LA HABANA -- En algún momento de la primavera de 2006, Damián, geólogo, aterrizó junto a un grupo de catorce especialistas cubanos en el aeropuerto de Montreal, Canadá. Alucinaron con el derroche de luces y tecnología de la terminal aérea.
Un aviso a la dictadura: los cubanos quieren cambio
Más de una decena de entrevistados coinciden en que el modelo político anclado en la isla es improcedente; exigen que se le ponga fin, así como que acabe la persecución por razones políticas
“El chequeo lo hacía una máquina. Y para moverse hasta el salón donde estaba el oficial de inmigración, después de coger un metro sin conductor, caminamos como dos kilómetros por un laberinto de pasillos limpios e iluminados. Aquello parecía otro planeta”, recuerda Damián.
El asombro sería aún mayor cuando en el microbús que lo conduciría al hotel “el cuello se nos partía mirando los rascacielos, las amplias avenidas y los enormes centros comerciales”. La comitiva cubana viajaba con pasaporte oficial. “Formábamos parte de un proyecto financiado por la Sherritt -empresa minera canadiense- para conocer las nuevas tecnologías en el procesamiento del níquel”.
“De ese grupo de catorce especialistas que estuvimos seis meses trabajando en una planta en la provincia de Alberta solo regresamos dos a Cuba”, rememora Damián, quien ya por esa fecha era militante del partido comunista. Al regreso a la Isla lo enviaron a Moa donde trabajó hasta el otoño de 2020. A la par fue ascendiendo en la complicada escalera de caracol de la organización partidista.
“Ocupé varios cargos en la planta niquelífera de Moa y por mi buen desempeño, luego de varios cursos de formación política en la escuela nacional del partido Ñico López, comencé a desempeñarme como cuadro (dirigente) profesional. Me desempeñé en varias provincias. Soy habanero, hace tres años regresé a La Habana, donde me designaron para trabajar en el municipio Diez de Octubre, el de mayor población en la capital”.
Comunista convencido
Damián es un comunista convencido que intenta ser un buen funcionario público. “Mis referentes políticos son Fidel y los viejos comunistas del PSP, que la mayoría eran gente decente y honesta. Por eso intentó mantener siempre un diálogo con la población. Ser transparente y buscar soluciones a los múltiples problemas del pueblo”.
Reconoce que su honradez le ha generado enemigos entre sus propios ‘camaradas del partido’ que “me ven como un bicho raro y un chivato por haber denunciado casos de corrupción y maltratos a la ciudadanía. Muchos obtienen el carnet del partido para lucrar y enriquecerse”. Esa conducta, considera, “ha frenado mi ascenso. Es pelear contra un molino de viento. Pero no desisto. Abrí un canal de WhatsApp para interactuar con personas que residen en diversas circunscripciones del municipio”.
Deseo infructuoso
“Intento canalizar y buscar soluciones a las quejas por los extensos apagones, escasez de agua y de medicamentos, entre otras muchas carencias que afectan a los cubanos. Predico con el ejemplo. Soy padre de dos hijos y sufro en carne propia la mala gestión en los servicios básicos. Se me echa a perder la poca comida en el refrigerador, mi hijo mayor está enfermo de dengue y son los miembros del canal de WhatsApp los que me han regalado medicamentos”, explica Damián.
¿Entonces por qué sigue creyendo en el socialismo marxista?, le pregunto. “Soy un lector empedernido. Crecí admirando a comunistas de la vieja escuela como Blas Roca, Juan Marinello, Lázaro Peña y en particular a Salvador García Agüero por su oratoria y a Jesús Menéndez. Mi abuelo fue operario en un central azucarero. Gracias a su negociación con el gobierno y empresarios norteamericanos pudo lograr que Estados Unidos aprobara el diferencial azucarero”.
Teoría inútil
“Después del triunfo de la revolución hubo comunistas anónimos que trabajamos a favor del pueblo sin nada a cambio. No es que el socialismo o el comunismo sean malos, son los hombres los que han pervertido esas teorías. El socialismo verde olivo ha violado una regla de oro: el respeto a las diferencias políticas. Ese absurdo dogmatismo ha provocado un divorcio con el pueblo. No puedes tachar de enemigo al que te critica. La mayoría de nuestros líderes políticos predican un socialismo que no existe, mientras viven como millonarios. El socialismo marxista fracasó en la URSS, en los países de Europa del Este y también en Cuba. El actual proceso es para sustituir a ese 'socialismo' por una oligarquía parecida a la de Rusia”.
