Una de cada siete personas en el mundo pasa hambre, perdiendo uno de sus derechos fundamentales: el acceso a la alimentación
Millones de personas en el mundo, especialmente niños viven con hambre.(Archivo)
Pensar que 870 millones de personas, es decir, un octavo de la población mundial, viven con hambre no sólo resulta deprimente, sino preocupante. Se trata de una porción equivalente al número de habitantes de Estados Unidos, Canadá y Europa, por eso no extraña que entre las Metas del Milenio ratificadas por 189 países en el año 2000, la lucha contra esta calamidad sea una prioridad. De este gran total, el mayor porcentaje habita en Asia y el Pacífico, una cuarta parte se ubica en el África subsahariana, y aunque muchos no lo crean, en Latinoamérica el hambre se ha convertido también en cosa de todos los días.
Los estudios sobre pobreza y hambre en el mundo coinciden en que el mayor porcentaje de las víctimas de esta cruda realidad viven en áreas de bajos ingresos, zonas rurales, principalmente agrícolas, sin embargo, en muchas zonas urbanas el patrón parece multiplicarse como resultado de unas condiciones de vida cada vez más precarias para los menos favorecidos económicamente.
Para todos ellos no sólo es difícil palear el hambre, sino contar con recursos básicos como el agua potable. nNo en vano, entre las principales causas del hambre están los conflictos de la pobreza, la falta de infraestructura agrícola, los desastres naturales, el alza en el precio de los alimentos, la violencia, los conflictos armados y las pandemias. Y si a eso sumamos las asfixiantes deudas externas de los países más pobres, la especulación, la corrupción, los problemas de gobernabilidad y la falta de políticas públicas adaptadas a las distintas realidades y exigencias, confirmaremos que se trata de un problema multifactorial. n Así está el mundo n
Las cifras que normalmente publican los organismos internacionales en materia de alimentación no dejan de ser alarmantes a pesar de algunos avances en la lucha contra el hambre que no pueden ignorarse. Sin embargo, el más reciente Índice Mundial del Hambre, un estudio conjunto del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias y las ONGs Concern Worldwide y Welthungerhilfe sostiene que 56 países están en una situación"grave" o"muy grave" por sus insuficiencias alimentarias. n
Este grupo lo encabezan Eritrea, Burundi y Comores. Pero a ellos se suman Timor Oriental, Sudán, Chad, Yemen, Etiopía, Madagascar, Zambia, Haití, República Centroafricana, Sierra Leona, Burkina Faso, Mozambique, la India, Tanzania, la República del Congo y Níger, y nosotros no escapamos pues en nuestro continente, Guatemala y Bolivia conviven con una situación u201cgrave u201d. Al hambre no se le puede dar tregua, porque su impacto en la productividad del planeta a futuro es fundamental. n
Si en el planeta vivimos en total 7 mil millones de personas y nuestra capacidad productiva permite alimentar a 12 mil millones u00bfPor qué hay hambre en el mundo? n Enfrentar la realidad n
La reducción del hambre en el mundo es posible, sobre todo porque la capacidad de producción global alcanza para todos, sin embargo, estamos hablando de algo más que de un incremento en la cantidad de alimentos, porque para combatir este problema es igualmente necesario mejorar la calidad de lo que se consume en términos de diversidad, el contenido de nutrientes y la inocuidad. nY es que al número devastador de personas con hambre en el mundo, se suma un nuevo lastre: la malnutrición. Basta considerar las cifras de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) que señalan como la subnutrición crónica y la carencia de micronutrientes están afectando a más de 1.400 millones de personas. Acabar con el hambre no es sencillo, pero sí posible, en buena medida es cuestión de conciencia y solidaridad.