La tengo en el garaje. De color azul celeste y llena de flores blancas. Preciosa. Mi Volkswagen T2 asoma entre esos coches grises como un poema de Neruda en mitad de una canción de Metallica. Las cortinillas las he comprado de segunda mano porque sin mugre no desprenden el mismo vaho perfumado cuando les da el sol. No he invitado a nadie aún pero ya hay montón de gente dentro. Gran fiesta. La humareda alcanza varias calles. Del interior de la furgoneta suena un ukelele, que es un instrumento que sólo se puede tocar bajo los efectos de la marihuana. Y hay cartones de vino por todas partes. Madrid ahora es comunista y he rescatado todos mis discos sesenteros. Supongo que el verano del amor está a la vuelta de la esquina. No sé qué de los adoquines, la playa, y el asfalto. De acuerdo, no lo recuerdo, pero lo que es seguro es que esta noche saldremos de fiesta. Eso me han dicho mis camaradas.
Ahora somos comunistas
La tengo en el garaje. De color azul celeste y llena de flores blancas. Preciosa. Mi Volkswagen T2 asoma entre esos coches grises como un poema de Neruda en mitad de una canción de Metallica. Las cortinillas las he comprado de segunda mano porque sin mugre no desprenden el mismo vaho perfumado cuando les da el sol. No he invitado a nadie aún pero ya hay montón de gente dentro. Gran fiesta. La humareda alcanza varias calles. Del interior de la furgoneta suena un ukelele, que es un instrumento que sólo se puede tocar bajo los efectos de la marihuana. Y hay cartones de vino por todas partes. Madrid ahora es comunista y he rescatado todos mis discos sesenteros. Supongo que el verano del amor está a la vuelta de la esquina. No sé qué de los adoquines, la playa, y el asfalto. De acuerdo, no lo recuerdo, pero lo que es seguro es que esta noche saldremos de fiesta. Eso me han dicho mis camaradas.
El comunismo es maravilloso. Por fin podemos bañarnos en las fuentes públicas, beber en la puerta de los bares, y escupirles a los ricos al pasar. Además pronto podremos recoger lechugas comunitarias en el centro de Madrid, que es un primor, porque a las propiedades de esta sana verdura se le añaden las vitaminas que transpira el asfalto de la capital, al calor del manto de humo del tráfico de la hora punta. Uno sueña con esa nueva alcaldesa dándonos a todos un sueldo base como el suyo –y de paso alguna finquita-, expropiando novias nórdicas a los futbolistas, y repartiendo entre el pueblo los coches de alta gama de los antiguos concejales de Urbanismo. Todo para el pueblo.
Por otra parte, la libertad está sobrevalorada. Te la dan, te la dan, y luego no sabes qué hacer con ella. Todos esos países comunistas que muestran su cara más gris al mundo en los informativos, en realidad están llenos de colorido, de gente feliz, y de Volkswagen T2 como la mía repletas de colegas para toda la vida, vino caliente, y fotocopias de Bob Marley tocando el ukelele. Dicen los grandes triunfadores de las últimas elecciones que quieren recuperar los espacios públicos para el pueblo, que la historia les ha elegido para devolver la democracia a España, en clara alusión al General Rajoy; que como es sabido tomó el poder en 2011 en un violento golpe de Estado mientras dormía la siesta, entrando después en el Congreso de los Diputados esgrimiendo amenazante un ejemplar enrollado de un diario deportivo.
Los nuevos reyes republicanos de España, resultantes de las urnas del 24M, también quieren dar a todos acceso a agua, luz, y vivienda digna. Música celestial para mis oídos. Nunca antes en la historia había escuchado tan honradas promesas. Supongo que lo de recuperar la libertad para la calle, y dotarnos a todos de un sueldo, una sanidad pública decente, y una vivienda, lo dicen contemplando la eficacia del modelo venezolano. O el cubano. Es razonable que si existen casos de éxito en La Habana y Caracas, los comunistas españoles de nuevo cuño se fijen en ellos para edificar su futuro lleno de amor, sueños, flores, y dinero para todos.
En síntesis, la gran virtud de la redistribución de la riqueza que propone ahora la izquierda española es que por fin a los ricos les van a quitar todo lo que tienen para dárselo al pueblo. El único contratiempo es que me cuentan que, para los gobernantes comunistas, todos somos ricos menos ellos, que son el pueblo. Así que no sé cómo quedará, después de todo, el asunto de lo de las novias de los futbolistas, que es lo que verdaderamente preocupa a los españoles. Eso y lo de la redistribución de la cerveza. Entretanto, se rumorea en los bares de Madrid otro golpe de Estado de Rajoy. Esta vez lo va a hacer directamente desde cama y por WhatsApp. Ya lo estoy viendo. “Mariano ha abandonado el grupo Democracia”.
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