domingo 5  de  abril 2026
OPINIÓN

La castración del castrismo

Un análisis preciso para contar las cosas como son

Por Mookie Tenembaum

Washington perfeccionó una nueva doctrina geopolítica que se aleja del ruidoso y a menudo fallido intervencionismo de cambio de régimen para abrazar una estrategia más clínica y quirúrgica, y es la castración de los regímenes hostiles. Lejos de buscar el derrocamiento inmediato, que suele conllevar caos e incertidumbre, la política exterior estadounidense viró hacia la neutralización de la capacidad de daño de sus adversarios. Este proceso, que ya se consolidó en Venezuela y se encuentra en plena ejecución con Irán, tiene como próximos objetivos ineludibles a Nicaragua y, de manera crucial, a Cuba. La premisa es que no se trata de cortar la cabeza del gobierno, sino de extirpar sus órganos de proyección de poder, dejándolos estériles en la arena internacional.

El caso de Cuba presenta un matiz particular debido a la longevidad de su sistema de control interno. Estados Unidos reconoce que el aparato de seguridad del Estado y la policía secreta cubana mantienen un dominio férreo y eficaz sobre la disidencia doméstica, lo que hace improbable una implosión social espontánea a corto plazo. Ante esta realidad, la propuesta que se perfila desde el Norte no es la invasión ni la subversión armada, sino un ultimátum de supervivencia. La oferta tácita al régimen es permitirle su existencia formal y su control interno, siempre y cuando acepte una emasculación geopolítica total. La condición para que el régimen no perezca es desalinearse de los enemigos de Washington.

Esta supresión implica el desmantelamiento de todos los pilares que históricamente dieron relevancia a La Habana. La exigencia es el cese inmediato de la exportación de médicos y soldados, la eliminación de la "diplomacia de batas blancas" que servía de fuente de ingresos y propaganda, y, sobre todo, la renuncia absoluta a servir como plataforma o proxy para los intereses de China y Rusia en el hemisferio. En suma, el castrismo debe dejar de ser una herramienta de influencia foránea. Si Cuba acepta, sobrevive como un ente administrativo local; si se niega, se enfrenta a la inanición literal. El camino alternativo a esta neutralización es la paralización total de la isla, donde la falta de combustible detendrá tanto el transporte civil, como los camiones del Ejército y las patrullas, llevando al país a un estado de atrofia mecánica y colapso funcional.

La Habana manifestó su disposición a negociar y entiende que la era de la subvención ideológica terminó. Al cortarse los flujos de petróleo gratuito y los pagos por servicios profesionales en el extranjero, el régimen pierde la virilidad económica que lo sostenía. Lo que Estados Unidos busca con esta castración es que el gobierno cubano, privado de su capacidad de ser un actor global y reducido a la mera gestión de su miseria, entre en una fase de obsolescencia irreversible. Al privarlo de su propósito revolucionario internacional y de sus alianzas estratégicas, se espera que el sistema, ya estéril e impotente, termine por colapsar bajo su propio peso, no por un golpe externo, sino por la simple inviabilidad de su nueva condición de impotencia.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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