La sentencia a muerte del régimen comunista la dictó el pueblo cubano el pasado 11 de julio. Lo sabe la cúpula de Díaz-Canel y lo sabe el exilio. Los pasos que ambos lados están tomando son representativos de las expectativas que cada lado tiene sobre el futuro inmediato de Cuba.
La esperanza renace para los cubanos
El “nombrado a dedo” (Díaz-Canel) está recorriendo los centros de estudio, de deportes y de trabajo de la capital para decir (y lo cita el periódico Granma) que: “No hay espacio para el desánimo, hay que dialogar, escuchar y preguntar... Queremos conocer sobre sus dudas y darle solución a los problemas acumulados... y ser críticos con lo que no hemos logrado...” Sus palabras reflejan el temor, el desánimo y el derrotismo que reina en el régimen. Sabían que tenían una fuerte oposición y rechazo de parte del pueblo, pero no imaginaron que fuera tan gigantesco y generalizado.
Por su parte, el exilio está mostrando su optimismo y proyección de futuro con una conferencia magistral de grandes empresarios, patrocinada por la Asamblea de la Resistencia Cubana, donde anunciaron su compromiso con el pueblo cubano de ofrecer su talento, experiencias e inversiones tan pronto como se recuperen la libertad y la democracia en la isla.
Esos grandes empresarios se han comprometido a establecer un fondo para la reconstrucción de la República de Cuba que “asesore, apoye con créditos, financiamientos y sistemas contables a los cubanos que deseen convertirse en empresarios y así desarrollar, lo antes posible, miles de empresas pequeñas y medianas que sean propiedad de sus dueños individuales y familiares y no de un Estado opresor”.
El obstáculo para que Cuba inicie su despegue económico es el sistema comunista y el pueblo demostró que no quiere continuar con ese fracaso que lo ha hundido en la pobreza y la opresión. Sus reclamos durante las protestas no fueron por comida o medicinas sino por el fin del sistema comunista. Todos saben que ese es el problema. Pero el régimen se resiste al cambio y, una vez más, recurrió a la única herramienta que tiene para mantenerse en el poder, la represión.
Frente a esa violencia, la respuesta popular que está circulando en la isla es un Paro Nacional que paralizaría el país y obligaría a la cúpula dictatorial a renunciar. Los opositores demostraron que son mayoría y, con esa mayoría, la paralización de las actividades productivas y comerciales haría muy difícil que el régimen sobreviviera, especialmente bajo la situación que vive de enorme endeudamiento, sin créditos, sin ingresos y con una economía moribunda. El 11 de julio Cuba entró en una fase decisiva y el Paro Nacional podría ser un golpe final.
El pueblo sabe que bajo el régimen comunista jamás podrán mejorar sus vidas ni realizarse como empresarios privados, que el límite de “tolerancia” es una mera licencia que se la otorgan hoy, y mañana se la quitan a capricho de algún funcionario. También están convencidos que la empresa privada y la economía de mercado son las que producen prosperidad.
De ahí la importancia de ese compromiso de los empresarios de Miami con los cubanos en la isla. En ese compromiso están incluidos, prácticamente, todos los sectores importantes, desde las finanzas, la banca y los seguros, hasta las manufacturas, la construcción, los combustibles y la medicina, pasando por los bienes raíces y la prensa. Por supuesto que no estaban presentes todos los empresarios y empresas interesadas en dar su apoyo a los cubanos porque muchos empresarios estaban representados a través de sus cámaras de comercio donde están integrados. Allí estaban la Cámara de Comercio Latina (CAMACOL) y la Cámara de Comercio Hispana del Sur de la Florida.
Las personas y los pueblos se motivan a realizar los grandes sacrificios, aún a riesgo de su libertad y su vida, cuando tienen una meta que les significa felicidad, bienestar y seguridad para sus familias. Esas son las referencias que han movido siempre a la humanidad hacia las luchas sociales y políticas para alcanzar una vida mejor. Esas referencias están hoy en la mente y la esperanza de los millones de cubanos en la isla que ya saben que hay un mejor futuro esperando por ellos.
Y, qué bueno que todos esos exitosos hombres y mujeres de empresa tienen el buen corazón de no olvidar a los que en la isla, viven en la pobreza, la carencia y, peor aún, sin libertad. Ese es “amor al prójimo” de verdad.
Luis Zúñiga
Expreso político cubano y analista político
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