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Represión vs. oposición y ciudadanía
En 1930 Isaac Steinberg, quien fuera el primer comisario de la revolución leninista, desde su exilio escribió un testimonio llamado “Recuerdos de un comisario del pueblo”. En este texto describe magistralmente cómo funciona la máquina del terror puesta en marcha en la llamada Revolución de Octubre y replicada por todos los regímenes comunistas, incluido el cubano.
Steinberg afirmaba: “El terror no es un acto único, aislado, accidental, aunque susceptible de repetición, de furor gubernamental. El terror es un sistema de violencia que viene de arriba, que se manifiesta o está a punto de manifestarse. El terror es un plan legal de intimidación masiva, de presión, de destrucción, dirigido por el poder. Es el inventario preciso, elaborado y cuidadosamente ponderado de penas, castigos y amenazas por medio de los que el gobierno intimida, de los que usa y abusa con el fin de obligar al pueblo a seguir su voluntad”.
A pesar del terror, la oposición pacífica es un fenómeno que se da en Cuba desde el mismo principio de la revolución. Podríamos decir que el primer gran disidente fue el comandante Huber Matos condenado a 20 años de cárcel por renunciar a lo que él consideró una desviación del proyecto revolucionario.
En los años 90, tras la desaparición de la URSS, el movimiento opositor se fortaleció; sus principales figuras fueron Gustavo Arcos Berne, líder del Comité Cubano Pro Derechos Humanos y Oswaldo Payá quien, al frente de Movimiento Cristiano Liberación, lanzó el esperanzador Proyecto Varela para intentar cambiar “algunas leyes desde la ley”. Una iniciativa que vinculó a 25.000 cubanos y sirvió para demostrar la arbitrariedad del sistema legal de la isla.
La expansión de las organizaciones disidentes tuvo una respuesta brutal por parte del gobierno, desató una ola represiva conocida como Primavera Negra de 2003. En abril de ese año fueron apresados y condenados a largas penas de cárcel 75 líderes opositores.
Pero ninguna represión ha sido suficiente para borrar el activismo político de la geografía cubana. Cada embestida del gobierno encuentra su respuesta en forma de nuevas organizaciones y líderes contestatarios de la talla de Guillermo Fariñas, las Damas de Blanco, la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) que encabeza José Daniel Ferrer, el emblemático Jorge Luis García Pérez “Antúnez” y Yoani Sánchez con el periódico “14 y Medio” por solo citar a unos pocos.
Sesenta años después de instaurado el régimen comunista en Cuba nos seguimos preguntando por qué la oposición no logra influir más en el pueblo. No sería descabellado desarrollar este análisis a partir de los efectos que ocasiona el terror de estado y orbitando alrededor de esa idea, pero nos pareció más oportuno dar voz a algunos de los verdaderos protagonistas para que lo expliquen a través de su experiencia.
Para Manuel Cuesta Morúa, historiador y connotado opositor, líder de Arco Progresista e impulsor de la iniciativa Otro 18 , las razones por las que no se logra mayor influencia son múltiples: “la primera es que tradicionalmente la oposición se ha lanzado al cambio político con propuestas muy heroicas, más que propuestas ciudadanas. Y la heroicidad está al alcance de muy pocos, nunca ha sido un baluarte de las mayorías. Tradicionalmente han faltado iniciativas diseñadas a la altura de los ciudadanos, vistos estos como una mayoría”.
“La segunda razón - continúa Morúa - es que las propuestas del cambio han sido algo abstractas, alejadas de las inquietudes básicas de la gente. O, dicho de otra manera, las propuestas abstractas no han tenido una buena conexión con las propuestas concretas de la gente.
Se le está planteando a la ciudadanía movilizarse por el legítimo derecho a la propiedad, para que todo el mundo pueda hacer uso de ese derecho fundamental. Lo que falta es saber atrapar la atención del ciudadano y convencerle de que su vida cotidiana, su mesa, el bienestar de su familia, lo que pueda lograr en riqueza, dependen de que defienda determinados derechos, como el mencionado derecho de propiedad. Hay que establecer el vínculo entre la necesidad básica y el derecho fundamental”.
“La tercera razón es que el gobierno ha desplegado toda su maquinaria para mantener a la gente de espalda a las propuestas alternativas. En Cuba el control es celular. En cada cuadra, a partir de la red de Comités de Defensa de la Revolución (CDR), el estado pone una barrera, un cortafuego que genera incomunicación entre las visiones alternativas, la sociedad y los ciudadanos de las distintas comunidades”, concluyó Morúa.
Por su parte, Eliecer Ávila, joven opositor, licenciado en informática y abanderado de la plataforma Somos Más, cree que “el enfoque correcto sería por qué la gente no participa junto a la oposición ya que existe conexión a nivel ideológico, a nivel de pensamiento, entre la oposición y la ciudadanía que no podemos medir. Ahora mismo la disidencia en Cuba es como la carne de res, está prohibida, pero no quiere decir que a la gente no le guste la carne.
En Cuba, en las cocinas muy privadamente, se consume bistec y de esa misma forma la gente conversa, lee, escucha y comparte ideológicamente con Eliecer Ávila y con todos los demás representantes de la oposición”.
