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ANÁLISIS

Colombia entra en la cuenta atrás para firmar la paz

Santos había afirmado hace algunas semanas que un acuerdo en el tema de la justicia transicional, que evita la impunidad en el proceso de paz, era el último gran escollo de las negociaciones y que después de un arreglo en ese punto la paz estaría cerca

BOGOTÁ.-DPA

Más allá de un saludo de protocolo, el apretón de manos entre el presidente Juan Manuel Santos y el jefe guerrillero Rodrigo Londoño es visto en Colombia como el inicio de la cuenta atrás para poner el punto final a cinco décadas de confrontación con las FARC, el grupo guerrillero más antiguo del hemisferio occidental.

Por su actitud previa, ni Santos ni alias "Timochenko" tenían planeado saludarse el miércoles en La Habana en el marco del anuncio de un nuevo acuerdo en el proceso de paz que desde noviembre de 2012 protagonizan allí el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Pero el gobernante cubano, Raúl Castro, los invitó a posar a su lado y "Timochenko" extendió la mano a Santos. Los fotógrafos dispararon sus cámaras y el instante histórico es reproducido ampliamente por la prensa de Colombia, un país que tiene la ilusión de cambiar su historia de guerra de los últimos 50 años.

Santos había afirmado hace algunas semanas que un acuerdo en el tema de la justicia transicional, que evita la impunidad en el proceso de paz, era el último gran escollo de las negociaciones y que después de un arreglo en ese punto la paz estaría cerca.

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Por eso la sensación que se aprecia en el país es que ahora sí el proceso de paz entró en un "punto sin retorno" y que efectivamente los cerca de 8.000 integrantes de las FARC dejarán la lucha armada tras la creación del grupo, en 1964.

Esa percepción se fortalece a raíz del plazo fijado por Santos y "Timochenko". Ambos acordaron que la firma del acuerdo final de paz se debe efectuar a más tardar el 23 de marzo de 2016 y que máximo dos meses después las FARC deben dejar las armas.

"Nos falta culminar los últimos puntos en los que la discusión está avanzando, pero la conclusión es una sola: la paz es posible y está más cerca que nunca", dijo Santos, quien por primera vez se encontró con el jefe de las FARC.

El más reciente encuentro de esas características ocurrió a mediados de 1998, cuando Andrés Pastrana, que había ganado las elecciones presidenciales pero aún no había asumido el cargo, se encontró en la selva con Pedro Antonio Marín, alias "Tirofijo", el fundador y entonces máximo jefe de las FARC.

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Pastrana inició un proceso de paz que después fracasó en el marco del cual cedió a las FARC el control militar de una extensa zona selvática. La negociación empezó en enero de 1999 y las diferencias no tardaron en surgir, pues "Tirofijo" no acudió al acto de inicio del diálogo.

Aunque el actual proceso de negociación ha pasado por fuertes crisis, las conversaciones se han mantenido, lo cual lleva a decir a observadores que la voluntad de paz de las partes es real.

El diálogo ni siquiera se rompió en noviembre de 2011, cuando en medio de las aproximaciones un bombardeo militar causó la muerte de Guillermo Sáenz, alias "Alfonso Cano", el jefe de las FARC a quien sustituyó "Timochenko".

El acuerdo sobre justicia transicional prevé la creación de una jurisdicción con salas de justicia y un tribunal especial para la paz para investigar y condenar a los guerrilleros con penas de entre cinco y ocho años.

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Las partes acordaron la imposibilidad de decretar amnistías a responsables de delitos de lesa humanidad, de genocidio y crímenes de guerra como la toma de rehenes, la tortura, el desplazamiento forzado, la desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales y la violencia sexual. El acuerdo es válido tanto para guerrilleros como para agentes estatales.

Según la senadora Claudia López, del partido Alianza Verde, el acuerdo deja tranquilos a quienes temían que el proceso de paz pudiese terminar en una total impunidad.

Algunos legisladores del oficialismo comentaron en los pasillos del Congreso que el acuerdo deja sin argumentos a la oposición de derecha radical encabezada por el ex presidente y ahora senador Álvaro Uribe, quien ha asegurado que la negociación es proclive a la impunidad.

La firma de un acuerdo no significaría la paz total de Colombia, pues en el país opera otro grupo guerrillero, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), y numerosas bandas criminales dedicadas al narcotráfico con una importante capacidad militar, pero sí se traduciría en una notable disminución de la violencia.

Tras los acuerdos sobre desarrollo agrario, la participación en política de los futuros desmovilizados, la lucha contra las drogas y la justicia transicional, ahora las partes se dedicarán a temas como la reparación a las víctimas y la implementación, verificación y refrendación de los acuerdos.

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