Solo en la cruzada
El comunista cubano reconoce que está muy solo en “esta cruzada, pero hasta en el propio Estados Unidos, un ala dentro del partido demócrata apuesta por el socialismo”. Las personas que debaten con Damián en su chat piensan distinto. Daisy, profesora, agradece que “existan personas como él, que al menos acepten el diálogo con quienes pensamos distinto. Es un buen tipo, pero no puede resolver que terminen los apagones, recojan la basura o haya agua en el barrio. Porque el sistema está roto, no funciona. Pero el hombre es persistente y no se baja del barco. Al final, terminaremos convenciéndolo de que está apostando por el caballo equivocado”.
Dayron, músico, apunta que “ve brotes verdes en una parte de la población mejor instruida. La mayoría, por supuesto, no cree en el comunismo y mucho menos en el castrismo. Aunque no estoy de acuerdo, me resulta interesante el trabajo que hace Mariana Camejo, directora de La Joven Cuba, que apuesta por un socialismo democrático. Vi su entrevista al empresario cubanoamericano Carlos Saladrigas y creo que ese es el camino. Dentro de la oposición cubana hay intelectuales como Alina Bárbara Hernández y Manuel Cuesta Morúa que apuestan por la socialdemocracia. Y en la emigración existe un abanico de tendencias políticas. Eso es positivo. Pues estamos creando una cultura del debate que los cubanos no ejercíamos y es necesaria”.
País que aspiramos
Richel, estudiante de Derecho, cree que “los apagones y la falta de opciones recreativas para esa mayoría que vive al día y no recibe dólares, ha creado nichos y canales comunicacionales en las redes sociales muy interesantes como el C4artico, los reels de Ana Bensi y proyectos independientes que van surgiendo en los cuales se discute a camisa quitada el modelo de país que aspiramos”.
DLA hizo una encuesta con 23 personas, en edades comprendidas desde los 18 hasta los 86 años. Todos coincidieron en que el actual modelo es insostenible. “Ya la revolución cubana, como la conocimos, es historia antigua. En ese futuro que se nos viene encima se debe implementar un diálogo nacional entre los cubanos, vivan donde vivan, ponernos de acuerdo sobre la república que queremos y en referéndum aprobarlo”, propone Sergio, profesor de preuniversitario.
Los más jóvenes, de 18 a 35 años, apuestan por el capitalismo. Aunque hay matices. “El panorama actual en Cuba es muy complicado en el tema social. Alrededor del 90 por ciento de la población es pobre o vive en la extrema pobreza. En ese país inclusivo que pretendemos fundar, el respeto a las discrepancias debe primar. Vivir en una nación donde nunca más una persona irá presa por sus opiniones políticas. Con diversos partidos. Estoy a favor de que prohíban al partido comunista. Lo único que ha generado en el mundo es miseria, presos y muertos por disentir del sistema”, dice Melany, 23 años.
“Se debe hacer una depuración en las instituciones del Estado parecida a la de Polonia. Pero sin ajustes de cuentas con los miles de cubanos que apoyaron a Fidel Castro y no tienen sus manos manchadas de sangre. El capitalismo que vislumbro debe ser con un enfoque social, porque el 30 por ciento de la población es mayor de 60 años y son jubilados. Es importante crear riquezas para tener una asistencia social sostenible”.
“Me gusta mucho el modelo suizo de democracia directa, allí vive mi abuela y leo bastante al respecto. Pero no lo veo posible. Pienso que prevalecerá la cosmovisión empresarial y política de Estados Unidos, pues existe una amplia comunidad cubanoamericana en esa nación que ha tenido éxito en los negocios y ocupa cargos políticos a nivel estatal o federal. Del comunismo no quiero saber nada. Yo me considero martiana y nacionalista. Pase lo que pase, debemos conservar nuestra soberanía”, indica Melany.
Las personas en edades comprendidas entre 45 y 86 años apuestan por un modelo de nación donde se mantenga la salud pública universal y la educación gratis. “Sin adoctrinamiento político, desde luego. Creo que desde la primaria hasta el bachillerato la educación debe ser gratuita. Para los estudios universitarios podría haber varios modelos privados y públicos. Y aquellos que tengan talento y no tengan recursos financieros, el Estado les costearía sus estudios”, apunta Danay, estudiante de ciencias sociales.
Llama la atención que, en un contexto de feroz crisis económica y el estrés que ocasiona vivir al filo de la navaja, sin comida ni dinero y con apagones maratónicos, a pesar de la frustración y el pesimismo, mucha gente ya está pensando en un futuro que se vislumbra al doblar la esquina.
El comunista Damián reconoce que está en minoría: sigue creyendo en el socialismo con rostro humano. Pero un alto porcentaje de cubanos quiere vivir en una sociedad capitalista.
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