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Comentario

El sector "privado" de Cuba

Este sistema no produce un verdadero emprendimiento, sino un comportamiento adaptativo dentro de un entorno distorsionado y restrictivo

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE

Resumen ejecutivo: El llamado “sector privado” de Cuba es ampliamente malinterpretado. En lugar de representar una transición genuina hacia una economía de mercado, refleja un mecanismo controlado mediante el cual el régimen se desprende de segmentos económicos que no puede gestionar, mientras mantiene un firme control sobre los sectores estratégicos. Este sistema no produce un verdadero emprendimiento, sino un comportamiento adaptativo dentro de un entorno distorsionado y restrictivo.

Por qué esto importa

Caracterizar erróneamente el modelo económico de Cuba puede inducir a error a responsables de políticas públicas, analistas y observadores, llevándolos a creer que se están produciendo reformas significativas. Comprender las limitaciones estructurales impuestas por el régimen es esencial para evaluar con precisión la trayectoria económica de Cuba y las perspectivas de un desarrollo real del mercado y del cambio político.

La mayoría de las discusiones expertas sobre Cuba giran en torno a una pregunta falsa: ¿tiene la isla un sector privado o no? Algunos dicen que sí, señalando a los pequeños negocios y el trabajo por cuenta propia. Otros dicen que no, argumentando que estas reformas son superficiales. Ambos grupos pasan por alto el punto esencial.

El problema no es la ausencia de un sector privado. Lo que se está llamando sector privado es, en esencia, nada de eso. En realidad, el sector privado de Cuba consiste en que el régimen se desprenda de aquellos segmentos de la economía que nunca pudo gestionar, mientras que las alturas dominantes de la economía permanecen bajo un estricto control gubernamental, lo que en Cuba, como en cualquier otra dictadura comunista, significa en manos de una pequeña élite.

Una etiqueta sin sustancia

Cuba permite bolsillos de actividad nominalmente “privada”: restaurantes, alquileres, transporte y pequeños servicios. Pero estos existen completamente a discreción del Estado. Las licencias pueden ser revocadas, los insumos están restringidos, los precios están distorsionados y la expansión está estrictamente limitada.

Esto no es empresa privada. Es una actividad tolerada bajo libertad condicional permanente, y lo más irónico es que aquellos que siempre fueron vocales sobre la necesidad de la propiedad privada se encuentran excluidos de estas aperturas tan tibias, mientras que aquellos que defendían el sistema estatal ahora pueden pasar a un modo capitalista.

Llamar a esta farsa un sector privado es confundir permiso con propiedad, y supervivencia con autonomía. O peor aún: es convertirse en defensor del régimen cubano.

Depredación en lugar de producción

En una economía de mercado funcional, los actores privados crean valor: producen, innovan y compiten. En Cuba, los incentivos operan en la dirección opuesta. Y este es el factor clave:

El sistema está tan distorsionado por la escasez, los controles y los cuellos de botella burocráticos que la estrategia más racional no es construir, sino explotar las brechas.

Las ganancias provienen de:

Esto no es emprendimiento. Es carroñeo económico. Lo que pasa por “habilidad empresarial” suele ser simplemente fluidez en un sistema roto. Es supervivencia económica oportunista.

Acceso político en lugar de éxito económico.

Incluso esta economía de supervivencia no es abierta. La entrada y el éxito dependen menos de la habilidad que del acceso: acceso a permisos, a suministros, a protección. Estos privilegios, una vez más, se otorgan a quienes eran, al menos externamente, los opositores más firmes del capitalismo hace apenas unos años. Otra ironía.

Y el acceso, en Cuba, es político.

Quienes prosperan rara vez son actores independientes. Son individuos con cierto grado de proximidad al poder: lazos familiares, conexiones burocráticas o, como mínimo, relaciones informales que aseguran que se les permita operar sin interferencias. El resultado no es un mercado competitivo, sino un ecosistema curado de operadores tolerados, personas que se benefician de las fallas del sistema sin amenazar nunca su estructura.

Sin derechos, sin mercados, sin futuro

Al eliminar la retórica, los fundamentos están ausentes:

Sin esto, no existe base para que surja un verdadero sector privado. Solo hay extracción a corto plazo. Un espejismo de corta duración en la mayoría de los casos. ¿Por qué invertir si el Estado puede quitarlo todo? ¿Por qué expandirse si la visibilidad invita al control? ¿Por qué innovar si la supervivencia depende de mantenerse pequeño y conectado? El sistema no solo limita el emprendimiento; apuesta activamente en su contra.

El punto ciego analítico

Los expertos siguen buscando señales de transición: más licencias, más negocios, más “espacio” para la actividad privada. Pero esta es una lente cuantitativa aplicada a un problema cualitativo.

Se pueden multiplicar estas microempresas indefinidamente y aun así nunca producir un verdadero sector privado, porque la lógica subyacente permanece sin cambios.

Lo que existe no es la semilla del capitalismo. Es el residuo de la planificación central.

Llamarlo por su nombre

El llamado sector privado en Cuba no es una clase de productores independientes. Es una capa de oportunistas adaptativos que operan dentro de, y debido a, un sistema fallido. No representan transformación. Representan acomodación, estancamiento.

Hasta que las reglas cambien (hasta que la propiedad sea real, los mercados sean libres y la vida económica no dependa de la tolerancia política), este “sector privado” seguirá siendo una falacia, no un motor de crecimiento, sino un síntoma de decadencia. Un hueso arrojado por la arrogante Junta a unos pocos aspirantes a capitalistas mediocres.

Tres puntos clave

Andrés Alburquerque, miembro sénior, MSI²

Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos no partidista especializado en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com

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