Para el joven informático, la realidad es que “carecemos de una herramienta eficiente para que esa conexión se transforme en participación, en número de miembros. Pero yo no afirmaría que la oposición está desconectada de la gente. En mi caso particular, a menudo encuentro padres que se hacen fotos conmigo para enviárselas a sus hijos porque, según dicen, sienten admiración por lo que hacemos. Esas personas no cuentan en nuestros proyectos ni sus nombres están recogidos en ningún récord. Cuántos casos así habrá en toda Cuba”, se pregunta.
“Ese mismo respeto lo percibo en las calles, donde mucha gente me intercepta para decirme algo y compartir sus problemas cotidianos. La realidad es que la gente conoce el movimiento Somos Más y nuestras propuestas”.
“Si pudiéramos legalmente medir fuerzas en Cuba, yo estoy bastante convencido de que al menos algunas personas en la oposición, las menos estigmatizadas por el gobierno, las que hablamos dejando a un lado la pasión, el despecho y el dolor, las que tratamos los asuntos acuciantes de forma más profesional, más académica y objetiva, podríamos ser dignos rivales de los representantes del régimen”.
“Yo sí creo que nuestro discurso ha calado en buena parte de la familia cubana y no hemos logrado más porque estamos prohibidos. Ser ilegales tiene un gran impacto en nuestra labor como opositores porque nadie quiere ser un delincuente. En Cuba hacer oposición es delinquir, está penado por la ley. Y quienes se atreven, se quedan sin trabajo o sin universidad, se quedan sin nada”.
“La realidad no es que no estemos conectados con los ciudadanos, con la gente. Lo que sucede es que en esa conexión hay impuesto un aparato encargado de cortarla todo el tiempo, con la ley en la mano”.
“Cuando existe una prohibición es difícil leer lo que sucede en la mentes de las personas, por ello no es correcto afirmar que estamos desconectados. Un dato medible es que cuando cuelgo videos en vivo en internet, que tienen del orden de las 100.000 visualizaciones, el 18% de las IP es .CU, se originan en instituciones y universidades dentro de Cuba”, concluyó Ávila.
Por su parte, el licenciado en física y líder opositor Antonio Rodiles, fundador de Estado de Sats e impulsor del Foro por las Libertades coincide: “la oposición no tiene todo el impacto que debería precisamente porque el régimen totalitario no lo permite. No es porque el discurso, las ideas, la proyección de la oposición no estén ancladas a la realidad. Lo que pasa es que no existen los mecanismos oficiales y legales de comunicación entre la oposición y el pueblo. Ese hecho es fundamental”.
“El régimen se ocupa de crear distancia entre la oposición y el pueblo. Los actos de repudio y la represión son la parte visible de los mecanismos utilizados por el régimen con el doble objetivo de aplastar a la oposición y lanzar una señal de escarmiento al resto de la ciudadanía”.
“Yo pienso que el discurso que maneja la oposición se origina en el pueblo. No es algo traído de otro lugar, son ideas enraizadas en la propia ciudadanía”.
“Por eso creo que es falso el argumento de que la disidencia no es vista como motor del cambio. Y de alguna forma quien lo sostiene repite el mensaje de que el régimen ha estado tratando de promover durante mucho tiempo”, puntualizó.
“El régimen ha utilizado siempre muy bien la herramienta del terror. En los primeros años fueron los fusilamientos y las largas penas de cárcel y actualmente, al tener mayor control, no necesita llegar a esos extremos, con golpizas y arrestos arbitrarios consiguen mantener alejada a esa parte del pueblo que ha despertado del resto.”
Rodiles muestra su disconformidad con la imagen que se quiere dar de la oposición de ser “un pequeño grupo desconectado del pueblo y resguardado bajo una campana de cristal. Esa es una mentira repetida por el gobierno y por personas que en algunos casos lo hacen de forma inconsciente y en otros de manera malintencionada”.
“A veces logramos estrategias de mayor o menor impacto, es cierto. A veces existen estrategias que pueden ser erróneas, es cierto también. Pero, con aciertos y errores, la oposición con su accionar está reflejando al pueblo cubano y aquí incluyo a ese gran porcentaje que vive en el exilio”.
“Mirar a la oposición es contemplar el despertar del pueblo oprimido, tratando de sacudirse del régimen que, en las últimas seis décadas, ha sumido en el mayor de los desastres a toda la nación”, sentenció.
A la pregunta de si no es tiempo de vertebrar un liderazgo común entre los diferentes grupos o crear iniciativas para que trabajen bajo una misma plataforma Morúa contestó, “desde la MUAD estamos tratando de crear una especie de diálogos informales con otros sectores de la oposición buscando que haya una zona de trabajo y de confort independientemente de las distintas visiones de cada organización. De modo que podamos hacerlos coincidir en puntos claves. Desde luego, es algo pendiente”.
Rodiles opina que un solo liderazgo no es recomendable, incluso ve imposible que pueda llegar a existir, “de entrada el gobierno crea grupos cuya única función es generar división. Sería ingenuo aspirar a una gran unión. Lo interesante sería crear alianzas y en ello estamos trabajando desde el Foro por los Derechos y Libertades. Hace unos días se firmó un documento que es una declaración de principios de la oposición interna que en breve se hará pública”.
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