MIAMI.- Las primeras palabras de un bebé es el sonido más anhelado por los padres. Los niños empiezan a emitir ruiditos y balbuceos en sus primeros seis meses de vida, aunque no es sino hasta más avanzado el tiempo cuando comienzan a decir palabras genuinas. Sin embargo, en algunos pequeños el desarrollo del lenguajepuede más rápido que en otros.
¿Por qué algunos niños aprenden a hablar antes que otros?
De acuerdo con una reciente investigación de Harvard, existen tres predictores claves en el desarrollo del lenguaje de los niños
Un reciente estudio global, realizado por Elika Bergelson, profesora asociada del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard, halló tres predictores claves del desarrollo del lenguaje infantil.
Bergelson, que estudia desde hace varios años cómo los bebés y los niños pequeños aprenden el lenguaje del mundo que los rodea, analizó en una nueva investigación, publicada el mes pasado en Proceedings of the National Academy of Sciences, las diversas teorías que explican el inicio y eventual dominio de la comprensión y producción del lenguaje en los infantes.
Este estudio, que adoptó un enfoque global a fin de desarrollar y probar las teorías en torno al lenguaje infantil, arrojó resultados que refutan las críticas comunes hacia padres y cuidadores de bajos ingresos.
“Nuestros resultados cuestionan parte de la sabiduría recibida, ciertamente en el espacio político estadounidense, de que las familias en ciertas circunstancias socioeconómicas brindan más o menos 'buen' lenguaje lingüístico a sus hijos”, indica la especialista en lenguaje infantil.
Hitos del lenguaje infantil
Desde sus primeros trabajos, realizados hace 15 años cuando era estudiante de posgrado en la Universidad de Pensilvania, Bergelson ha roto con algunos mitos sobre el lenguaje infantil. En su primer estudio, encontró que los niños comienzan a tener comprensión por el habla a una edad más temprana de la que se pensaba en el pasado.
“Alrededor de los 6 o 7 meses, los bebés empiezan a comprender algunos sustantivos muy comunes”, explica.
Algunos hitos del lenguaje para el niño promedio, según sus estudios, son:
- 6-9 meses: Comienza a comprender sustantivos básicos, produciendo secuencias consonánticas-vocales.
- 12-14 meses: La comprensión de palabras comienza a aumentar y empieza a emitir las primeras palabras genuinas.
- 18 meses: La comprensión del lenguaje es cada vez más sofisticada. En esta etapa, comienza a “explorar” el vocabulario hablado.
Compresión del lenguaje
Los pequeños alcanzan la cúspide de producción de palabras alrededor de los 18 meses, según han reconocido diversos estudios científicos. Bergelson, junto a sus colegas, ha realizado análisis de seguimiento que determinan una mejora cualitativa similar en la comprensión del lenguaje cerca del primer cumpleaños del niño, cerca a la etapa en la que surgen las primeras palabras genuinas.
En ese momento, se produce un fenómeno en el que los niños de alrededor de un año pasan de apenas comprender el habla a convertirse, de repente, en verdaderos compañeros comunicativos.
Para determinar la causa de este comportamiento, Bergelson dirigió un estudio como postdoctorado y profesora de investigación en la Universidad de Rochester, en el que analizó la creación de un gran conjunto de datos naturalistas que rastreaban a bebés de 6 a 18 meses con grabaciones de audio y video, seguimiento ocular y más.
La investigación no arrojó ninguna diferencia en el trato que daban los padres o cuidadores al bebé en esa etapa. “No parece que haya algo fundamentalmente diferente en la forma en que los padres o cuidadores interactúan con niños de 6 y 12 meses”, indicó.
Modelos de aprendizaje
Actualmente, con una subvención del Instituto Nacional de Salud, el nuevo laboratorio de Bergelson en Harvard, realiza una investigación que busva probar lo que llama los “modelos de mejor aprendizaje” en la adquisición del lenguaje, en la que atribuyen el punto de inflexión en la comprensión a las crecientes capacidades sociales, cognitivas o lingüísticas del bebé.
Los investigadores buscan demostrar indicadores de compresión que aparecen antes de hablar, como señalar o mirar en dirección de un objeto mencionado, con la finalidad de mejorar las intervenciones tempranas para niños que tienen dificultades con la adquisición del lenguaje.
Además, pretende aumentar el grupo de niños que estudian los científicos del lenguaje. “Un cambio realmente importante en este campo recientemente ha sido una consideración mucho más seria del hecho de que tendemos a estudiar a los estadounidenses blancos de clase media”, señaló Bergelson.
En su reciente artículo, escrito con la coautora principal Alejandrina Cristia en la École Normale Supérieure de la Universidad PSL de Francia, se fundamentó en una gran muestra de niños de 2 a 48 meses.
Las grabaciones de audio que duraron un día capturaron el balbuceo y el lenguaje infantil de 1.001 niños de 12 países y 43 idiomas, y permitió realizar un análisis con la ayuda del aprendizaje automático.
“Es la estimación del algoritmo de cuánto habla oye o produce el niño. Pero creo que es un enfoque complementario a lo que de otro modo sería un trabajo que consumiría muchísimo tiempo y limitaría las muestras”, explica.
Predictores del lenguaje
Esta nueva investigación arrojó que existen tres predictores del desarrollo del lenguaje a escala mundial. El primero sería la edad, le sigue los factores clínicos como la prematuridad o la dislexia, y después, la cantidad de habla que los niños reciben del mundo que los rodea.
Los resultados, a diferencia de investigaciones anteriores, no se encontraron efectos relacionados con el género, el multilingüismo o la situación socioeconómica.
“Ha habido mucho debate y discusión en la literatura en los últimos años sobre cómo el estatus socioeconómico se vincula o no con la entrada y salida del lenguaje. Buscamos de muchas, muchas, muchas maneras diferentes... De ninguna manera encontramos evidencia de que las madres con mayor educación tuvieran hijos que produjeran más habla en estas decenas de miles de horas de grabaciones de la vida diaria”, enfatiza.
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FUENTE: Con información de The Harvard Gazette
