@ivanGonRom
Rose, Ichiro y la historia
Comparar a Rose con Ichiro podría ser una tarea infructuosa, que va más allá de los números. Ambos son la clase de pelotero que se necesita en cualquier roster y cada uno hizo lo que debía hacer en su respectiva época para brillar
La mayor parte de la disputa podría venir de la imaginación de terceros. Necesariamente, no debería haber roces entre ambos, sobre todo porque la personalidad de Ichiro no da para discusiones. Pero lo cierto del caso es que desde hace un tiempo, cuando Pete Rose lo suponía, dijo que el jardinero japonés de los Marlins de Miami podría disparar 4.000 hits en las mayores, pero jamás le alcanzaría.
La semana pasada, Ichiro le rebasó en la cuenta. Claro está, lo hizo con la suma de los imparables disparados en el béisbol japonés, que fueron 1.278, todo antes de dar el salto a las mayores y ganar el premio como el Novato del Año. Por cierto, esa cuenta de imparables en su carrera no debería sumar los más de 4.256 de Rose, pues si el circuito nipón es ahora considerado a la altura de las Grandes Ligas, entonces Suzuki no debió ganar el galardón al mejor recluta en el 2001.
Y Rose ya lo había dicho hace unos años. "Si están contando los hits en el béisbol profesional, entonces añádanme los 427 que disparé en las ligas menores. Eso fue en el profesional también", decía el polémico expelotero, marginado de las actividades del béisbol a causa de sus relaciones con las apuestas.
Rose tiene sus cuentas bien hechas en este renglón de los imparables. Si es así, Henry Aaron tuvo 4.000 hits en el profesional. También Stan Musial", señalaba en el 2012. En efecto, Aaron consiguió 4.095 imparables - 3.771 en las mayores y 371 en las menores - y Musial golpeó 4.001 - 3.630 en la gran carpa y otros 371 en las sucursales. Esa reflexión parece tener asidero.
En anteriores oportunidades hemos dicho aquí que el béisbol siempre ha sido un deporte de comparaciones, en algunas ocasiones eso pasa por el filtro de los números. Ichiro necesitó casi de 1.500 apariciones menos que Rose para conseguir la misma cantidad de inatrapables y lo hizo con tres años de edad menos que quien fuese figura con los uniformes de los Rojos de Cincinnati, los Expos de Montreal y los Filis de Filadelfia.
Y ciertamente, no se puede decir que el japonés no fue uno de los más grandes bateadores de todos los tiempos, pues sobran argumentos para situarlo en una élite. No se debe olvidar que la marca de más hits en una campaña está en su poder desde 2004, cuando despachó 262. Ichiro tuvo diez campañas con 200 o más hits –la misma cifra de Rose, por cierto- y se sabía que en cada una de sus apariciones, existía la certeza de que el japonés llegaría a la inicial.
Si usted no vio jugar a Rose, probablemente no tenga idea de la clase de competidor de que fue sobre el terreno. Lo que quizás representa la mejor muestra de que siempre jugó para ganar, con intensidad extrema y con la máxima potencia en sus turbinas, se pone de manifiesto en el Juego de Estrellas de 1970. Estamos hablando de un partido de exhibición, que para entonces no tenía validez en nada. Ese día, la jugada que decidió el cotejo fue protagonizada por este pelotero, quien se barrió en el plato y produjo una colisión con el catcher Ray Fosse, lo cual le fracturó el hombro.
Comparar a Rose con Ichiro podría ser una tarea infructuosa, que va más allá de los números. Ambos son la clase de pelotero que se necesita en cualquier roster y cada uno hizo lo que debía hacer en su respectiva época para brillar. Lo que nadie debe hacer es escamotear el honor de los logros de cada uno (aunque Rose se hizo cargo de su propio saboteo al involucrarse en apuestas mientras fue mánager de los Rojos). Ichiro, por cierto, está logrando sus cifras históricas con el uniforme de los Marlins y en cosa de un mes podremos ver en Miami cómo llega a sus 3.000 hits en la gran carpa. Eso habrá que festejarlo.
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