Ha sido una semana intensa. Desde Barack Obama a los Rolling Stones pasaron nuevas y muy variadas emociones para un país acostumbrado a un monótono bullicio, pero a pasar días tras días sin que nada lo altere, ya sean convocatorias a congresos o nuevos planes de salvación nacional.
¡Y llegaron los americanos...!
La solución está en mano de los cubanos, de todos los cubanos, estemos donde decidamos estar
El 70 por ciento de los que vieron llegar el Air Force One del presidente norteamericano nacieron después de la Revolución de 1959. Ninguno de ellos, y me incluyo, vivió los horrores de la guerra ni tuvieron nada que ver con el rumbo que tomó el país unos meses después del triunfo de Fidel Castro. Pero todos, absoutamente todos, estamos involucrados, ya seamos partícipes o expectadores. Por eso la expectativa. Por eso las opiniones. Por eso el deseo de que esta visita sea un antes y un después, que se convierta en la solución de todos los males que hacen de Cuba un lugar constante en la memoria de quienes lo visitan o en los titulares de la prensa internacional.
Por eso la necesidad (esa que muchos creemos histórica, porque se ha repetido tantas veces) de que nos llegue la solución en otro idioma. ¡Qué chasco para los que se recuperen de la borrachera del glamour y de las formas amistosas con que el presidente Obama y su familia nos trataron por tres dias! Si, porque el cuartico estará igulito y si algo queda de su discurso, espero que sea cuando nos recordó que el futuro esta en nuestras manos, en las manos de los cubanos. Pero creo que el presidente se equivocó. No está en todas las manos, porque hay muchos cubanos cuyas manos pertenecen a los que se quejan y maldicen pero no construyen, no están dispuestos a conversar y confrontar sus ideas, a construir la historia y no a vivir de ella. No somos todos los que estamos ni estamos todos los que somos, es una realidad. Sin embargo, la llegada de los americanos fue muy diferente a como la imaginamos muchos por tantos años.
Mientras el presidente Obama y su familia caminaban por la Habana Vieja, con sombrillas bajo una pertinaz lluvia, recordaba cuantas horas bajo esa lluvia, sol y sereno pasamos en las trincheras entre Pasacaballos y Rancho Luna, el pedazo de Cuba que nos tocó defender en la Guerra de Todo el Pueblo. Ví cuanto combustible gastamos con las lanchas torpederas en posición de combate mientras Ronald Reagan tomaba posesión como presidente del enemigo y todos sospechábamos que los aviones vendrían de un momento a otro a bombardear nuestra escuela que estaba tan cerca del mar y de las torpederas que casi las escuchábamos roncar.
Viendo a Barack Obama decir que nuestros dos países son vecinos y deberían vivir en paz recuerdo cuánto desde allí se ha hecho al amparo y la complicidad de anteriores gobiernos o simplemente por orden de ellos, y me pregunto si lo que escuchamos son cantos de sirenas o es la palabra de un hombre que representa a un contrario diferente, dispuesto a discutir los puntos de vista y a respetar el derecho de los demás a buscar las formas que consideren oportunas. Tengo especial simpatía por el presidente norteamericano, no me importa cuánto de politiquería hay detrás de su actitud, si es que la hay. Es bienvenido un político así en nuestro patio. Pero no estoy de acuerdo con él en que hay que pasar página y olvidar la historia. Por ningún lado hay que olvidar la historia, otra cosa sería que diéramos paso a un nuevo orden dejando de un lado las rencillas, los viejos modelos de confrontación que han sido pasto de una guerra de más de cinco décadas. En eso, estamos de acuerdo. Pero la historia hay que respetarla, vivirla y sobre todo, hacer constancia de que siempre, inexorablemente, nos pasa la cuenta. Tampoco creo que su discurso fue el mejor ni que cambiará nada por sí mismo.
No fue el mejor, porque no escuché que rompiera con la financiación que hoy tienen los grupos que en vez de contribuir al impulso interno de los cambios, viven de las fuertes remesas que el gobierno presupuesta como si de un problema interno se tratara. Creo también que el bloqueo/embargo tiene que cesar y aunque ahora se necesite del congreso, mucho más se puede hacer para que todos tengamos las oportunidades que el presidente dice que se está dando a los emprendedores privados. No es la primera vez que en Cuba se habla de democracia ni de derechos humanos. Juan Pablo II lo hizo en 1998; luego Carter habló mucho más duro que Obama; después Benedicto XVI, más tarde Francisco con su simpatía habitual nos dejó claro que somos dueños de nuestro destino, pero que todos deben contribuir. Los discursos no contrarios al verbo oficial, televisados en directo, nunca hicieron mella en la autoridad del gobierno y menos aún en el statu quo del país, solo fueron palabras bonitas en un contexto donde los que deben tomar las decisiones no comprenden la importancia de su devenir, incluso dentro los cánones que hoy soportan el sistema. Barack Obama ha hecho historia y así se contará en los libros de los próximos años.
Pero nada de este viaje, ni el eco de las canciones de los Rolling Stones en la Ciudad Deportiva, cambiará nada que los cubanos no estén dispuestos de cambiar. Si los que deben garantizar un camino ordenado hacia el nuevo siglo que aún parece no llegar a Cuba siguen perdidos detrás de retóricas pasadas de moda y de contexto; si no paramos el éxodo de quienes deben cargar sobre su esfuerzo el desarrollo del país, pueden venir los próximos diez presidentes nortemericanos y si hay alguien para recibirlos, seguirán haciéndose los graciosos con la jerga de turno y tomando mojitos en los balcones del hotel Nacional, pero nada habrá cambiado para el mortal de a pie.
Lo dijo Mick Jagger en un mejor español: aquí estamos porque los tiempos cambian. ¡Y mira si han cambiado para Cuba! ¿Pero eso qué significa? Muy poco si seguimos minimizando el poder de los cubanos y apostando porque las soluciones lleguen en otro idioma. Muy poco si las canciones se escuchan y sus contenidos se ignoran. Si prentendemos modernizarnos y seguimos con la moda de tantos años atrás. La solución está en mano de los cubanos, de todos los cubanos, estemos donde decidamos estar. Aunque Obama crea que somos un sólo país, en ambos lados del estrecho y lo necesitemos tanto, si no está en la conciencia de todos, poco podemos avanzar. Poco podemos crecer.
Y nada habremos ganado al final de esta larga y complicada lucha. Lo cierto es que por fin, llegaron los americanos. No los precedieron aviones de combates escupiendo muerte sobre nuestras ciudades: lo hizo un presidente negro, simpático y empático, que mostró respeto por nuestro país y sus ciudadanos. Espero que siempre sean igualmente bien recibidos; espero que ellos siempre muestren ese respeto y admiración que como país nos mostró Obama. Siempre será mejor que un intercambio de misiles, aunque nos queden resquemores y sospechas. Siempre es mejor que una guerra sin esperanzas ni finales felices.
NULL
