MIAMI.- El escritor inglés Thomas More escribió en 1516 una obra que cambiaría para siempre la concepción de la política moderna: Utopía. En ella retrató una comunidad ideal donde la estructura del estado procura el máximo bienestar para el colectivo. Una premisa que seducía a los pensadores desde la época de Platón, pero que gracias a la obra de More pasó a tener una definición clara. Inspirada en ella, muchos filósofos y políticos comenzaron a soñar con sociedades utópicas, una fantasía que sirvió de motor para poner en marcha el horror en muchos lugares del mundo, dando luz a la otra cara de la moneda: la distopía.
Fallout Temporada 2: la crisis después del apocalipsis
Ya está disponible en Prime Video la segunda temporada de Fallout, una nueva entrega que viene a consolidar a esta serie como una de las mejores adaptaciones de videojuegos de la historia y un referente dentro del género Sci-Fi
Fue a partir de la llegada de la Segunda Guerra Mundial que el término distopía comenzó a ganar popularidad en el colectivo, advirtiéndonos de las grandes posibilidades que tienen las utopías de transformarse en sistemas opresores bajo la fachada de un supuesto bienestar. Historias como 1984, Farenheit 451 y Un mundo feliz coagularon a través del lente de la ficción las fantasías titánicas de los estados totalitarios que, a través de ideologías extremistas, pierden su humanidad en pro de un modelo político que garantiza su permanencia a través de avances tecnológicos. Curiosamente, a pesar de tener múltiples versiones de futuros distópicos en la literatura, películas, series y videojuegos, la gran mayoría converge en darles a estos mundos un tinte caótico donde los seres humanos parecen dirigirse directo a su destrucción. Este es el caso de Fallout, una serie de Sci-fi inspirada en la icónica franquicia homónima de videojuegos que nos trae Prime Video.
En esta segunda temporada, Fallout se traslada de Los Ángeles a Las Vegas (uno de los landmarks del videojuego) para seguir explorando un futuro post-apocalíptico desencadenado por una crisis nuclear. A través de la perspectivas de varios personajes y lugares, el espectador obtiene una visión 360º de cómo la humanidad llegó hasta este punto y sus posibilidades de redención o aniquilación total. Es así como seguimos a Lucy MacLean (Ella Purnell), una joven inocente e idealista que durante toda su vida vivió en un búnker, y el choque que vive al enfrentarse al mundo exterior donde la empatía no existe y la ley del más fuerte es lo que prevalece; The Ghoul (Walton Goggins), un cazarrecompensas deformado por la radiación y que intenta conseguir a su familia; Maximus (Aaron Moten) un joven que pertenece a una organización caballeresca-religiosa llamada la “Hermandad” y que acaba de ser erigido como héroe de guerra por un malentendido —exponiéndolo con las contradicciones de la orden a la que pertenece—; Norm MacLean (Moises Arias), el hermano de Lucy, que investigando sobre los búnkers donde han pasado toda su vida, terminó atrapado en un bóveda luego de descubrir una serie de secretos que cambiarán por completo el rumbo de la historia; Reg McPhee (Rodrigo Luzzi) uno de los habitantes de los búnkeres que decide crear un club trayendo como consecuencia, sin proponérselo, todo un movimiento político y social generando una pugna por el poder entre Stephanie Harper (Annabel O´Hagan) y Betty Pearson (Leslie Uggams); y, por último, Hank MacLean (Kyle MacLachlan), el padre de Norm y Lucy, que desea rescatar una tecnología del pasado que será clave en el desarrollo de la siguiente fase de la humanidad (según los intereses de las corporaciones que generaron el apocalipsis nuclear).
