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MEMORIAS

Ay, San Cristóbal o Aggayú Solá

De Aggayú Solá, orisha mayor, se dice que es el padre de Changó, el gigante de la Ocha

Por TANIA QUINTERO

La Habana ya no es ni la sombra de lo que fue. Tuve la suerte de conocerla cuando era tan cosmopolita como Buenos Aires o Nueva York.

Una ciudad donde la gente, aunque fuera pobre, se vestía bien, se sabía comportar, hablaba correctamente.

Durante los ocho años que fui periodista independiente en Cuba, muchas veces escribí sobre La Habana. Y cuando el 25 de marzo de 2007 tuve un blog, hoy desaparecido, desde Suiza publiqué decenas de posts sobre la ciudad donde nací el 10 de noviembre de 1942.

Duele verla y recordarla así, destruida. Pero hay que hacer de tripas corazón. Y darle gracias a San Cristóbal, Aggayú Solá en la religión yoruba: a pesar del abandono y la indolencia de las autoridades -y pese a los Castro, sus principales destructores- su santo y su orisha no han permitido su desaparición.

Habana unsplash

Imagen referencial.

Sucia y malolienta, llena de basura y desechos, de ruinas y viviendas apuntaladas, la Villa, fundada el 16 de noviembre de 1519 por Diego Velázquez, sigue ahí, soportando lluvias, vientos, penetraciones del mar y huracanes.

Según el libro Los Orishas en Cuba, de Natalia Bolívar, San Cristóbal, patrono de La Habana, era un gigante que ayudaba a los hombres a cruzar cierto río ancho y turbulento. En una ocasión ayudó a cruzar al mismo Niño Jesús, lo que determinó su conversión al cristianismo.

De Aggayú Solá, orisha mayor, se dice que es el padre de Changó, el gigante de la Ocha. Orisha de la tierra seca, deidad del desierto, patrón de los camioneros, estibadores, choferes y aviadores.

Las fuerzas terrenales que le pertenecen son símbolo de sus tremendas energías, como la potencia de los ríos que dividen los territorios; la lava que perfora la corteza terrestre; la de los terremotos que conmueven la tierra y la del impulso que la hace girar eternamente. Oroiña es su madre.

Aggayú Solá posee un temperamento belicoso y colérico. Su refugio es la palma, sobre todo cuando se encuentra en alguna situación difícil. Es amigo de cargar a los niños y ponerlos sobre sus hombros. Se le reconoce por sus pasos largos y por alzar mucho las piernas al andar.

Hoy más que nunca, La Habana necesita a su patrono: San Cristóbal o Aggayú Solá.

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