Este paraíso fue ideado por un estadounidense que se enamoró del país
La mansión colonial consta de seis construcciones de estilo tradicional tailandés. (Foto E. Calvo)
Tras una mole de hormigón por la que discurre el futurista tren BTS, escondido entre un bosque de rascacielos que define la bonanza económica que vive hoy Bangkok, se encuentra un oasis construido en madera de teca rodeado de orquídeas y decorado con un gusto exquisito.
La casa del estadounidense Jim Thompson, convertida en museo, es uno de los lugares mágicos de Tailandia que ningún viajero debe dejar de visitar. n
Aunque su dueño y diseñador fue un arquitecto nacido en Greenville (Delaware) en 1906, hoy es una atractiva tailandesa de piel aceituna y ojos grises la que da amable acogida al visitante.
Con un cálido u201cBienvenidos a la casa de Jim Thompson u201d arranca una visita en la que un frondoso jardín tropical hace de antesala mágica tras la cual se pide a los huéspedes que se quiten los zapatos, una higiénica costumbre muy arraigada entre la población.
Esta soberbia mansión colonial consta de seis construcciones de estilo tradicional tailandés que fueron transportadas desde diferentes puntos del país, algo que no fue demasiado complicado ya que este tipo de viviendas están diseñadas sin clavos, para ser montadas y desmontadas.
La parte utilizada como residencia personal está elevada, para evitar el efecto de las inundaciones. Todos los detalles, desde las tejas hasta la pintura roja del exterior siguen las tradiciones de la arquitectura tailandesa tradicional y nos ofrecen buenas pistas para ir adivinando la personalidad de su dueño, que llegó al país justo cuando terminó la Segunda Guerra Mundial.
Graduado en Princeton, Jim Thompson se enroló en el ejército y durante la guerra sirvió en la OSS, la Oficina de Servicios Estratégicos, antecedente de la CIA.
Aunque su expediente no ha sido del todo desclasificado, se sabe que estuvo a punto de saltar en paracaídas sobre Tailandia para luchar contra las tropas japonesas, pero el final de la guerra abortó la misión.
Afortunadamente el encanto de esta tierra y de sus habitantes desplazó por completo cualquier interés de carácter bélico y aunque superaba ya los 40 años, Jim Thompson sucumbió enamorado al país que convertiría en su hogar.
Este hechizo aún está patente en la atmósfera que las estancias de su casa conservan, frescas y ventiladas, teñidas del juego que las distribuciones del espacio permiten a la luz natural, con cómodos suelos de madera tropical sobre cuyas pulidas tablas es una delicia caminar descalzo.
Es necesario ir allí para verlo y experimentarlo ya que está totalmente prohibido fotografiar el interior de la casa.
El arquitecto convirtió este lugar en el cofre de su tesoro personal, acumulando en él recuerdos y preciosas adquisiciones de tasación difícil, tales como colecciones de antigua porcelana china de la dinastía Ming, un mobiliario exquisito con piezas extraordinarias y diversas esculturas adquiridas en sus viajes por Asia.
Incluso practica un eclecticismo sofisticado utilizando mármol italiano en las losas del pavimento del recibidor principal en la planta baja, donde una cuadrícula negra y blanca casi renacentista queda magistralmente integrada en la composición general de la vivienda asiática. n El conjunto de edificaciones y jardín tropical configura por si solo un pequeño mundo, construido a la medida de su creador y un remanso de paz que aún perdura en el centro de Bangkok. Sin embargo, la trascendencia de Jim Thompson para el país que lo acogió fue de un orden más profundo.
Thompson supo ver en la marchita industria local de la seda una oportunidad magnífica para cambiar de vida y convertirse en El Rey de la Seda ayudando a miles de campesinos a salir de la pobreza, modernizando la producción y llevando el exquisito género textil a las pasarelas de las más prestigiosas marcas de lujo.
No sólo eso; hoy en día Jim Thompson se ha convertido en una marca de ropa y complementos con establecimientos en varias ciudades del mundo, incluido Nueva York, a pesar de que su dueño y fundador desapareció misteriosamente en 1967 cuando caminaba por una zona selvática de Malasia.
Su leyenda se sumó así a su reputación y al reconocimiento por su labor en el rescate de la industria nacional de la seda. En la planta baja de uno de los edificios es posible adquirir recuerdos del universo que rodea al personaje, tanto objetos como libros y prendas de la marca.
Por último, disfruten de una agradable comida tailandesa junto al jardín en una de las mesas del restaurante que forma parte del complejo. nNunca se supo si Thompson fue atacado por un animal, si murió por causas naturales o si fue asesinado, porque su cuerpo no llegó a encontrarse.
Tampoco está claro si la desaparición estuvo relacionada con sus actividades como agente encubierto de la CIA, tal y como apunta el libro El Hombre Ideal de Joshua Kurlantzick. No hay ninguna pista sobre su muerte excepto la que se conserva en uno de los salones de su casa: colgado de la pared, el inquietante horóscopo thai que marcó el mes propicio para mudarse a la que sería su nueva vivienda le previno de que algo malo le ocurriría en 1967. Sin duda, Jim Thompson no fue suficientemente supersticioso.