MIAMI.- Donde un sistema fallido impone silencio, el destierro responde con la palabra y la fe. El padre Juan Lázaro Vélez consagra su camino a esa premisa. Lejos de su tierra, el religioso convierte su ministerio en un faro de esperanza constante, listo para guiar a una comunidad que sostiene intacto el clamor por la libertad.
Fe, memoria y libertad desde el corazón del exilio cubano
El sacerdote Juan Lázaro Vélez abraza el legado histórico de su patria para acompañar la esperanza de una transición democrática que devuelva la libertad a la isla
Este sacerdote cubano, forjado en el compromiso del Centro de Estudios Convivencia de Cuba, encarna la voz de una Iglesia que camina junto a su pueblo, incluso ante el inmenso mar de por medio. Son 90 millas de distancia que no logran silenciar su compromiso inquebrantable con el destino de la nación.
En ese contexto, abril trae consigo una fecha de peso incalculable para la comunidad cubana emigrada. Han transcurrido 65 años desde la expedición de la Brigada 2506 a Bahía de Cochinos. Este episodio marcó el inicio de la resistencia frontal contra el modelo totalitario de Fidel Castro.
Hoy, el padre Vélez observa la realidad de su tierra y reflexiona sobre el recorrido de la nación caribeña. Él no viste armaduras ni porta armas; su trinchera se ubica en la palabra y el rescate de la memoria.
En entrevista para DIARIO LAS AMÉRICAS, el religioso desentrañó las claves morales de un conflicto histórico que supera la política para adentrarse en la esencia humana, moral y cívica de Cuba.
Eco inagotable
La cronología de la oposición se escribe con episodios de enorme sacrificio. Desde los alzamientos campesinos en las montañas del Escambray, hasta el estallido civil del Maleconazo en los años 1990 y el 11J en 2021, los ciudadanos han buscado salidas para recuperar su democracia.
Sin embargo, Playa Girón en 1961 ocupa un peldaño particular en el ideario del exilio. Fue el embate cívico y militar por el rescate de su amado hogar nacional. El pueblo no olvida esto jamás.
El sacerdote analizó este hecho más allá de la derrota militar. Bajo su visión pastoral, el desembarco representó un paso significativo en la reivindicación de los derechos ciudadanos fundamentales.
"Desde el punto de vista de la memoria histórica, el símbolo de Bahía de Cochinos fue el inicio de ese anhelo de libertad que estaba fracturado ya desde el sistema comunista instaurado por los Castro", afirmó el clérigo, para quien ese sacrificio sentó las bases de un reclamo que perdura intacto a pesar de las décadas.
El sacerdote católico añadió: "También fue el empuje de ese deseo que hasta hoy sigue vigente y con ese mismo deseo de lucha por la dignidad y la libertad de cada cubano, tanto dentro como fuera de la isla".
La gesta de la Brigada 2506 dejó un saldo de 114 mártires y alrededor de 1.000 prisioneros, pero encendió una luz cívica perdurable.
En el presente, las nuevas generaciones toman las calles de La Habana y Santiago, entre otras localidades, enfrentan apagones que parecen eternos y confrontan a un sistema en declive. Ese anhelo inquebrantable por el cambio democrático aún late con firmeza en la isla.
Protagonismo y declive
La Cuba de estos primeros meses de 2026 es un escenario de tensión. A diferencia de levantamientos anteriores, las protestas actuales despuntan por toda la isla. Las consignas iniciales por electricidad han dado paso a demandas directas de cambio de régimen. El agotamiento físico se fusiona con la plena necesidad de derechos cívicos que son hoy ineludibles.
En esta crisis, la juventud asumió un rol de liderazgo innegable. El padre Vélez reconoce el cambio generacional. Los jóvenes no heredan los compromisos ideológicos del mal pasado. Ellos no perciben deuda alguna hacia un régimen que sigue prometiendo carencias y más represión.
El religioso retrata esta ruptura generacional con nitidez: "La juventud cubana actual, desde los manifestantes del 11 de julio de 2021 hasta adolescentes valerosos como Jonathan Muir, logró sacudirse el peso del adoctrinamiento. Ya no arrastran esas viejas ataduras ideológicas, sino que los impulsa una necesidad vital por conquistar la libertad y un destino digno para nuestro país”.
