Por Edgar Cherubini Lecuna

ESPECIAL.-Sobre las incursiones del ejército venezolano, bombardeando campamentos de la “guerrilla” utilizando aviones Sukhoi y helicópteros rusos, diversos analistas coinciden en que se trata de un enfrentamiento entre carteles de la droga por el control de territorios, en el que uno de los bandos, para eliminar a la competencia, cuenta como aliado al ejército chavista y su poder de fuego.

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La narcoguerrilla que opera en Venezuela bajo la protección del régimen de Maduro y su cúpula militar, incluye a importantes líderes que decidieron reconstruir la guerrilla tras los duros golpes recibidos antes del llamado Acuerdo de Paz, trampa caza-bobos montada por Cuba como parte de esa estrategia, mientras los otros criminales mantienen una fachada política en el congreso, disfrutando de inmunidad.

Los grupos armados de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el ELN (Ejército de Liberación Nacional) pueden operar en Venezuela con total impunidad en una especie de gigantesca “franja de Gaza” que se extiende a lo largo de la frontera occidental de Venezuela, desde la geoestratégica Península de la Guajira hasta la frontera con Brasil, haciendo realidad el sueño de Chávez y Fidel: “Venezuela limita en el Oeste con las FARC y el ELN (Chávez dixit)”.

En esos estados colindantes con Colombia, las organizaciones paramilitares chavistas llamadas «milicias» y «colectivos», hombro a hombro con bandas criminales, incluyendo a las FARC y el ELN, en conjunto brindan soporte al régimen en esas localidades. Para mayor gravedad, el Gral. Padrino, ministro de la Defensa, ha desplegado en esa “franja” parte del avanzado sistema de misiles de defensa antiaérea: S-300, que los rusos instalaron en Venezuela.

Para Venezuela y los países de la región, especialmente Colombia, se ciernen escenarios de violencia imprevisibles. El más peligroso e inminente es el de la precipitación acelerada de Venezuela hacia un “Estado fallido”, al existir el riesgo, si es que ya no ha sucedido, de que los armamentos livianos y portátiles que poseen las FANB terminen en las manos de las organizaciones narcoterroristas aliadas con bandas hamponiles que hacen vida en el territorio venezolano amparadas por el régimen y que en alianza con la narco guerrilla se han distribuido el territorio nacional para proteger sus negocios criminales. Ya existen municipios, estados y regiones enteras, incluyendo a numerosos barrios de la capital, donde impera esta “Somalia tropical” en la que los grupos criminales dotados con armamento militar son la única autoridad, en perversa alianza con el chavismo.

Aparte de la injerencia de Cuba, China e Irán (Hezbollah, Quds), se añade la presencia desde 2018 de fuerzas militares rusas en una misión de “asistencia técnica”. Con frecuencia se observa la presencia de contingentes de Spetsnaz Alfa o fuerzas especiales rusas en Ciudad Guayana y otras zonas al sur del Orinoco. Provenientes de Siria con previa escala en Cuba antes de arribar al país, éstos tratan de mimetizarse vistiendo el uniforme del ejército venezolano. Desde 2004, Rusia ha dotado al régimen de una flota de aviones de caza Sukhoi, helicópteros de ataque, tanques de guerra, vehículos ligeros de combate para infantería, sistemas móviles misilísticos de corto, mediano y largo alcance, 100.000 fusiles de asalto Kalashnikov de última generación, 5.000 fusiles Dragunov de largo alcance (1 Km) para francotiradores, lanzacohetes portátiles antitanques y anti-helicópteros, entre otros armamentos de gran movilidad y poder de fuego. Pero más grave aún es que Venezuela, junto con Cuba, se ha convertido en aliado estratégico de Rusia en el continente. Desde 2008 y en dos oportunidades el país ha sido el teatro de maniobras aéreas y navales combinadas realizadas por ambos países, incluyendo la participación de bombarderos nucleares TU-160 que han ripostado en aeropuertos venezolanos. Esto ha venido sucediendo ante la mirada impasible de los gobiernos de América.

Para Venezuela y los países de la región se ciernen riesgos inminentes, al existir la posibilidad de verse involucrados en un conflicto geopolítico mundial, debido la intención de Rusia de incluir a Venezuela en sus planes militares a nivel internacional. A ninguno de los factores locales y foráneos antes mencionados les conviene el restablecimiento de la democracia en Venezuela. Por eso, se hace necesario transmitir a la opinión pública internacional que no es una dictadura militar como las que conoció Latinoamérica en el pasado, sino que se trata de una organización criminal transnacional que está usurpando el papel de gobierno con apoyo de militares y organizaciones narcoterroristas. Por otra parte, de haber una transición democrática, la nueva Internacional Comunista (Cuba-Foro de Sao Paulo-Grupo de Puebla) están dispuestas a impedirlo al reforzar la subversión en Venezuela y países vecinos, para eso la guerrilla colombiana se está rearmando, abasteciendo, reclutando cuadros para sus filas y preparándose para ese eventual conflicto. Con justificada razón, Luis Almagro se refiere al régimen de Maduro como una “dictadura usurpadora”, con una dinámica de management dictatorial muy cubano, mezclado con el crimen organizado”. El tiempo apremia y Venezuela se enrumba vertiginosamente a convertirse en la nueva Somalia del Caribe, poniendo en peligro la paz regional.

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