VERACRUZ.- Nada como Cuba para desatar pasiones. El restablecimiento de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, anunciado por sus presidentes luego de conversaciones que culminaron con intercambios de espías y la liberación por razones humanitarias (según se ha publicado) del contratista Alan Gross es, por mucho, la noticia del año.
Desde ambos lados de las dos orillas la avalancha de opiniones no se hicieron esperar. En el gobierno norteamericano muy pronto afloraron las contradicciones. Desde Cuba la prensa no varió al establecer una desafortunada y tardía cobertura. En Miami lideres de la derecha y la disidencia coincidieron en descalificar la acción de Obama. En la Habana la mayoría festejo el hecho como una fiesta nacional. Sin embargo, ¿quién tiene la razón? ¿Es positivo o negativo este paso?. ¿Quién pierde con este anuncio?
El análisis histórico
Si miramos la historia, es fácil darse cuenta de que los distintos acercamientos entre los dos países, han dado siempre una clara desventaja al gobierno cubano. El Mariel fue el resultado de la avalancha de familiares cubanos que llegaron después del 78 y que pusieron de relieve el contraste de las familias que por muchos años sólo habían tenido esporádicas cartas y muchas fotos como medio de comunicación. La crisis de los balseros fue posterior a la entrada de turistas extranjeros a las playas cubanas, luego de muchos años cerradas a cal y canto.
La enorme crisis económica que denominaron Periodo Especial aun no termina. La reconversión de la economía cubana, tercera en 50 años, trajo importantes cambios en las estructura social y laboral, pero no derrocó al gobierno. Esta crisis, que dura más que ninguna que recuerde en la historia, llegó a ser normal en la vida de los cubanos. Cosas que fueron traumáticas en el principio, casi todos los de adentro llegaron a acostumbrarse. Claro, en todo caso, había siempre un culpable a quien echar mano: el bloqueo.
La realidad es que la pérdida de derechos civiles para los cubanos estaba amparada en un sistema de gobierno bajo fuego, una guerra donde lo único que no hubo fueron los esperados bombardeos sobre ciudades cubanas. Desde los famosos Días de la Defensa hasta una inteligencia que se esmeró en conocer los avatares tanto del gobierno norteamericano como de los cubanos emigrados, todo giraba en torno a una idea clara: prepararse para la guerra equivalía a evitarla. Y evitándola, ganaban.
La realidad pura y dura
Cinco décadas es mucho tiempo. Por muy buen gobierno que sea, el costo de gobernar tanto tiempo es incalculable. El costo de una guerra silenciosa y continua es inmensa. Se han cometido excesos, ha habido dolor y lágrimas. Hay muertos de ambos lados. Una atmósfera de odio se transmite de generación en generación. Como diferendo histórico, tiene realmente mas años que los que Fidel Castro lleva en el gobierno.
Muchos recursos ha dedicado el Gobierno de Estados Unidos para tratar de hacer un cambio de gobierno efectivo en Cuba. El embargo económico es el mas mediático de todos. La existencia todavía de este gobierno es un claro reflejo de que esa política, y todo ese gasto, han sido en vano. Lo último que se decía era apelar a la llamada “vía natural”. O sea, solo cuando desaparezcan los líderes actuales, por causas naturales, ese anhelado cambio podría ser real.
Por tanto, un cambio de táctica no sería, al menos, descabellado. Si se insiste en la misma equivocada manera de desalentar el rumbo del gobierno, si los recursos materiales y humanos no se destinan a lograr que una sociedad civil perfeccione o aprenda las buenas maneras de construir un país con la participación de todos, podríamos estar en el umbral de cinco décadas más de descalabros políticos e ideológicos. Y un adiós a recobrar algunos derechos elementales para otra generación.
Si por el contrario, los anuncios por parte del gobierno norteamericano significan que los cubanos tendrán determinados accesos hasta ahora por lo menos restringidos, habrá una mayor posibilidad de que desde dentro, desde donde hoy tiene el mayor apoyo el rumbo actual del gobierno cubano, se consideren otras variantes de construir el país. Si los cubanos tienen la posibilidad de entender que la democracia como la ven desde occidente no es tan distinta de como se puede ejecutar en la isla, habrá un punto de viraje y otra manera de administrar el país. Tal vez no la que quieren algunos grupos que se ubican en los extremos del espectro político pero sí muy distinta a lo que hoy se vive allí.
Si los anuncios por la parte norteamericana significan condiciones justas de intercambio comercial, acceso a tecnologías que cada día son más sociales, apertura al mundo; entonces el principal argumento de los dirigentes de línea dura habrá desaparecido y cada quien tomara la verdad en sus manos.
Si los anuncios cubanos (que públicamente son mas discretos que los norteamericanos) son ciertos, la guerra habrá tomado al menos una tregua y los recursos podrán destinarse al desarrollo de la sociedad y al mismo tiempo los derechos restringidos por esa guerra podrán ser restituidos. Si todo lo que se han propuesto en los anunciados cambios de rumbo de la economía, por fin con una somera flexibilización del embargo, pueden ser realidad, la línea reformista dentro del gobierno tendrá mas opciones de sobrevivir y la sociedad cubana tendrá el poder de cambiar el status quo.
Las heridas, el dolor y el sufrimiento que se han acumulado con el tiempo tendrán necesariamente que apartarse de los corazones de los cubanos de ambos lados, si se quiere que algún día cercano, esa isla pueda convertirse, por fin, en la patria de todos. Si seguimos pensando en el pasado, la actual generación que no conoce otra cosa perderá la esperanza de hacerlo.
No tenemos otra opción que mirar desde el presente al futuro.
¿Por quién doblan las campanas?
VERACRUZ.- El restablecimiento de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, anunciado por sus presidentes luego de conversaciones que culminaron con intercambios de espías y la liberación por razones humanitarias (según se ha publicado) del contratista Alan Gross, es por mucho, la noticia del año.
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