Dormir con una luz encendida, la pantalla del televisor de fondo o el resplandor de un teléfono móvil sobre la mesa de noche podría tener consecuencias más importantes de lo que se pensaba. Una investigación liderada por científicos de la Universidad de Tulane, en Estados Unidos, concluyó que la exposición a la luz durante la noche está asociada con cambios adversos en la estructura y función del corazón, lo que podría aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares graves.
Dormir en completa oscuridad protege el corazón, según estudio
Investigadores de la Universidad de Tulane destacaron que el estudio demuestra una asociación directa entre la luz nocturna y la salud del corazón
Los resultados, publicados en la revista especializada European Heart Journal, sugieren que mantener un entorno oscuro durante las horas de sueño no solo favorece el descanso, sino que también podría convertirse en una medida sencilla y efectiva para proteger la salud cardiovascular.
Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en el mundo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), provocan cerca de 19,8 millones de fallecimientos cada año. Aunque factores como la edad, la genética, la hipertensión o el tabaquismo son ampliamente reconocidos como determinantes del riesgo cardiovascular, los investigadores han comenzado a prestar atención a otros elementos ambientales que también pueden influir en la salud del corazón. Entre ellos destaca la exposición a la luz artificial nocturna.
Estudios previos ya habían encontrado vínculos entre la luz durante la noche y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, hasta ahora se sabía poco sobre los mecanismos que podrían explicar esa relación. Con el objetivo de comprender mejor cómo afecta la luz nocturna al corazón, los investigadores analizaron datos de miles de personas participantes en el Biobanco del Reino Unido.
La investigación incluyó inicialmente a más de 11.000 participantes que llevaron durante siete días un acelerómetro de muñeca equipado con un sensor capaz de medir la intensidad lumínica a la que estaban expuestos durante la noche. Algunos durmieron en condiciones de oscuridad casi total, mientras que otros estuvieron sometidos a distintos niveles de iluminación.
Los científicos prestaron especial atención a quienes estaban expuestos a más de 3 lux durante la noche. Aunque esta cifra puede parecer insignificante, equivale aproximadamente a la luz emitida por la pantalla de un teléfono móvil con bajo brillo o a la iluminación que entra desde un pasillo a través de una puerta entreabierta.
Tres años después de las mediciones iniciales, los participantes fueron sometidos a resonancias magnéticas cardiovasculares para evaluar posibles cambios en la estructura y el funcionamiento de sus corazones. Los resultados revelaron diferencias significativas entre quienes dormían en oscuridad y quienes estaban expuestos a mayores niveles de luz.
Según el estudio, las personas con una mayor exposición nocturna presentaron un aumento de la masa del ventrículo izquierdo, la principal cavidad encargada de bombear sangre al cuerpo. También registraron un mayor grosor de las paredes cardíacas, una señal asociada con el llamado remodelado cardíaco, proceso mediante el cual el corazón modifica su estructura en respuesta al estrés prolongado.
Los investigadores observaron además signos de deterioro funcional subclínico, es decir, alteraciones que todavía no producen síntomas evidentes pero que pueden representar una etapa temprana de la enfermedad cardiovascular. Entre ellas destacaron una menor capacidad de contracción y relajación del músculo cardíaco durante cada latido.
Además del ventrículo izquierdo, el estudio detectó cambios adversos en otras estructuras cardíacas. Se identificaron alteraciones en el ventrículo derecho y en la aurícula izquierda, incluyendo aumentos en sus volúmenes y una reducción en algunos indicadores de eficiencia funcional. Los autores señalaron que todos estos cambios seguían una relación dosis-respuesta, lo que significa que a mayor exposición a la luz nocturna, mayores eran las alteraciones observadas en el corazón.
El profesor Lu Qi, autor principal de la investigación y académico de la Universidad de Tulane, destacó que este es uno de los primeros estudios en demostrar una asociación directa entre la luz nocturna y la remodelación cardíaca. Según explicó, este fenómeno suele producirse como una respuesta adaptativa del organismo frente a situaciones de estrés crónico o lesiones cardíacas. Sin embargo, cuando se mantiene en el tiempo puede debilitar progresivamente el corazón y favorecer la aparición de insuficiencia cardíaca.
Otro hallazgo relevante fue el papel del sueño como posible mecanismo mediador. Los investigadores determinaron que una parte importante del efecto perjudicial de la luz nocturna sobre el corazón podría explicarse por la reducción de la duración del sueño. De acuerdo con los análisis estadísticos, entre el 24% y el 49% de las asociaciones observadas estuvieron mediadas por una menor cantidad de horas de descanso.
A largo plazo
Los resultados también mostraron consecuencias clínicas a largo plazo. Durante un seguimiento de entre ocho y diez años, las personas con mayor exposición a la luz nocturna presentaron un riesgo 29% superior de desarrollar insuficiencia cardíaca, un 15% más de probabilidades de sufrir fibrilación auricular, un 24% más de riesgo de infarto de miocardio y un 33% más de posibilidades de padecer un accidente cerebrovascular. Asimismo, registraron un riesgo 26% mayor de mortalidad por enfermedades cardiovasculares en comparación con quienes dormían en completa oscuridad.
Aunque se trata de un estudio observacional y no demuestra una relación directa de causa y efecto, sus resultados refuerzan la idea de que la contaminación lumínica puede convertirse en un factor de riesgo cardiovascular modificable. A diferencia de la edad o la predisposición genética, la exposición a la luz durante la noche es una condición que puede controlarse mediante cambios relativamente simples en los hábitos cotidianos.
Por esta razón, los investigadores recomiendan adoptar medidas para reducir la iluminación durante las horas de sueño. Acciones tan sencillas como apagar televisores y pantallas, mantener los teléfonos alejados de la cama, cerrar completamente las cortinas o utilizar antifaces para dormir podrían ayudar a preservar un ambiente oscuro y favorecer tanto la calidad del descanso como la salud del corazón.
Los autores concluyen que promover noches más oscuras y un sueño adecuado podría convertirse en una estrategia complementaria de salud pública para reducir la carga de enfermedades cardiovasculares. En un mundo cada vez más iluminado por dispositivos electrónicos y fuentes artificiales de luz, recuperar la oscuridad durante el descanso podría ser un hábito sencillo con beneficios significativos para el organismo.
NULL
FUENTE: Con información de https://news.tulane.edu/
