WASHINGTON.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planteó recientemente que Venezuela debe atravesar primero un proceso de estabilización económica antes de avanzar hacia unas elecciones y señaló que este asunto será conversado con la gobernante encargada, Delcy Rodríguez.
Analista destaca estrategia de Trump para encaminar la transición en Venezuela
La analista política Gaby Perozo considera que la recuperación petrolera y el fortalecimiento económico son claves para garantizar condiciones de gobernabilidad durante una eventual transición en Venezuela
La posición del mandatario coloca la recuperación económica y, particularmente, la reactivación de la industria petrolera, en el centro de la etapa que antecedería a una eventual transición política. El objetivo, desde esta perspectiva, es que la reconstrucción económica genere las condiciones necesarias para que un futuro gobierno pueda asumir el poder y sostener la estabilidad del país.
En una entrevista exclusiva con DIARIO LAS AMÉRICAS, la analista política y presidenta de América Hispana, Gaby Perozo, abordó el alcance de la estrategia estadounidense, el papel que podrían desempeñar las empresas de ese país en la recuperación petrolera y las condiciones económicas e institucionales que, desde su perspectiva, deberían alcanzarse antes de unas elecciones.
El petróleo como punto de partida
“La recuperación del sector petrolero lo es todo para los venezolanos”.
La frase resume la visión de Perozo sobre el proceso que debería atravesar Venezuela. A su juicio, las enormes reservas del país, combinadas con la capacidad tecnológica, financiera y empresarial de Estados Unidos, representan una oportunidad para recuperar una industria que considera fundamental para reconstruir la economía.
Su proyección contempla que Venezuela pueda alcanzar entre seis y ocho millones de barriles diarios en aproximadamente cinco años. Para llegar a ese nivel, considera necesario establecer condiciones favorables para que las empresas estadounidenses participen en la explotación de una parte de las reservas venezolanas.
El planteamiento también está vinculado, en su lectura, con el discurso pronunciado por Trump ante Naciones Unidas. Perozo interpreta que el mandatario estadounidense está mirando el potencial de una asociación energética capaz de modificar el peso de Venezuela en el mercado internacional.
“Solamente Venezuela y Estados Unidos, que es el principal productor de petróleo del mundo, imagínate, con esa asociación podrían producir el 60% del consumo de petróleo en Europa y las Américas”, sostiene la especialista.
El impacto, desde su perspectiva, no se limitaría al petróleo. Una recuperación de esa magnitud permitiría generar ingresos para reconstruir otros sectores, atraer nuevas inversiones y recuperar servicios esenciales.
“Si lográramos alcanzar esa producción, es espectacular, porque además tenemos al mejor socio del mundo que también está dispuesto a tomar el riesgo y hacer esas inversiones”, expresó.
El escenario que describe es el de una Venezuela con una industria petrolera nuevamente capaz de financiar buena parte de su reconstrucción y con posibilidades de alcanzar niveles de estabilidad mucho mayores.
La economía como soporte de la transición
Perozo vincula directamente la recuperación petrolera con el futuro político del país.
“Del petróleo depende la transición política y electoral del país”, hizo hincapié en su análisis.
Desde su perspectiva, unas elecciones no deberían desarrollarse sobre una economía que mantenga los mismos desequilibrios que han afectado a Venezuela durante años. Antes de llegar a las urnas, identifica varios objetivos concretos: controlar la inflación, detener la devaluación del bolívar y recuperar el flujo de caja.
“Que se tenga ya un control al tema de la inflación, resolver el tema de la devaluación del bolívar, que haya flujo de caja”.
También incluye en esa lista al Banco Central de Venezuela y al sistema cambiario. Su propuesta pasa por desmontar los mecanismos que, según su análisis, generaron distorsiones económicas durante el período de aplicación de las políticas socialistas.
La recuperación, además, debería extenderse a sectores estratégicos. El sistema eléctrico ocupa un lugar especial en su planteamiento porque, sin una infraestructura energética funcional, considera imposible llevar la producción petrolera a su máximo nivel o mejorar de manera sostenida las condiciones de vida de la población.
“Lograr que lleguen definitivamente todas esas inversiones al sector eléctrico que son tan necesarias”.
Y resume la dimensión de ese desafío con una frase: “Sin esos cambios, ni el petróleo puede ser explotado a su mayor nivel ni los ciudadanos pueden tener una vida feliz”.
Un país más sólido
La lógica de Perozo coincide con su interpretación de la prioridad que Trump concede a la estabilización: una futura administración democrática necesitará recibir un país en condiciones que le permitan gobernar.
“En la medida en que el próximo presidente reciba un país más sólido, con una respuesta a los ciudadanos mucho más efectiva, que no arrastre 27 años de unos problemas económicos profundos, en esa misma medida ese nuevo presidente democrático va a poder consolidar su poder y poder hacer los cambios necesarios”.
La reconstrucción, sin embargo, no debería limitarse a la economía. Para Perozo, Venezuela también necesita recuperar sus instituciones.
“No solamente se trata de consolidar la estabilidad económica, sino también reinstitucionalizar el país”.
En esa tarea incluye al Tribunal Supremo de Justicia y al Consejo Nacional Electoral. La analista considera necesario que ambos organismos dejen de responder a los intereses del régimen chavista y puedan funcionar como instituciones capaces de aportar estabilidad al proceso de transición.
“Hay que lograr que el Tribunal Supremo de Justicia, que el Consejo Nacional Electoral no esté del lado de la dictadura, sino que estén en las manos correctas para que eso también se traduzca en estabilidad”.
Chevron y la cautela de ExxonMobil
La presencia de empresas estadounidenses constituye otro de los puntos centrales de su análisis.
