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RESEÑA

"Ice Cream Man": ese terrible amor por el cine de terror

Por la llegada de la película a cartelera, conversamos con su director y coguionista, Eli Roth, una de las leyendas del cine B de la modernidad

Por LUIS BOND

MIAMI.- Hay géneros cinematográficos que, históricamente, nacieron para dividir al público y la crítica. Para muestra, solo hace falta acercarnos a Rotten Tomatoes, Metacritic, Letterbox o IMDB y darnos un paseo por varios títulos enmarcados dentro del horror, gore o slasher: la diferencia de puntajes entre “especialistas” y “audiencia” es del cielo a la tierra. Paradójicamente muchas de estas películas, a pesar de ser ignoradas por la “academia”, los premios y la crítica, con el pasar del tiempo se convirtieron en clásicos de culto. La mayoría de la gente en 2026 no ha visto —ni le suena— Chariots of Fire (ganadora del Oscar en 1981), pero sí conoce, así sea por cultura general, Evil Dead (que salió el mismo año). Lo mismo aplica a Nightmare on Elm Street, Halloween, Friday the 13th, The Texas Chainsaw Massacre, The Thing, The Invasion of the Body Snatchers, Night of the Living Dead, etc: todas fueron películas denostadas por la crítica, alabadas por el público y resignificadas como obras maestras con el tiempo.

Considerado como un género menor, el llamado Cine B fue un campo de experimentación fértil donde cineastas con pocos recursos, mucha creatividad y sin censura llevaron adelante toda serie de películas completamente desquiciadas. Sin ínfulas ni pretensiones mayores, este espacio lúdico creó títulos que marcaron por completo a una generación de cineastas sumamente influyentes en la modernidad como Quentin Tarantino, Robert Rodríguez, Fede Álvarez y Eli Roth. De todos, este último ha sido el más fiel al género, creando obras perturbadoras y que se han transformado en referentes contemporáneos como Hostel o Cabin Fever. Como una suerte de homenaje a ese cine llega a cartelera Ice Cream Man, el nuevo largometraje de Eli Roth bajo su estudio independiente The Horror Section.

La película nos presenta a Jared (Charlie Zeltzer), un chico que vive en un pueblito tranquilo de Estados Unidos. Pequeño, flaco y un poco torpe, es víctima del bullying que le hacen varios compañeros de clases (pero, en consonancia con los códigos de otras épocas, lidia con esta situación de forma estoica). Un día como cualquier otro la vida de nuestro protagonista da un giro terrible cuando un misterioso heladero (Ari Millen) comienza a repartir helados a todos los niños del lugar transformándolos en una suerte de zombies asesinos. Salvado por su intolerancia a la lactosa, Jared y un grupo de compañeritos de la escuela deberán unir fuerzas para vencer al terrible heladero que, en un abrir y cerrar de ojos, ha desatado el caos en el lugar haciendo que todos los niños asesinen a los adultos y “conviertan” en poseídos a sus amiguitos.

Como una mezcla entre El flautista de Hamelin con Night of the Living Dead y The Invasion of the Body Snatchers, Ice Cream Man es la típica película de survival horror donde un grupo disparejo intenta sobrevivir al fin del mundo. Una premisa que hemos visto decenas de veces pero que Eli Roth lleva a otro nivel al desatar el caos usando a niños como máquinas asesinas. Valiéndose de los más variados elementos para torturar gente, desde hachas hasta lápices, Ice Cream Man es una de las películas más gore de los últimos tiempos (posiblemente compartiendo el podio con Terrifier 3). Gracias a la autonomía que le da su propio sello, Roth tuvo carta blanca para hacer de todo… y lo hace sin ningún tipo de autocensura. Niños diciendo groserías, decapitando padres, picando adultos por la mitad, sacando ojos, comiendo sesos, arrancando extremidades, jugando con cabezas y muchísimas cosas más que, hasta el espectador con el estómago más fuerte se cuestionará si lo que ve en pantalla es legalmente posible. Un infierno que, paradójicamente, transcurre en un setting colorido y que emula más a un día cualquiera en un jardín de recreo con niños divirtiéndose que a un apocalipsis zombie. Esta disonancia cognitiva hace de Ice Cream Man una película profundamente perturbadora y no apta para gente sensible (como el buen cine B).

La dirección de Roth homenajea a grandes títulos del horror y a clásicos de la época tan heterogéneos como The Goonies, E.T. y The Bad News Bears, haciendo que Ice Cream Man se sienta como una película del estudio Amblin, pero dirigida por el heredero de George Romero, Wes Craven, David Cronenberg y John Carpenter. A pesar del festín de sangre, la película está llena de humor goofy entre lo físico, con juegos de palabras y situaciones completamente absurdas que, constantemente, desafían al espectador para ver hasta dónde puede tolerar la violencia. Contra todo pronóstico, el largometraje funciona gracias al maravilloso papel de todos los niños en ella que, genuinamente, asustan y se siente que están disfrutando al máximo todas las cosas horribles que hacen. Solo por el maravilloso trabajo de casting y las situaciones absurdamente violentas que propone Ice Cream Man se paga sola. Comandando el caos, tenemos a un Ari Millen se roba el show sin decir una sola palabra. Solo con su mirada creepy y expresiones teatrales —cercanas a Marcel Marceau— nos mantiene en tensión en cada una de sus apariciones puntuales (de hecho, en toda la historia no derrama ni una gota de sangre: todo lo hacen los niños por él lo que lo transforma en una fuerza todavía más oscura).

Posiblemente, Ice Cream Man sea uno de los experimentos más ambiciosos de toda la carrera de Eli Roth. Su propuesta de violencia infantil desmedida y sus secuencias que se mueven entre el gore y la comedia, la hacen una mezcla bastante extravagante que complacerá a los fans del género, pero desagradará a la crítica y el público en general. Detrás de todo su despliegue excesivo de sangre y vísceras, la película propone un par de interrogantes que vale la pena elaborar entre las risas y el asco: ¿qué sucede cuando el mal se cuela por los resquicios menos esperados e invade a los más pequeños?, ¿cómo podríamos sostener que los seres que más amamos se pongan en nuestra contra?, ¿es la responsabilidad de los hijos expiar los crímenes de sus padres? Asuntos que merecen una mirada seria, crítica y objetiva que, como el buen terror, se quedan en el subtexto y nos invitan a pensar más allá de la proyección.

Lo mejor: las actuaciones de todos los niños —especialmente el grupo de protagonistas. La violencia desmedida en pantalla, de lejos una de las películas más gore de toda la filmografía de Roth. La vuelta de tuerca del final de la historia. Ari Millen como antagonista es aterrador.

Lo malo: las secuencias animadas que explican el origen de Ice Cream Man se ven terribles (a pesar de que revelan información clave dentro de la historia) y toda la polémica alrededor del uso de la IA en otros momentos de la película.

Sobre el autor:

Luis Bond es director, guionista, editor y profesor especializado en cátedras de guion, construcción de personajes, dirección, mitología, arquetipos y lenguaje simbólicos. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes (https://www.rottentomatoes.com/critics/luis-bond/movies ), miembro de LEJA y Florida Film Critics Circle. Su formación en cine se ha complementado con estudios en Psicología Analítica profunda y Simbología.

Twitter (X), Instagram, Threads, TikTok, Substack: @luisbond009

Web:[https://%20www.luisbond.com] www.luisbond.com

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