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OPINIÓN

Septiembre: volver también requiere tiempo

Qué ocurre al terminar las vacaciones y cómo acompañar emocionalmente la vuelta a las actividades laborales

Por Dra VIOLETA GARCÍA

Septiembre suele llegar con una mezcla extraña. Hay algo de comienzo —agendas nuevas, horarios que se ordenan, propósitos que reaparecen— y, al mismo tiempo, una pequeña despedida. Volvemos a poner la alarma, a mirar el calendario y a responder mensajes que quedaron en pausa. Y aunque hayamos descansado, podemos sentir cansancio, irritabilidad, desgana o una dificultad inesperada para arrancar. No es una contradicción: descansar y necesitar tiempo para volver pueden convivir.

A ese malestar se le llama con frecuencia «síndrome posvacacional», pero no es un diagnóstico clínico ni una enfermedad. Es una manera cotidiana de describir el esfuerzo de adaptación que aparece al pasar de unos días con mayor libertad a una rutina con horarios, decisiones y exigencias. El cuerpo no cambia de ritmo mediante un interruptor. Durante las vacaciones pueden modificarse el sueño, las comidas, la actividad, la cantidad de estímulos y hasta la forma de medir el tiempo. Al regresar, el cerebro tiene que recuperar hábitos y volver a sostener con más intensidad la planificación, la atención y la memoria de trabajo.

Por eso podemos sentirnos algo más lentos o dispersos durante los primeros días. No significa que hayamos perdido capacidad. Muchas veces una parte de la atención está ocupada reconstruyendo el mapa completo: trabajo, colegio, citas, economía, tareas domésticas y asuntos pendientes. Cuando percibimos que las demandas superan los recursos disponibles, se activa la respuesta de estrés. A corto plazo aumenta la alerta y nos ayuda a reaccionar; si se prolonga, puede alterar el sueño, la concentración, el estado de ánimo y la sensación de control.

La investigación ayuda a poner esta experiencia en contexto. Un metaanálisis publicado en el Journal of Occupational Health encontró que las vacaciones producen una mejoría moderada en el bienestar, el agotamiento y las molestias asociadas al estrés. Sin embargo, buena parte de esos beneficios disminuía entre dos y cuatro semanas después de volver. Otro seguimiento observó mejoras en el ánimo, la energía y la tensión durante el descanso, pero en muchos participantes el efecto se acercaba a los niveles previos ya durante la primera semana laboral. Esto no significa que las vacaciones no sirvan. Significa que no pueden compensar por sí solas una vida cotidiana que nos desborda.

También influye la anticipación. En un estudio con 1.530 personas, quienes tenían previsto viajar mostraban algo más de felicidad antes de las vacaciones; después, las diferencias generales con quienes no habían viajado eran pequeñas. Parte del bienestar estaba, por tanto, en tener algo agradable que esperar. Al volver no solo termina el descanso: también desaparece esa expectativa que había iluminado las semanas anteriores. Quizá por eso septiembre se siente a veces más vacío de lo que esperábamos.

Pero la vuelta no habla únicamente de cansancio. También crea contraste. Alejarnos unos días puede ayudarnos a ver con claridad lo que durante el año normalizamos: una agenda demasiado llena, un trabajo que pesa, una relación poco equilibrada o una rutina en la que siempre quedamos para después. La pregunta útil no sería «¿por qué no estoy ya al cien por cien?», sino «¿qué parte de la vuelta me cuesta realmente?». Tal vez sea el horario, la carga, el ambiente, la falta de tiempo propio o la sensación de regresar a una forma de vivir que ya necesitaba cambios antes del verano.

Acompañar emocionalmente septiembre empieza por bajar la exigencia de rendir al máximo desde el primer día. Elegir dos o tres prioridades, en vez de intentar recuperar todo a la vez, devuelve sensación de orden. También ayuda reajustar el sueño con señales repetidas: levantarse a una hora parecida, buscar luz natural por la mañana, reducir pantallas al final del día y recuperar cierta regularidad en las comidas y el movimiento. Son acciones sencillas, pero le ofrecen al organismo referencias para volver a sincronizarse.

Conviene además rescatar algo de aquello que nos hacía bien en vacaciones. No se trata de vivir como si siguiéramos de descanso, sino de preguntarnos qué había allí que falta en la rutina: caminar, leer, estar al aire libre, conversar sin mirar el reloj o disponer de un rato sin obligaciones. La investigación sobre recuperación del estrés señala que la desconexión psicológica del trabajo —poder dejar de pensar continuamente en él cuando termina la jornada— protege el bienestar. El descanso no debería concentrarse únicamente en unas semanas al año; también se construye en las pausas, las tardes y los fines de semana.

Importa, por último, la manera en que nos hablamos. Frases como «ya debería estar funcionando con normalidad» o «no tengo motivos para sentirme así» añaden culpa al cansancio. Una mirada más ajustada sería reconocer: «estoy adaptándome», «no necesito resolverlo todo esta semana» o «puedo empezar por lo que depende de mí». No es resignación, sino una forma más eficaz de recuperar el ritmo sin convertir el regreso en una prueba contra nosotros mismos.

Septiembre puede funcionar como un termómetro emocional: muestra qué retomamos con interés, qué afrontamos con resistencia y dónde necesitamos introducir cambios. A veces bastará con unos días de ajuste. Si después de varias semanas persisten una tristeza intensa, ansiedad, insomnio, irritabilidad o dificultades importantes para funcionar, conviene no atribuirlo todo a la vuelta de vacaciones. Puede ser el momento de detenerse, comprender qué está ocurriendo y pedir ayuda.

Volver no exige recuperar de inmediato la versión de nosotros mismos que dejamos en julio. También puede ser una oportunidad para revisar prioridades y construir una rutina en la que no sea necesario esperar todo un año para volver a respirar.

Referencias: De Bloom et al. (2009), Journal of Occupational Health; Nawijn et al. (2010), Applied Research in Quality of Life; Sonnentag y Fritz (2015), recuperación del estrés y desconexión psicológica.

Violeta García

Puedes encontrar este y otros artículos en www.violetagarcia.es

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