Hay algo especial en septiembre. No es solamente que quedan pocas semanas para saber quién jugará en octubre. Es esa mezcla de emoción y melancolía que aparece cuando una temporada comienza a despedirse. Cada juego pesa más y, al mismo tiempo, empiezan a aparecer señales de lo que podría venir después.
La expansión de los rosters a 28 jugadores le agrega otro ingrediente a este último mes. Para muchos equipos, septiembre es la oportunidad de mirar hacia el futuro y darle un turno a jóvenes que llevan meses esperando su momento.
Ethan Salas es uno de ellos.
El receptor venezolano de los Padres de San Diego, con apenas 20 años, recibió el llamado a las Grandes Ligas después de una buena temporada en las menores. Más allá de los números y de las expectativas, su llegada representa algo sencillo: una oportunidad.
Eso es septiembre para muchos prospectos.
Quizás tendrán pocos turnos o unas entradas detrás del plato. Pero cada oportunidad puede convertirse en una carta de presentación. Es el momento de demostrar que pueden ser parte del equipo de mañana.
Mientras las estrellas buscan octubre, los jóvenes comienzan a reclamar un espacio en 2027.
Y este año hay algo más.
Normalmente, septiembre nos hace pensar exclusivamente en los playoffs: quién llegará a la Serie Mundial, quién será la sorpresa y qué jugador puede convertirse en héroe.
Esta vez hay una pregunta que se cuela inevitablemente: ¿habrá temporada en 2027?
El convenio colectivo entre MLB y los jugadores vence el 1 de diciembre. Las negociaciones están en marcha y existen diferencias importantes. Nadie puede asegurar que habrá un paro, pero tampoco se puede ignorar esa posibilidad.
Por eso este septiembre se siente diferente.
Mientras algunos pelean por octubre y otros, como Salas, comienzan a conocer el escenario que podría ser suyo durante muchos años, todos estamos disfrutando las últimas semanas de una temporada que todavía no sabemos cuándo volverá a comenzar.
Por eso hay que disfrutarla.
Las carreras por los playoffs. Los estadios llenos. Los veteranos que juegan como si cada partido fuera el último. Y esos muchachos que reciben la llamada que esperaron desde niños.
Septiembre es una despedida, pero también una bienvenida.