Esta fractura con el poder quiebra los mecanismos del temor y el ciudadano se rehúsa a la resignación perpetua. Ante esta crisis existencial, la postura del religioso es clara: "El cubano de a pie no quiere seguir sobreviviendo. El cubano de a pie, el cubano de bien quiere vivir".
Esta distinción entre la supervivencia dictada por el régimen y la vida plena encierra el núcleo del daño antropológico provocado por el totalitarismo sobre la mente y moral de la nación.
Renacer de la fe
Durante décadas, Fidel Castro persiguió a la Iglesia con extremo rigor. La fe constituía un foco de pensamiento autónomo incompatible con un estado totalizador que pretendía controlar la existencia. El padre Vélez aborda esta enemistad histórica de manera muy franca y aporta su valiosa perspectiva sobre aquellos oscuros tiempos.
"Fíjate qué contradictorio: Fidel Castro estudió en un colegio católico jesuita y se comportó totalmente diferente a las enseñanzas religiosas que le dieron allí, por cosas que en su cabeza malévola y enferma no comprendió del todo", relató.
A los ojos del sacerdote, la represión religiosa de entonces emanaba de confusiones profundas. El dictador manifestó en vida una aversión total a los valores de la fe, como lo recuerda el religioso en una frase que atribuyó a Castro: "A mí siempre me metían miedo con el diablo, y fue tanto así que le cogí terror a Dios". Para Vélez, esa fue la expresión de una "cabeza enferma y también diabólica".
Sin embardo, a pesar de las persecuciones la llama espiritual se mantuvo encendida. El parteaguas histórico tuvo lugar en enero de 1998, merced a la inédita visita del papa Juan Pablo II a la isla, según el sacerdote.
"Estoy completamente seguro de que ese fue el parteaguas. Después de ese resurgir del 1998, las iglesias católicas y otras denominaciones se llenaron de fieles que volvieron a tener esperanza en aquellas palabras de San Juan Pablo II: 'Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba'".
El mensaje audaz de "No tengan miedo", pronunciado por el recordado pontífice, germina ahora en las calles y plazas rebeldes.
Soberanía absoluta
La coyuntura suma un fuerte componente geopolítico. Estados Unidos aplica medidas para presionar por una salida democrática. Ante planes que surgen desde Washington, aparecen debates sobre modelos de anexión o integración. El padre Vélez se posiciona en las antípodas de esa idea colonialista.
"Yo me pongo del lado de que Cuba tiene que ser independiente", declaró el sacerdote con firmeza. "Yo soy de los que humildemente, creo, y soy optimista con esto, de que Cuba tiene que mantenerse como un estado libre, soberano, independiente. Que reciba ayuda, que reciba asesoramiento, que reciba todo lo bueno que pueda para ser un sistema democrático".
Su visión política hacia el mañana abraza sin dudas el pluralismo. Vélez augura un firme rechazo masivo y final al autoritarismo: "Creo que, en una democracia de verdad, que confluya el pluripartidismo y que las ideas que van a resurgir y a salir adelante serán las de la democracia, la libertad. Y yo creo que, proféticamente hablando, el Partido Comunista no va a tener chance en una Cuba libre porque ya lo hemos vivido 67 años y no se va a repetir".
reconstrucción
En opinión de religioso, “el régimen enfrenta actualmente un problema de conciencias, de voces que se levantan diario, y la dignidad de un pueblo que quiere el fin de ese régimen. El pueblo unido no cede, sino que es el despertar de un corazón que vibra, que desea, que anhela y espera la libertad y espera la dignidad".
El escenario de una Cuba libre plantea la inevitable pregunta del regreso. Para el padre Vélez, la respuesta transita por la sensatez de quien ha construido su hogar en la diáspora. Él descarta volver para instalarse de forma permanente en la isla, pues reconoce que el destierro forja nuevas realidades.
"Uno sale, hace una vida distinta y deja mucho atrás", confesó el prelado, aunque de inmediato trazó su verdadero propósito: "Pero sí iría tranquilamente; mi misión será servir como un puente para ayudar y aportar en libertad".
Esas palabras marcan el norte de su ministerio en este tiempo de cambio inminente. Y es por eso por lo que el religioso asegura estar listo para servir a la patria que nunca abandonó su corazón.
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