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COSTA RICA

Pueblo costarricense no ve los cambios prometidos por Solís

Tras la pérdida del control del parlamento en el poder legislativo, el Gobierno de Solís se ha quedado "solo", y ahora tendrá que luchar a brazo partido para cumplir su promesa de cambiar el país y desterrar sistemas viciados

SAN JOSÉ.- JOSUÉ BRAVO

Especial

El descontento de las mayorías en Costa Rica que no ven el cambio prometido en campaña ya se mide en cifras.  Los últimos sondeos de opinión reflejan el desplome de la imagen del mandatario Luis Guillermo Solís, quien el pasado 8 de mayo cumplió un año de haber llegado al poder con un enorme respaldo popular generado por sendas promesas de cambio.

Según la compañía encuestadora Cid Gallup, un 14% de los costarricenses calificó la labor del presidente como muy buena, un 41% dijo que no es ni buena ni mala y un 44% respondió que es muy mala; para así registrar el índice de aprobación más bajo en diez gobiernos.

Las opiniones favorables sobre Solís cayeron en un año de 87% a 45% y las negativas aumentaron de 5% a 45%. El 75% de los encuestados no ve ningún logro del Gobierno del Partido Acción Ciudadano, primerizo en el poder.

Solís sale mal parado comparando evaluaciones del primer año de gestión de otros presidentes. Un 41% dijo que la labor de la expresidenta, Laura Chinchilla (2010-2014)  era muy buena, un 59% calificó de la misma manera a Óscar Arias (2006 -2010) y un 46% evaluó parecido al expresidente de Abel Pacheco (2002 – 2006).

Además, un 22% de calificación muy buena obtuvieron los exmandatarios Miguel Ángel Rodríguez (1998-202) y José María Figueres (1994 -1998) en los primeros 365 días de administración.

Sondeos desfavorables

El estudio analiza las evaluaciones desde mayo de 1979, año en que como presidente Rodrigo Carazo obtuvo mayor beneplácito de los costarricenses, comparado con Solís, quien es el mandatario peor evaluado durante su primer año de gestión en los últimos 37 años.

El analista político Gustavo Araya dice que las cifras negativas para el mandatario y su Gobierno son como el desvanecimiento de una espuma que creció como tal. “Que las expectativas tan altas que se crearon en torno a lo que representaba un triunfo de Luis Guillermo Solís y el PAC (Partido Acción Ciudadana), inspiradas en una campaña que giró en torno al cambio y lo que representaba un cambio radical para el país, conforme han pasado los meses tal sensación de cambio los sectores mayoritarios del país no lo han percibido”, declaró el analista.

“Más bien en algunos aspectos han percibido que se mantienen las mismas prácticas del pasado, y por ende ese nivel de expectativas tan altas quizá fundamentadas en premisas falsas, están generando este efecto boomerang”, añadió.

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Solís ganó la presidencia en segunda ronda efectuada en abril de 2014. Su buen verbo, discurso de cambio de la política tradicional, mejoras en la economía y transparencia en la gestión pública. Este lenguaje le permitió obtener el 77,8% de los votos (1,3 millones de electores) con los cuales ganó en el balotaje.

Promesas de campaña

Otra encuesta, elaborada por el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica, dice que el 76,8% de los ciudadanos, un porcentaje muy similar a la votación obtenida por Solís en la segunda ronda electoral, no cree que el cambio esperado se esté dando en este momento y sólo un 41,6% piensa que las promesas de campaña se llegarán a cumplir en lo que falta de la administración.

"El cambio no es un acto, es un proceso y aún faltan tres años", justificó el presidente, sin embargo, reconoce que se han cometido errores en su gobierno y uno de ellos el mal manejo de la comunicación hacia los ciudadanos.

El analista político, Claudio Alpízar, ve tres grandes errores del Gobierno que han sembrado desconfianza en sectores empresariales, sociales y hasta partidarios; que desembocan en un panorama sombrío para la economía.

La falta de pericia política de un Gobierno nuevo e inexperto, la ausencia de un plan estratégico de país y un gabinete sin estructura que manifiesta una impresión de gestionar sus ministerios o entidades autónomas con más voluntad propia que mediante una estrategia de Gobierno.

A Solís no parece salirle nada bien. Mientras anunciaba la creación de no más de 500 empleos mediante una gira a Estados Unidos, esta semana; el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos reveló que el desempleo en el país alcanzó el 10,1% en el primer trimestre del año.

Eso significa que en ese periodo 12.000 personas perdieron su trabajo, agrandando a 232.000 el número de desempleados.

Escándalos de gestión

El último gran escándalo de su gestión fue el fiasco en el que resultó el Festival Internacional de las Artes (FIA), el principal evento cultural del país, que se desarrolló entre el 23 de abril y el 3 de mayo, y para el cual se cancelaron conciertos masivos, tuvo la mínima cantidad de presentaciones de artes escénicas, desorganización y problemas en la ejecución de casi 1,5 millones de dólares en el presupuesto.