Chevron ocupa un lugar diferente al de ExxonMobil, debido a que la primera mantuvo operaciones en Venezuela y ahora está incrementando sus inversiones.
“Chevron nunca se ha ido. Chevron ahora está invirtiendo más, no tanto como se soñarían los venezolanos, pero lo está haciendo”.
Con ExxonMobil, el panorama es más complejo. La compañía mantiene una posición cautelosa después de la experiencia sufrida durante el gobierno de Hugo Chávez, cuando sus activos fueron expropiados.
“ExxonMobil todavía está bastante cautelosa en el tema de las inversiones”, expresó.
Perozo recuerda que la empresa realizó importantes inversiones en Venezuela antes de perder sus activos y que posteriormente obtuvo decisiones favorables en arbitrajes internacionales.
“Les arrebataron de golpe todo y perdieron miles de millones de dólares, ganaron arbitrajes internacionales, pero no han podido recuperar ese dinero”.
Ese antecedente explica, en su opinión, la necesidad de que Washington impulse mecanismos capaces de ofrecer seguridad a las compañías estadounidenses que decidan regresar al país o ampliar sus operaciones.
La seguridad de las inversiones
La protección de esas inversiones lleva a Perozo a plantear un escenario de mayor participación estadounidense en materia de seguridad.
Dentro de su análisis aparece incluso la posibilidad de que el Pentágono tenga algún tipo de participación asociada a una empresa petrolera. Una fórmula de este tipo, considera, podría funcionar como una garantía adicional para las compañías.
“Al estar el Pentágono asociado a las empresas, también es una garantía de seguridad”, afirmó.
A partir de esa hipótesis, contempla una participación estadounidense más profunda en la vigilancia de las operaciones estratégicas venezolanas. Incluso menciona la posibilidad de presencia de oficiales o militares estadounidenses en el terreno o de instalaciones similares a las existentes en otras regiones donde Washington mantiene intereses estratégicos.
Ese escenario forma parte de la interpretación de Perozo y no corresponde a un anuncio oficial sobre una eventual presencia militar estadounidense en Venezuela.
El antecedente de las expropiaciones
La necesidad de garantizar las inversiones está relacionada con otro de los riesgos que la analista identifica: que un futuro cambio de gobierno vuelva a modificar las reglas del sector petrolero.
Para ilustrarlo, plantea un escenario hipotético de alternancia política en Venezuela. Una administración democrática podría llegar al poder y posteriormente ser reemplazada por un gobierno de orientación socialista dispuesto a revertir los acuerdos alcanzados.
“Podría ganar María Corina Machado, ejercer la presidencia, ser reelecta, y después, de un solo golpe, entrar nuevamente a alguien socialista para que pueda hacer las mismas expropiaciones que ocurrieron en la época de Hugo Chávez”.
De allí deriva la importancia que atribuye a los acuerdos de largo plazo entre Venezuela y Estados Unidos. En su opinión, la presencia de grandes compañías estadounidenses en sectores estratégicos podría generar compromisos económicos capaces de trascender los ciclos políticos.
¿Por qué Trump prioriza la economía?
Para Perozo, la decisión de la Administración Trump de colocar la estabilización económica entre sus prioridades tiene una doble explicación.
Por un lado, están los intereses de Estados Unidos. Si empresas estadounidenses participan en la explotación de las reservas venezolanas y el país se convierte nuevamente en un proveedor importante de petróleo, Washington tendría intereses económicos directos en la permanencia de esos acuerdos.
“Si hay muchos compromisos en donde Estados Unidos tiene parte de esas reservas y empresas americanas tienen un beneficio importante y el suministro de petróleo viene directamente de Venezuela y es beneficioso, ese presidente no lo desharía”.
En su análisis, esa lógica podría trascender incluso al actual gobierno estadounidense.
“Lo mismo sucede con los demócratas. Quisieran siempre deshacer todo lo que hace el presidente Donald Trump, pero si esos compromisos son tan beneficiosos, sería difícil volver a hacerlos”.
El segundo elemento está dentro de Venezuela. Una futura administración democrática podría encontrarse con una economía todavía deteriorada, apagones y una inflación elevada. Si esas condiciones permanecieran sin cambios, la presión social podría aparecer rápidamente.
“Una presidencia con la situación económica actual, con los mismos apagones, con la inflación disparada, en seis meses, en un año va a empezar a recibir presión social, manifestaciones, y eso también podría poner en riesgo la estabilidad del país”.
Estabilidad antes de las urnas
El planteamiento de Perozo termina situando la economía en el centro de la discusión sobre el futuro político venezolano.
Desde su perspectiva, una transición no puede limitarse a organizar elecciones. La futura administración deberá disponer de recursos para responder a las necesidades de la población, reconstruir servicios públicos, atraer inversiones y recuperar la infraestructura destruida o deteriorada durante años.
En ese escenario, el petróleo tendría un papel fundamental como fuente de ingresos y como mecanismo para atraer capital y tecnología.
Controlar la inflación, estabilizar el bolívar, recuperar el sistema eléctrico, fortalecer las instituciones y crear garantías para las inversiones forman parte, en su análisis, de un mismo proceso.
La apuesta que describe Perozo es que una Venezuela económicamente estabilizada y con instituciones funcionales pueda ofrecer mejores condiciones para una transición política sostenible y para que el gobierno surgido de unas futuras elecciones tenga capacidad real de responder a las expectativas de los venezolanos.
En esa ecuación, el petróleo vuelve a ocupar el centro. No solo como principal fuente de ingresos, sino como el motor que, en su visión, podría financiar la reconstrucción y ayudar a crear las condiciones para la Venezuela posterior al régimen chavista.
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FUENTE: Redacción Diario Las Américas
