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PLATAFORMAS

Andrea Alfonzo - Larrain: la directora de arte que convierte el caos en sistema

Andrea asume su rol como puente entre la visión y la entrega, que cree en equipos que sorprenden más que en nombres con brillo

Por Alexandra Sucre

MIAMI.- En publicidad, muchos juran que la chispa creativa aparece frente a una pantalla. Andrea Alfonzo - Larrain sabe que llega antes: en un audio a las dos de la mañana, en un mail borroso, en una libreta al lado de la cama donde anota ideas en la penumbra y al día siguiente descifra su propia caligrafía. Ahí empieza su trabajo. No como diseñadora que pule una pieza terminada, sino como directora de arte que traduce intuiciones en un sistema visual y operativo. “Vivo con un pie en el concepto y otro en lo visual”, dice. Su oficio, más que buscar imágenes, es conectar una ambición de marca con el equipo, los recursos y el tono que la vuelven real.

Ese enfoque la llevó a rozar los grandes circuitos. Fue nominada a los Lions de Cannes, una estación simbólica que legitima el olfato para ideas que viajan. También alzó un Platinum Graphis Award, uno de apenas catorce seleccionados entre más de diez mil propuestas, y vio tres de sus piezas impresas en una mesa de centro, elevadas al terreno del objeto. La trayectoria, sin embargo, se mide para ella en otra escala: fundó su estudio I AM BRANDING en pleno terremoto pandémico, cuando empresas, proyectos personales y hasta personas buscaban un logo para afirmar quiénes eran. El riesgo de abrir una compañía en ese contexto se convirtió en ventaja: identidad en tiempos de identidad en crisis.

Alfonzo- Larrain habla de su oficio como un rol bisagra. Llega cuando la idea aún es una niebla. Pone orden sin ahogar la sorpresa. Define la dirección creativa, decide cómo debe verse y sentirse una promesa, arma el elenco que la ejecutará y acompaña el proceso completo: reuniones con cliente, moodboards, servilletas rayadas, pruebas de color y exportaciones finales. Lo expresa con ironía: “Soy una directora de casting de talento creativo, pero con mejores snacks y un poco más de angustia existencial”. En ese tramo, lo que parece gusto personal es método. La coherencia entre tono, visuales, estrategia e historia se chequea fotograma a fotograma, tipografía por tipografía. La factura se envía al final, cuando cada detalle cayó en su sitio y no antes.

Su red de colaboradores es otro activo construido a contracorriente de la lógica de la visibilidad. No busca nombres por estatus, sino artesanos capaces de provocar ese “holy sh*t, ¿tú haces eso?” que señala descubrimiento real. Esa curaduría, más íntima que ruidosa, le permite ensamblar equipos que responden con la misma velocidad al reto conceptual y al golpe de deadline. La recompensa es pragmática: trabajos que se ven bien y funcionan, campañas que no se desinflan cuando llegan a producción.

En un ecosistema movido por la inmediatez, Alfonzo- Larrain reivindica una virtud poco brillante en los reels: la paciencia. La nombra como uno de sus mayores logros, quizá el más difícil. Paciencia para presentarse una y otra vez, para escuchar, para ajustar sin drama, para sostener el estándar cuando el resto solo quiere llegar al envío. No es complacencia; es temple operativo. El talento resuelve escenas, la paciencia sostiene procesos.

Su firma aparece en campañas para T-Mobile, Orangetheory Fitness, AT&T 5G, Muscle Milk, la NHTSA, Takis, Sinclair Broadcast Group, el US Open de Golf y Tennis Channel, además de atletas, podcasts y startups que irrumpen en nuestros feeds. Cada marca le exige una lectura distinta del mismo problema: cómo traducir una promesa en señales claras que la gente recuerde. En T-Mobile, el desafío puede ser ritmo y presencia; en una autoridad de seguridad vial, la responsabilidad es comunicar sin quitar filo; en productos de consumo, la tensión está entre deseo y credibilidad. La metodología es estable, el tono muta.

Al inicio de su carrera pensó que la dirección de arte consistía en buscar fotos de stock de alta resolución y libres de derechos. Hoy se ríe de esa idea, aunque concede que tiene una parte de verdad: la búsqueda existe, pero la imagen nunca es un fin. Es un eslabón en una cadena que empieza con un objetivo de negocio y termina con una reacción concreta en la audiencia. El oficio, insiste, es “resolver creativamente con fecha de entrega”. Ese pragmatismo no elimina la poesía; la canaliza. Una paleta cromática comunica velocidad o calma. Una textura trae memoria. Un silencio en un montaje dice más que un slogan.

Fundar I AM BRANDING en 2020 fue su stress test. Las marcas pedían más que un logotipo: pedían sentido. El estudio respondió con un proceso que no romantiza el caos inicial, lo encuadra. Briefs concisos, rutas visuales exploradas a conciencia, prototipos que se testean antes de enamorarse. La obsesión por el detalle suena solemne hasta que Alfonzo - Larrain la aterriza en algo tan simple como elegir la luz adecuada para una pieza que vivirá en pantallas de baja calidad. Nada de grandilocuencia; resolución con criterio.

Nominaciones, premios y clientes dan cuenta de una carrera en movimiento, pero el sello está en la ética del día a día. Una directora de arte que asume su rol como puente entre la visión y la entrega, que cree en equipos que sorprenden más que en nombres con brillo, que defiende la paciencia en un mercado que reduce todo a urgencia. La libreta en la mesa de noche es metáfora y herramienta. En esas páginas torcidas empieza el mismo recorrido una y otra vez: de la idea difusa al sistema que la vuelve inevitable. Entonces sí, se manda el archivo final. Y, con suerte, también la factura.

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