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ANÁLISIS

Violencia, desplazamientos y polarización marcan el camino hacia las presidenciales en Colombia

Las amenazas contra líderes políticos y el deterioro del orden público dominan el panorama electoral rumbo a las presidenciales de Colombia en 2026

Por María Graterol

BOGOTÁ.- Colombia se encamina hacia las elecciones presidenciales del próximo 31 de mayo de 2026 en medio de un escenario marcado por la violencia, la polarización política y el avance de grupos armados ilegales en distintas regiones del país, factores que pudiesen amenazar con impactar la participación ciudadana, las garantías democráticas y el desarrollo normal de la campaña electoral.

Las campañas electorales se han desarrollado en un contexto de creciente tensión por amenazas a dirigentes políticos, alteraciones del orden público y nuevos episodios de desplazamiento forzado en comunidades rurales históricamente afectadas por el conflicto armado.

Esta ola de violencia generalizada expone un panorama político que incrementa la incertidumbre sobre la capacidad del Estado para garantizar seguridad en los territorios y preservar la confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas.

En una entrevista exclusiva a DIARIO LAS AMÉRICAS, la columnista y periodista de Revista Semana, Sofy Casas, advierte que la violencia puede incidir directamente en la calidad democrática de las elecciones, especialmente en zonas donde organizaciones armadas mantienen influencia territorial o capacidad de intimidación sobre la población.

“La violencia sí puede afectar la calidad democrática de las elecciones, especialmente en regiones donde actores armados tienen capacidad de intimidar comunidades, limitar campañas o influir indirectamente en la participación. El problema no es solamente si las elecciones se realizan, sino si los ciudadanos pueden votar con libertad y garantías reales”, afirmó.

Riesgo electoral

La analista explicó que una de las principales preocupaciones se concentra en los territorios donde existe débil presencia institucional y donde históricamente grupos armados ilegales ejercieron presión sobre comunidades y procesos electorales.

“La Misión de Observación Electoral (MOE) ha advertido que existen más de 170 municipios en riesgo electoral por factores de violencia y fraude, y al menos 81 están catalogados en riesgo extremo. Eso demuestra que el desafío no es únicamente logístico, sino también democrático”, señaló.

Casas, afirma que el comportamiento electoral en regiones apartadas podría terminar teniendo un peso decisivo en el resultado nacional, particularmente en zonas donde persiste presencia de estructuras armadas ilegales.

“La MOE también ha señalado que más del 54 % de la votación, obtenida por el Pacto Histórico en las elecciones al Congreso, provino de municipios con altos niveles de riesgo electoral y fuerte presencia de actores armados ilegales. Eso equivale a más de 2,2 millones de votos y evidencia cómo el comportamiento electoral en zonas apartadas y con débil control institucional puede terminar siendo determinante en los resultados nacionales”, indicó.

Las advertencias ocurren mientras el gobierno de Gustavo Petro se acerca a su etapa final sin concretar acuerdos de paz definitivos con las principales estructuras criminales y guerrilleras del país.

Petro dejará el poder el próximo 7 de agosto sin firmar un acuerdo de paz con organizaciones como las disidencias de las FARC o el Clan del Golfo, considerado el principal cartel del narcotráfico en Colombia.

Desplazamientos y participación electoral

El aumento de la violencia también ha provocado nuevos desplazamientos forzados en comunidades rurales vulnerables, especialmente en regiones donde persisten enfrentamientos entre grupos armados ilegales.

Estos movimientos poblacionales podrían alterar el censo efectivo de votantes, dificultar el acceso a puestos electorales y aumentar la abstención en zonas consideradas críticas para el proceso democrático.

“En cuanto a la participación, el contexto de inseguridad puede aumentar la abstención en algunas zonas, aunque también puede generar una mayor movilización de sectores que ven las elecciones como una forma de defender la institucionalidad democrática. Mucho dependerá de las garantías de seguridad que logre ofrecer el Estado y de la confianza ciudadana en el proceso”, explicó Casas.

La comunicadora recordó que Colombia mantiene históricamente altos niveles de abstención electoral, situación que adquiere mayor relevancia en medio del deterioro de la seguridad y de la creciente desconfianza política.

El reto de evitar una segunda vuelta

Colombia celebrará la primera vuelta presidencial el 31 de mayo de 2026 y, en caso de que ningún candidato alcance la mayoría requerida, la segunda vuelta quedó fijada para el 21 de junio de 2026.

