Como parte de los pasos del acercamiento entre EEUU y Cuba, en días recientes la Casa Blanca invitó a Washington a un nutrido grupo de figuras del exilio cubano para informarle sobre el estado de las conversaciones entre los países.
Una danza incompleta
Sería muy saludable que quienes hoy llevan las riendas de la nueva agenda hacia la isla también se decidieran a conversar con los miembros de la oposición al gobierno de los Castro, y la diáspora, para escuchar sus preguntas y explicar
El encuentro, debe subrayarse, contó con la presencia de hombres de negocios, líderes comunitarios y nombres ligados a la política. La cita, a la que no tuvo acceso la prensa, no discriminó por tendencias políticas ni apegos o rechazos a los recientes pasos dados por EEUU hacia el régimen cubano.
Quizás para resaltar la importancia del evento, los organizadores de la reunión se aseguraron de que la misma fuera presidida por Valerie Jarret, una consejera muy cercana al presidente Barack Obama; la subsecretaria de Estado para América Latina y jefa de la ronda de negociaciones con Cuba, Roberta Jacobson; el director de Asuntos del Hemisferio Occidental, Mark Feierstein; el asesor de Seguridad Nacional, Ben Rhodes, y el encargado de la embajada de EEUU en la isla, Jeffrey DeLaurentis.
Más allá de que las opiniones de los participantes en el encuentro difieran, no se puede negar que el hecho reviste importancia en sí mismo y parece haber sido una oportunidad para que los asistentes escucharan directamente de la Casa Blanca una explicación sobre los pasos emprendidos en el acercamiento con Cuba.
Sin embargo, sería muy saludable que quienes hoy llevan las riendas de la nueva agenda hacia la isla también se decidieran a conversar con los miembros de la oposición y la diáspora, para escuchar sus preguntas y también explicarles a ellos.
De ese modo, quizás, al vals diplomático que hoy danzan Washington y La Habana no termine faltándole algunas notas muy necesarias que hoy están ausentes.
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