BEATRIZ E. MENDOZA
bmendoza@diariolasamericas.com
@bemendozac

Con su quinto álbum Equilibrio, el cantautor colombiano Santiago Cruz, cumplió un sueño de juventud: ver su música en un disco de los de antes, de vinilo. Ampliamente conocido en Latinoamérica, es sólo ahora que decide venir de promoción a EEUU para presentar el segundo sencillo No nos digamos mentiras, cuyo video fue grabado en una vieja casona de Buenos Aires y ya tiene más de 1.2 millones de vistas en YouTube. Y es que este compositor y guitarrista, con letras profundas, románticas y un sonido pop rock, tiene más de un millón de seguidores en Facebook, otro tanto en Twitter y 93 millones de visualizaciones en su canal de YouTube.   

El guitarrista, que tiene una hija de un año y medio y espera junto a su esposa a un varoncito que nacerá en el verano, visitó DIARIO LAS AMÉRICAS para hablar sobre su disco y cómo la paternidad ha cambiado su punto de vista.

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¿Cómo surgió la canción No nos digamos mentiras?

Es una canción que habla de una conversación que todos hemos tenido y a nadie le gusta tener: cuando una relación sentimental se acaba y llega el momento de darse cuenta y tener que decir no vamos para ninguna parte. La escribí al visitar momentos anteriores míos. Cuando empiezas a escribir un disco te vas hacia lo que tienes dentro y te das cuenta que hay historias por sanar, círculos por cerrar.

¿Cuéntanos como fue el proceso de crear este disco?

Lo grabamos en Valencia, España donde Nacho Mañó, que es mi productor de los últimos tres discos, tiene su estudio. Me fui con mi director de banda Richard Narváez, un gran músico colombiano. Nos juntamos con Nacho que tocó el bajo e invitamos a dos músicos ingleses Frank Tontonh, baterista de AmyWinehouse, ahora está con Joss Stone, de una banda que se llama Incognito, tremendo músico y en los pianos estuvimos con un gran músico británico también que se llama Chris Cameron, fue director musical de George Michael durante 30 años, productor de álbumes de Miguel Bosé, trabajó con Alejandro Sanz. Lo grabamos como se grababa antes: en bloque, todos aportando. Además, fue una jornada de grabación muy excitante creativamente hablando y creo que esa excitación y esa calentura de grabarlo en vivo se sienten en el álbum.

Y  lo sacaron en vinilo.

El tema del vinilo está volviendo de alguna manera. Además, yo tengo 39 años y vengo de una familia de melómanos donde el vinilo era parte fundamental de la biblioteca, del mueble en la sala donde está el equipo de sonido. Entonces, la forma física del sueño de hacer música, tenía la forma de un vinilo, y tener ahora un disco en vinilo mío es una sensación muy linda.

 

 

Tienes letras muy profundas, melodías muy armónica, ¿qué lees para escribir esas letras y que escuchas para hacer esas melodías?

Hay un viaje interior muy agresivo, un nivel de autocrítica emocional muy grande también. Me gustan los cantautores, la gente que canta lo que escribe y escribe lo que canta, que me brinda un punto de vista, desde Jorge Drexler, que es de mis artistas favoritos, pasando por Alejandro Sanz, hasta llegar a René y Eduardo de Calle 13. Son puntos de vista tremendamente identificables. La primera frase de cualquier canción de ellos ya sabes quien la canta, así no conozcas la canción, porque hay una estética clara y eso a mí me entusiasma mucho, como autor, artista y oyente. Procuro eso en lo que hago, una identidad muy clara, un punto de vista que espero que sea claro y hago un intento permanente de alejarme de los lugares comunes. Me gusta mucho el trabajo de Paul Auster, que es escritor de Brooklyn, esos círculos que terminan cerrándose de una manera inesperada. Ahora mismo empecé a leer un libro de Philip Roth que se llama Indignación, que me ha encantado, me sorprendió. Obviamente en Colombia es casi que una asignatura obligatoria  la obra de García Marquez. Alguna ves le leí una entrevista que todo el libro es importante, evidentemente, pero que es fundamental el título y el primer párrafo. Despues de leer eso, me puse a la tarea de leer los primeros párrafos de los libros de García Márquez y son una cosa maravillosa.

Cuéntanos sobre esos viajes emocionales y esa vida familiar que tienes ahora,  ¿cómo se refleja eso en tus canciones?

Volvemos al tema del punto de vista. Cuando llegas a puerto seguro, cuando además tienes la fortuna, como en mi caso de conocer lo que es la paternidad, cambia un montón tu óptica, el lente con el que miras el mundo. Espero que se sienta el disco. Hay un optimismo, una energía y una vulnerabilidad distinta. La paternidad te da todo el impulso del mundo, pero te exacerba los miedos, me he sentido muy vulnerable desde que soy padre.

Háblanos de tú labor como embajador de buena voluntad del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

Tenemos siempre a disposición nuestra un micrófono, una cámara, una luz y una cantidad de gente que sigue lo que haces. Es importante tomarlos y decir sí, estoy haciendo esto, pero resulta que en esta esquina está pasando aquello, y aquello es una cantidad de población muy grande en Colombia que vive en condiciones lamentables. Se han hecho cosas para que eso mejore, pero  falta un trabajo enorme por hacer. Soy un amplificador y un vehículo de información.  Visito comundidades, voy a llevar la luz que uno pueda llevar de alguna manera con las canciones

¿Qué comunidades has visitado?

Estuvimos en un comunidad indígena del Chocó que se llaman los Embera y allí la experiencia fue muy fuerte, porque es una comunidad aislada de nuestras costumbres occidentales, y tuvieron una experiencia a partir de que llego el jabón allí. Imagínate lo básico y lo natural que es para nosotros cada uno tener un jabón en la casa o en la ducha. A ellos les cambió la vida. El índice de mortalidad infantil se redujo desde que llegó el jabon allí, pero no estoy hablando de que sucedió hace 50 años, estoy hablando de que sucedió hace dos.

¿Cuál crees que es tu labor como artista en el  proceso de paz colombiano?

El hecho de hacer arte ya es construcción en un país donde mucha gente ha optado por destruir, porcentualmente es poca gente, pero han hecho mucho daño. Hacer música o arte en Colombia es un acto de valentía, y creo que sí influye lo que tú haces, lo que dices, lo que propones con tu música, cuando tus letras se basan en el respeto a la otra persona. Hay gente que le presta más atención a lo que uno dice que a lo que dicen los políticos, porque están cansados de un sistema que no ha hecho sino engañar a la juventud y robarle su futuro de alguna manera. Creo que sí tenemos una responsabilidad, pero no porque seamos artistas simplemente, sino porque somos ciudadanos.

 

 

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