llegan en un momento de polémica por la reticencia del régimen de Nicolás Maduro a no permitir la entrada de ayuda humanitaria, conformada por medicamentos de uso común y los indispensables alimentos que vendrían a paliar al menos en parte, la terrible tragedia que está viviendo la comunidad venezolana, en especial los sectores más débiles de la sociedad como son los niños desnutridos, mujeres embarazadas y los ancianos famélicos sin alimentos y sin la asistencia médica indispensable.

*Coordinadora Sector Salud y Bienestar Social
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