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EEUU

Cuba: Lo que muchos no han preguntado acerca de Alexander Alazo

Los amigos del hombre señalado de haberla emprendido a tiros contra el edificio de la embajada cubana en la capital estadounidense, no encuentran explicación a lo ocurrido
Por ILIANA LAVASTIDA

MIAMI.- Un hombre diagnosticado con esquizofrenia la emprendió a tiros contra la sede diplomática cubana en Washington la madrugada del jueves 30 de abril. La policía lo arrestó, el Servicio Secreto de EEUU abrió una investigación y le han interrogado, según documentos de la corte hechos públicos en reportes de prensa.

En la voz de altos funcionarios estadounidenses y hasta el propio Presidente, se ha negado algún tipo de vínculo de esta nación con el ataque donde no hubo heridos ni víctimas, incluso, el incidente ha sido censurado oficialmente.

Ninguna de las organizaciones del exilio cubano radicado en el sur de Florida ha identificado al hombre señalado de cometer el asalto como uno de sus integrantes; tampoco algunas de las organizaciones de la oposición interna de la isla. Sin embargo, La Habana, a pesar de la falta de pruebas o evidencias que respalden la hipótesis, optó por decir que se trata de un atentado terrorista contra su sede diplomática, alentado por las políticas de distanciamiento que la actual administración norteamericana ha dictado contra ese régimen.

El atacante

Con residencia oficial en Middletown, Pennsylvania, el cubano Alexander Alazo que ingresó en EEUU tras pedir asilo en 2007, había tenido una vida normal en su país, según lo describen amigos y personas cercanas que le trataron cotidianamente y se refieren a él como “un hombre pacífico, practicante de la fe cristiana, afable y de buenos principios”.

Muchos fueron los sorprendidos con la noticia, tanto que al trascender el nombre del señalado, DIARIO LAS AMÉRICAS obtuvo en exclusiva el testimonio de un pastor evangélico que salió en su defensa y explicó que debió haberse tratado de un momento de delirio de una persona con trastornos mentales.

La esposa de Alazo, identificada por amigos de la pareja como Mary Alazo, declinó al pedido de DIARIO LAS AMÉRICAS de ofrecer declaraciones que permitieran corroborar o desmentir detalles acerca del estado de salud mental de su esposo, con quien tiene dos hijos y contrajo matrimonio en 2011.

Pero reportes posteriores que reflejan textualmente lo que contienen los documentos judiciales resultado de los interrogatorios, dan cuenta de que la joven de 32 años dijo a los oficiales del Servicio Secreto que su esposo “creía que el gobierno cubano contrataría a un equipo organizado de asesinos para matarlo. Sentía que estaba constantemente perseguido y temía que varios hombres negros, de gran estatura y con tatuajes, vinieran a matarlo delante de su familia”.

Los record públicos que refieren el contenido del interrogatorio muestran que la esposa de Alazo admite que en marzo su esposo había sido diagnosticado en un hospital psiquiátrico, donde le prescribieron medicamentos y permaneció por seis días hasta ser dado de alta.

Las muestras de que Alazo venía padeciendo trastornos mentales preocupaba a sus amigos y hermanos de fe, de los cuales DIARIO LAS AMÉRICAS pudo contactar a varios, dos radicados en el sur de Florida, uno en Cuba y otro residente en Francia, quien le vio por última vez en abril de 2019 cuando Alazo le visitó.

Todos aseguran conocerlo desde hace muchos años, principalmente por estar agrupados en la misma congregación evangélica donde aprendían música, realizaban labores humanitarias, predicaban el evangelio y se refugiaban en una gran hermandad.

En La Habana, Florida y Francia, donde quiera que DIARIO LAS AMÉRICAS localizó a uno de sus conocidos, las muestras de consideración por el hombre que ahora Cuba señala como atacante terrorista no se hicieron esperar.

Lo que no cuentan los amigos ni hasta el momento alguien se ha cuestionado, es si los delirios de Alazo guardan relación con algún tipo de acoso del que puede haber sido objeto en su país, a partir del momento en que optó por emigrar.

Razones para pensarlo

Los años en los que en Cuba ser señalado como alguien que planeaba marcharse definitivamente del país convertían a cualquier persona en el peor de los parias, puede que hayan quedado atrás hace un tiempo, al menos desde el discurso oficial.

Pero todo el que ha experimentado la espera para concretar un proceso de salida de la isla, en caso de que lo haya hecho por vías convencionales, conoce del síndrome de la vigilancia y el escarnio público al que el considerado “desertor” queda expuesto.

Alazo no ha sido señalado con un historial de disidencia contra el gobierno cubano, pero en la isla, no hace falta un activismo político activo para que te conviertan en enemigo.

Por suerte para él y su familia, aunque en este momento este siendo procesado por un delito grave y el fallo de un juez federal haya dictado que premanezca tras las rejas hasta el día de la vista fijada para el 14 de mayo, la justicia de EEUU no lo encontrará culpable de cargos hasta tanto la fiscalía no logre probar que efectivamente fue el autor de los hechos y que sus intenciones de dañar habían sido calculadas o premeditadas en plenitid de facultades.

Mientras el país que lo vio nacer hace todo lo posible por fabricarle a Alazo un perfil de atacante terrorista, sus amigos insisten en que, “si averiguan bien, hay miles de personas que pueden hablar sobre él, porque hay miles que lo conocen.

“Todos los que lo conocemos sabemos que es una persona cristiana, de valores, un tipo honrado, trabajador, alegre, muy alegre, un tipo noble”.

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