Ante tal desastre, Solís “renunció” a la ministra de Cultura y Juventud, Elizabeth Fonseca, un informe sobre el fallido FIA con el interés de sentar responsabilidades políticas.

Previo al FIA, había renunciado por presiones políticas Melvin Jiménez, un obispo luterano convertido en ministro de la presidencia, su ficha de confianza y el más polémico de su gestión, quien por la falta de pericia política no unificó siempre su discurso con el del mandatario, no logró tender puentes con bancadas opositoras en el parlamento y no generó confianza a los empresarios.

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A inicios de abril fueron despedidos la ministra de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (Micitt), Gisella Kopper, y el viceministro Allan Ruiz, por fallas en la supervisión al elaborar un polémico proyecto de ley de radio y televisión que entre sus aspectos incómodos le otorgaba al ejecutivo la posibilidad de sancionar contenidos divulgados en medios de comunicación, en detrimento de la libertad de expresión y el régimen abierto de opinión pública existente en el país.

En el primer año de gestión de Solís, cerca de treinta funcionarios de su gobierno, entre ministros, asesores, directores de entidades autónomas y embajadores han dejado sus puestos, entre renuncias y destituciones.

Desencanto costarricense

Costa Rica, el país culto que se decantó en las urnas por aquel candidato elocuente de sonrisa fácil que logró recoger el descontento ciudadano hacia los gobernantes de turno, desde el inicio de su gestión se desgrana en críticas hacia un Gobierno lleno de contradicciones, tildado por sus detractores de improvisar, dar marcha atrás en decisiones iniciales y hasta de ser populista.

“Me han dicho populista e inexperto. ¿Por qué no nos dan chance de gobernar?”, dijo Solís antes de cumplir el primer mes de Gobierno. “He pasado de ser un peligrosísimo comunista, a un defensor a muerte del neoliberalismo y la burguesía costarricense, entonces uno se mueve en esos golpes de percepción que sectores interesados promueven, pero acá vamos caminando”, declaró en una reciente entrevista al Diario Extra.

Los traspiés del Gobierno ya no tan nuevos son muchos. “Contrario a lo que algunos agoreros suelen anunciarnos, el país avanza resueltamente en la ruta del cambio: lo que jamás podría entenderse como una marcha exenta de sobresaltos y de eventuales tropiezos”, dijo el mandatario en un discurso el 1 de mayo.

El politólogo de la Universidad Nacional, Carlos Carranza, dice que los esfuerzos del gobierno de Luis Guillermo Solís se han visto limitados por la falta de espacios políticos adecuados que no han llegado a grupos sociales. Además existe una contradicción entre propuestas de campaña y lo que se gesta y no se observa una articulación adecuada y oportuna en diferentes áreas.

Pero Carranza sí le atribuye logros en seguridad pública: ha continuado la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia, que genera confianza en la ciudadanía.

Asimismo, la Cancillería tiene una política exterior bastante definida, como continuidad de esfuerzos de gobiernos anteriores para insertar a Costa Rica a grandes actores de la economía mundial y la defensa de litigios con Nicaragua en la Corte Internacional de Justicia.

Otro punto a su favor es el plan nacional de desarrollo que plantea seis metas nacionales para alcanzar tres grandes objetivos: un mayor crecimiento económico con más y mejores empleos; reducir la pobreza y disminuir la desigualdad; lucha contra la corrupción y fortalecer un Estado transparente.

Balance y nuevas promesas

Luis Guillermo Solís mencionó el primero de mayo, entre sus logros en este primer año de mandato, el “mejoramiento del clima para hacer negocios en Costa Rica”; el respaldo a “campesinos, pequeñas empresas, jóvenes y mujeres emprendedoras”; el combate a la pobreza; la atracción de 39 proyectos de inversión para generar 10.000 empleos y la lucha contra la evasión fiscal, entre otros.

“La defensa de nuestro territorio y del patrimonio natural de los litigios contra Nicaragua”, también lo mencionó como parte de sus logros. Agregó la estabilidad en la tarifa eléctrica; el aumento de proyectos gubernamentales de infraestructura y la lucha contra el crimen organizado.

Entre sus retos se planteó mejorar el sistema de Seguridad Social y disminuir la pobreza y desigualdad.

A juzgar por lo pasado, en el segundo año Solís la tendrá aún más difícil. Perdió el control del directorio del parlamento, que significa una férrea oposición a una reforma fiscal para aumentar los impuestos, tan necesaria para el país.

El analista Araya no ve que en los tres años que restan de Gobierno Solís y su gabinete puedan satisfacer las opiniones ciudadanas. “Es una especie de espada de Damocles, es decir, se crearon expectativas muy altas que en un año no se han podido satisfacer. Difícilmente se podrán satisfacer en lo que resta del periodo de gobierno y entonces la ciudadanía castiga con mayor severidad, castiga con mayor dureza, eso que sienten es una especie de desilusión”, acotó.

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