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SALUD

No todo dolor es "desgaste": claves para diferenciar artrosis, artritis y osteoporosis

Identificar el comportamiento del dolor, la duración de la rigidez y la aparición de inflamación puede ayudar a determinar cuándo consultar al médico

Por María Graterol

MIAMI.- “Me duelen los huesos” es una expresión frecuente cuando aparecen molestias en las rodillas, las manos, la espalda o las caderas. Sin embargo, detrás de ese malestar pueden existir problemas muy diferentes. Artrosis, artritis y osteoporosis suelen mencionarse juntas, pero no son la misma enfermedad, no afectan de igual manera al organismo y tampoco presentan las mismas señales de alerta.

La diferencia más importante está en qué parte del cuerpo resulta afectada. La artrosis y las distintas formas de artritis comprometen principalmente las articulaciones, mientras que la osteoporosis es una enfermedad del tejido óseo que reduce su resistencia y aumenta el riesgo de fracturas.

Conocer esas diferencias puede ayudar a identificar cuándo una molestia puede ser consecuencia del desgaste de una articulación, cuándo podría existir un proceso inflamatorio y cuándo es necesario prestar atención a la salud de los huesos.

Cuando el problema está en la articulación

La artrosis es la forma más frecuente de artritis y aparece cuando los tejidos de una articulación se deterioran progresivamente. Puede afectar las rodillas, caderas, manos, columna y otras articulaciones.

El dolor suele estar relacionado con el movimiento y puede aparecer después de realizar determinada actividad. También son frecuentes la rigidez después de permanecer en reposo, la inflamación y la dificultad para mover la articulación con normalidad.

Aunque su frecuencia aumenta con la edad, no debe considerarse una consecuencia inevitable de envejecer. Lesiones previas, sobrecarga repetitiva de una articulación, exceso de peso y determinados factores metabólicos también pueden favorecer su aparición.

Una característica que puede orientar es que la rigidez asociada con la artrosis suele ser relativamente breve después de un período de inactividad. En cambio, una rigidez prolongada, especialmente si está acompañada de inflamación, puede hacer necesario investigar otras formas de artritis.

Artritis no significa solamente “desgaste”

La palabra artritis engloba un grupo amplio de enfermedades que producen inflamación o alteraciones en las articulaciones. Por eso, decir que una persona tiene artritis no explica por sí solo cuál es la causa de sus síntomas.

Entre sus diferentes tipos se encuentra la artritis reumatoide, una enfermedad autoinmunitaria en la que el sistema inmunitario ataca tejidos sanos de las articulaciones.

En este caso, el dolor puede presentarse incluso en reposo y suele acompañarse de inflamación, sensibilidad y calor en la articulación. La rigidez matutina que dura más de 30 minutos constituye una señal que merece valoración médica, especialmente si se repite y afecta varias articulaciones.

Las manos, muñecas y pies están entre las zonas que pueden verse afectadas, y los síntomas pueden presentarse de manera similar en ambos lados del cuerpo. También pueden aparecer cansancio inusual, pérdida del apetito y fiebre baja.

La diferencia resulta relevante porque una artritis inflamatoria sin tratamiento puede avanzar y producir daño articular. El diagnóstico temprano permite establecer un tratamiento destinado a controlar la inflamación y reducir el riesgo de deterioro.

Osteoporosis: una enfermedad que puede no avisar

La osteoporosis plantea un escenario diferente. En este caso, el problema no comienza necesariamente con dolor articular, sino con una disminución de la densidad y resistencia de los huesos.

Es conocida como una enfermedad silenciosa porque puede avanzar durante años sin provocar síntomas evidentes. Muchas personas descubren que tienen osteoporosis después de sufrir una fractura.

Las fracturas relacionadas con la fragilidad ósea pueden afectar especialmente la cadera, la columna y la muñeca. Incluso una caída desde la propia altura o un esfuerzo que normalmente no debería provocar una lesión importante puede ocasionar una fractura cuando el hueso está debilitado.

En las fracturas vertebrales pueden aparecer dolor intenso de espalda, pérdida de estatura o una modificación progresiva de la postura, con una espalda más encorvada. Estos cambios no deben atribuirse automáticamente a la edad.

Tres enfermedades, señales diferentes

Aunque el dolor puede estar presente en artrosis y artritis, el comportamiento de los síntomas puede ofrecer algunas pistas.

Si predomina el dolor relacionado con el movimiento, acompañado de rigidez breve después del reposo y una evolución progresiva, puede ser compatible con artrosis, aunque corresponde a un profesional determinar la causa.

Si aparecen articulaciones hinchadas, calientes y sensibles, especialmente si la rigidez después de despertar dura más de 30 minutos, puede ser necesario investigar una artritis inflamatoria.

Si no existen síntomas articulares claros pero se produce una fractura después de un golpe menor, el episodio puede ser una señal de fragilidad ósea y justificar una evaluación para descartar osteoporosis.

¿Cuándo dejar de esperar y consultar?

Una molestia ocasional después de realizar actividad física no necesariamente indica una enfermedad. Sin embargo, el dolor articular que persiste, se repite o comienza a limitar las actividades cotidianas merece una evaluación médica.

También es recomendable consultar cuando aparece hinchazón, enrojecimiento, calor o sensibilidad alrededor de una articulación, especialmente si estos síntomas se acompañan de fiebre.

La atención debe ser más rápida ante un dolor intenso y repentino, una inflamación súbita, incapacidad para mover o utilizar una articulación o una deformidad posterior a una lesión.

En el caso de los huesos, una fractura provocada por una caída de poca intensidad, un golpe menor o incluso por una actividad cotidiana puede ser una señal de alerta. También conviene consultar ante dolor de espalda persistente acompañado de pérdida de estatura o cambios en la postura.

La prevención también comienza antes de los síntomas

La salud musculoesquelética no depende únicamente de la edad. Mantener actividad física, evitar el sedentarismo, procurar un peso saludable y mantener una alimentación adecuada forman parte de las medidas que pueden contribuir al cuidado de huesos y articulaciones.

En el caso de la osteoporosis, la evaluación preventiva cobra especial importancia en determinados grupos. Las recomendaciones actualizadas de la Fuerza de Tarea de Servicios Preventivos de Estados Unidos señalan que las mujeres de 65 años o más deberían realizarse pruebas de detección y que las mujeres posmenopáusicas menores de 65 años con factores de riesgo también pueden requerir evaluación. La prueba utilizada habitualmente para medir la densidad mineral ósea es la densitometría mediante DXA.

Esto no significa que todas las personas con dolor necesiten una densitometría ni que todo dolor articular sea consecuencia de una enfermedad reumática. El diagnóstico depende de la historia clínica, el examen físico y, cuando corresponde, estudios de sangre o imágenes. En la artritis reumatoide, por ejemplo, no existe una única prueba capaz de confirmar por sí sola la enfermedad.

La principal recomendación es evitar la automedicación y no asumir que una molestia persistente es simplemente “desgaste” o parte normal del envejecimiento. Una articulación inflamada, una rigidez prolongada o una fractura después de un traumatismo menor pueden aportar información importante para detectar una enfermedad a tiempo.

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FUENTE: Con información de: OMS, NIH/NIAMS y USPSTF

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