Sí, la trama de Fallout es compleja, llena de matices y vueltas de tuerca que para algunos espectadores será difícil de seguir. Más allá de estar basada en un universo con un lore enorme (9 videojuegos que han salido en 28 años) y pensado para ser consumido en más de 500 horas de gameplay, lo interesante de esta historia son las múltiples aristas que explora alejándose por completo de la clásica dicotomía “bien contra el mal” que suele abundar en la narrativa de este género. Lucy, como el sujeto que sale de la caverna de Platón, es confrontada con sus paradigmas y, durante el desarrollo de esta temporada, se enfrentará a situaciones que la harán perder parte de su inocencia y la obligarán a cuestionarse sus ideas virginales de justicia. En la otra antípoda, The Ghoul pasa de ser un mercenario despiadado a transformarse en una suerte de cowboy que está en búsqueda de la redención a pesar de ser dead man walking (mientras que, en paralelo, seguimos explorando su pasado y las decisiones funestas que tomó). La trama de Maximus expone las complejas dinámicas entre las estructuras militares, políticas y sacerdotales cuando una de ellas desea hacerse con el poder absoluto traicionando tanto las leyes como el credo que sostienen a la Hermandad. A través de la inocencia y puerilidad de Reg McPhee vemos cómo el ciudadano común en una situación precaria puede ser controlado ofreciéndole recompensas inmediatas sin pensar en las consecuencias a largo plazo y omitiendo por completo la manipulación que ocurre tras bastidores entre los supuestos líderes que buscan “el bien común”. Norm se vuelve un cisne negro que confronta las estructuras preestablecidas a través del caos y nos enseña hasta dónde es capaz de llegar el ser humano por tener el control de todo. Por último, Hank nos seduce con la idea de que el fin justifica los medios y que la raza humana solo puede salvarse cuando es doblegada por una fuerza que, a pesar de ser contra natura, pareciera ser nuestra única opción.
Como todo multiplot, cada capítulo de Fallout se enfoca en desarrollar algunas de estas tramas llevándonos por espacios completamente heterogéneos (como bóvedas claustrofóbicas, paisajes desérticos, edificios retro-futuristas en ruinas, campamentos romanos, entre muchos otros) y paseándose por registros tan disímiles como Sci-Fi, western, acción, comedia, drama y thriller político. Al mismo tiempo, esta temporada logra seguir incluyendo dentro de la historia decenas de easter eggs que los videojugadores podrán identificar sin por eso dejar de sostenerse por sí misma o excluir al público en general, alejándose de la idea de “serie de nicho” a la que suelen asociarse historias de este tipo. Es así como gracias a su mezcla de géneros, valores de producción increíbles, actuaciones de lujo y factura impecable, Fallout se consolida como un referente para futuras adaptaciones de videojuegos a formato live action (junto con The Last of Us).
En un momento histórico donde la polarización está a la orden del día, Fallout pone sobre la mesa los peligros de buscar soluciones simples para problemas complejos. Con sus múltiples tramas, personajes variopintos, saltos en el tiempo, juegos de perspectiva y locaciones excéntricas, la historia nos demuestra como la dinámica entre política y corporaciones está llena de aristas imponderables que ni el mejor algoritmo puede predecir. Al mismo tiempo, nos enseña que no importa cuántas veces una civilización colapse, siempre emergerán estructuras que nos son reconocibles (ancladas en las fantasías de los imperios del pasado, la tecnocracia del futuro, el fanatismo religioso, el idealismo descorazonado, el populismo mesiánico o el nihilismo profundo) y con las que debemos enfrentarnos ahora y siempre para no perder nuestra alma. Por último, como toda gran historia, Fallout nos recuerda que, así como una persona puede desencadenar el fin del mundo, también la voluntad de una persona puede salvarlo. Al final de esta temporada y la anterior nos queda flotando en la mente la misma pregunta: si una distopía es definida por la RAE como “representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”… ¿qué tan lejanos estamos de esto? Creo que la respuesta está más cerca de lo que vemos en los desérticos paisajes de Las Vegas.
Lo mejor: el desarrollo de los conflictos y cómo se complejizan las dinámicas de poder. Los flashbacks con la historia de orígenes de The Ghoul. El humor negro y las múltiples capas de lectura de las diferentes tramas de la historia.
Lo malo: a diferencia de la temporada pasada, no todas las tramas tienen el mismo nivel de riesgo e interés lo que va en detrimento del ritmo de algunos episodios. Por lo complicado del lore, algunos diálogos pecan de expositivos.
Sobre el autor:
Luis Bond es director, guionista, editor y profesor especializado en cátedras de guion, construcción de personajes, dirección, mitología, arquetipos y lenguaje simbólicos. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes, miembro de LEJA y Florida Film Critics Circle. Su formación en cine se ha complementado con estudios en Psicología Analítica profunda y Simbología.
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