En este escenario, alcanzar una victoria en primera vuelta se perfila como uno de los mayores desafíos políticos para cualquier aspirante presidencial.

Casas explicó que el umbral necesario depende directamente de la participación ciudadana y del volumen de votos válidos emitidos durante la jornada electoral.

“En Colombia un candidato necesita obtener la mitad más uno de los votos válidos. Con un censo electoral cercano a los 41,4 millones de personas, si votara el 100 % del electorado el umbral sería de aproximadamente 20,7 millones de votos. Sin embargo, ese escenario nunca ocurre en la práctica porque Colombia históricamente registra altos niveles de abstención”, afirmó.

La analista precisa que el número real de votos necesarios disminuye si cae la participación, aunque eso no elimina la dificultad política de construir una mayoría sólida.

“Por ejemplo, si votan 24 millones de personas con votos válidos, un candidato necesitaría alrededor de 12 millones para ganar en primera vuelta. Si la participación baja a 22 millones, el umbral se reduce a cerca de 11 millones. La abstención disminuye el número absoluto de votos requeridos, pero no elimina la dificultad política de construir una mayoría sólida en un escenario electoral fragmentado”, sostuvo.

Polarización

La columnista de Revista Semana también analiza el escenario político que comienza a configurarse entre los sectores opositores al "petrismo" y las disputas internas por el liderazgo de la derecha y la centroderecha colombiana.

En una reciente publicación de Casas en la Revista Semana, la comunicadora cuestionó la narrativa sobre un supuesto “empate técnico” entre el abogado Abelardo de la Espriella y la senadora Paloma Valencia.

"Empate técnico"

“En mi columna de opinión, sostuve que el llamado ‘empate técnico’ entre Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia no existe y que esa narrativa ha sido impulsada artificialmente por algunos sectores políticos y mediáticos”, explicó.

Según la analista, algunas de las encuestas internacionales más recientes muestran una tendencia distinta dentro del panorama electoral colombiano.

“Las encuestas internacionales más serias, como AtlasIntel y GAD3, están mostrando una tendencia muy distinta: Iván Cepeda liderando, Abelardo creciendo de forma sostenida y Paloma perdiendo impulso”, aseguró.

Casas considera que el debate político dejó de centrarse únicamente en quién podría derrotar al "petrismo" en una eventual segunda vuelta y comenzó a enfocarse en cuál dirigente tiene actualmente la capacidad electoral suficiente para llegar a esa instancia. “El verdadero problema político es quién tiene hoy la fuerza electoral suficiente para llegar a esa segunda vuelta. Y según las tendencias nacionales e internacionales más creíbles, quien aparece ocupando ese lugar es Abelardo de la Espriella”, indicó.

El crecimiento de Abelardo de la Espriella

La comunicadora destaca que parte del crecimiento político de Abelardo de la Espriella estaría vinculado a su capacidad para conectar con sectores populares históricamente cercanos a la izquierda.

“Abelardo está logrando algo que históricamente la derecha y la centro derecha colombiana no habían conseguido: conectar emocionalmente con sectores populares donde la izquierda tenía prácticamente el monopolio político y emocional. Ahí está buena parte de su crecimiento”, afirmó.

También señaló que el perfil empresarial del abogado comenzó a ganar terreno en un país golpeado por la inseguridad, la corrupción y la incertidumbre económica.

“Mientras otros candidatos vienen principalmente del mundo legislativo, Abelardo transmite una imagen de ejecución, liderazgo y capacidad administrativa que hoy muchos sectores del electorado empiezan a valorar”, explicó.

Rechazo al "petrismo"

Finalmente, Casas aseguró que el escenario electoral colombiano avanza hacia una dinámica cada vez más polarizada, donde el voto útil y el rechazo al mandato del presidente de izquierda, Gustavo Petro, empiezan a tener un peso determinante.

“En una elección cada vez más polarizada, el electorado termina moviéndose más por percepción de viabilidad, voto útil y rechazo al petrismo que por afinidades ideológicas tradicionales. Por eso la narrativa de que solo Paloma Valencia podría derrotar a Iván Cepeda empieza a perder credibilidad frente a las tendencias reales que están mostrando las encuestas”, concluyó.

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FUENTE: Redacción DLA

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