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MIAMI. - Venezuela era un país soñado antes de que se implantara la dictadura chavista. El flujo de migrantes que hoy escapan por la crisis más aguda en la historia de esa nación sudamericana, propiciada por el usurpador Nicolás Maduro, se contrapone a la condición receptora que tuvo ese país en el pasado reciente cuando abría sus puertas a nacionales de otras latitudes.

No hay cifras precisas, pero se estima que entre los años 80 y 90 alrededor de cinco millones de colombianos llegaron a territorio venezolano atraídos por el ‘boom’ del petróleo. En la Costa Caribe colombiana, por ejemplo, algunas publicaciones de la época reseñan que el bolívar llegó a tener un costo de 1 por 15 pesos de Colombia. Por tanto, migrar a Venezuela en esos tiempos era “muy rentable”.

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Jorge Pardo es uno de esos tantos colombianos que hace 39 años decidió marcharse a Venezuela, en busca de un mejor porvenir. Heredado de su madre, este hombre de 68 años es un reconocido restaurador de obras de arte que se ganó la admiración y el prestigio de un país que lo acogió como a uno más de los suyos, en una Caracas que dista de ser lo que era hasta que se instauró en el poder un sistema que derivó en régimen totalitario.

Pero hoy este renovador de reliquias que ha dejado su impronta en sitios emblemáticos de la capital venezolana como el Círculo Militar, Fuerte Tiuna, el Panteón Nacional y el sarcófago del Libertador Simón Bolívar, también es otra de las víctimas de lo sucedido en Venezuela. “No tenía más opción” —dice—, sino venir a Miami por “la ola de inseguridad que nos golpea” y para “esperar a que finalmente caiga Nicolás Maduro”.

Pardo cuenta que haber sido asaltado “tres veces” en su negocio es “la gota que llenó el vaso” y aunque entre sus planes no está quedarse —asegura—, “todo depende de cuándo saldremos de ese Gobierno corrupto y usurpador que no se quiere ir de Miraflores”.

Inicios y éxito

Sus inicios se remontan a Barranquilla, ciudad del Caribe colombiano muy conocida por su carnaval, en donde adquirió las bases del oficio en un taller familiar. Más tarde realizó estudios avanzados en la Escuela de Bellas Artes y el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA). “Esto realmente es un legado de mi madre, quien era muy conocida por su taller Restauraciones Barranquilla, que todavía hoy está en servicio”, señaló.

Era muy joven, pero ya había acumulado tanta experiencia que un día cualquiera decidió abrirse camino solo en la vida. Llamó su atención —afirma— que Venezuela era un país “próspero y maravilloso”, de “gente muy dulce que te abría las puertas con un gran cariño, familiaridad, honestidad, transparencia y carisma”. Además, “Venezuela era tan segura que la gente dejaba puesta la llave en los carros y no se los robaban”, recalcó.

Después de perfeccionar su técnica durante tres años al lado de un maestro francés que identifica como Seimour Godefroy, y de un tiempo fugaz en Argentina con los mismos fines, la “suerte” estuvo de su lado y pronto pudo abrir su taller en el sector caraqueño de Las Mercedes. Corría el año 1983.

Al poco tiempo, Pardo comenzó a “brillar con luz propia”, según narra. “Ahí restaurábamos oleos, marcos de estilo, muebles antiguos: Rococó, vieneses; porcelana fina: Capo Di Monti, limousine; también esculturas finas en madera, bronce. Hacíamos tratamiento contra el parásito, el comején; restructuración de cualquier pieza deteriorada, imágenes religiosas, íconos”.

También —relata— “compraba obras de arte, las restauraba y las vendía, pero además me daban obras costosas en consignación. Sin embargo, el fuerte mío siempre ha sido la restauración, que fue lo que aprendí de mi madre”.

La fama por su talento fue trascendiendo a tal punto que realizó trabajos de restauración y mantenimiento de obras que forman parte del Patrimonio Cultural e Histórico de Venezuela durante los gobiernos de los expresidentes Rafael Caldera, Luis Herrera Campins, Jaime Lusinchi y Carlos Andrés Pérez.

Pardo recuerda con agrado las tareas de restauración de las 28 lámparas que adornan los techos del Círculo Militar, que datan de la época del general Marcos Pérez Jiménez, y las piezas de bronce, importadas de Europa, que se encuentran en los pasillos de este complejo. De igual forma, prestó sus servicios en Fuerte Tiuna, el Panteón Nacional y en la parte externa del sarcófago del Libertador Simón Bolívar.

“Nunca les hice trabajos a Chávez o a Maduro porque, primero, no me interesaba hacerlos, y segundo, porque ellos todo lo hacen a través de terceras personas o empresas, que son los que se lucran y se hacen millonarios en este régimen”, aseguró.

Salida de Venezuela

Desde sus primeros días en Venezuela hasta tiempos actuales, Pardo tiene claro que la llegada del chavismo a las estructuras de poder marcó “un antes y un después”. El crimen y la delincuencia —señala— son “el pan de cada día”.

De las tres veces que fue objeto del hampa en su negocio registrado como Restauraciones Arte Pardo, la anécdota que más recuerda involucra a un “amigo que era ejecutivo de seguros”, que lo estaba visitando para renovar su póliza y éste fue confundido por los delincuentes que pensaron que se trataba del propietario del lugar.

“Eso fue un viernes. A mi amigo le quitaron todas sus pertenencias incluyendo el maletín con las pólizas. A mí me arrancaron una cadena que me había regalado mi madre; también dinero. Pero los delincuentes se enfocaron más en las pertenencias de mi amigo porque estaba vestido de traje. Al rato nos informaron que habían asaltado tres negocios de la zona”, subrayó.

No obstante, Pardo asegura que siempre pensó “positivo” a la espera de un cambio en el país. Hasta un día que —dice— “me vi desesperado porque me sentía vulnerable. Se iba la luz, me quedaba sin internet. Me bañaba todos los días, pero tenía que recoger agua en un recipiente y bañarme con un vasito”.

La situación calamitosa del país y la pérdida de clientes también pesaron al momento de tomar una decisión. Pardo llegó a tener 18 empleados y solo le quedaron dos, de acuerdo con su testimonio. “Me vi obligado a cerrar el negocio, hablé con los empleados, ellos me entendieron y ahora estoy aquí en Estados Unidos sin saber qué hacer”, recalcó.

Por un momento la mirada de Pardo se torna triste. “Fidel Castro fue un expansionista que le hizo mucho daño a Venezuela”, asegura de forma tajante, y finalmente expresa en un tono desconsolado: “Me duele mucho porque entregué toda mi juventud al mejor país de América Latina y hoy por culpa de estos señores, todo se está acabando”.

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