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MÚSICA

La cantante Yamila Guerra: "Me siento tan orgullosa de mis raíces"

La cantante transforma el dolor en optimismo con nuevo álbum Limonada, que define como alegría, con el que honra a su familia y a la cultura cubana

Por WILMA HERNÁNDEZ

MIAMI.- Para la cantante cubana Yamila Guerra, la música es mucho más que una profesión: es una forma de conectar con sus raíces, honrar a su familia y encontrar luz incluso en los momentos más difíciles.

Esa filosofía es, precisamente, la que inspira Limonada, su nuevo álbum, un trabajo de ocho canciones que celebra la música cubana y propone una mirada optimista ante las adversidades.

El concepto parte del conocido refrán “si la vida te da limones, haz una limonada”, una idea que la artista llevó al terreno musical después de atravesar experiencias personales que la marcaron profundamente, como la pérdida de su padre, Eugenio Guerra, del popular dúo Rosell y Cary.

“Limonada es una actitud ante la vida. Todos hemos vivido momentos difíciles, pero tenemos el control y la decisión de tener una visión positiva o una visión negativa”, afirmó Yamila Guerra en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS.

Con este disco, Guerra y su hermano, el músico y productor Yalil Guerra, se propusieron transformar una experiencia dolorosa en un mensaje de esperanza.

El tema que da nombre al álbum es una conga pregón en la que participa la reconocida agrupación cubana Los Papines. La colaboración tiene además un significado especial para la cantante, porque fue la última grabación realizada por uno de los integrantes del grupo.

“Me encantó grabar con mi hermano estas ocho canciones. Limonada es el single, que es una conga, una conga pregón. Esto fue lo último que grabó el último Papín antes de fallecer”, contó la artista.

La producción se realizó a distancia. Los Papines grabaron en Cuba, mientras Guerra y su hermano trabajaron desde Los Ángeles, donde Yalil se encargó de los arreglos y de agregar elementos musicales.

“Tengo varias canciones aun sin sacar con Los Papines. La relación es muy cercana, uno de ellos estudió con mi hermano. Ellos grabaron allá y nosotros pusimos la voz, Yalil hizo el arregló e incorporó instrumentos como la corneta china en metales, algo bien diferente”, detalló.

“Mi hermano es un gran ser humano... y es un excelentísimo compositor, productor, multiinstrumentalista. Él ha producido todos mis discos”, destacó.

El álbum también incluye colaboraciones con Changüí de La Maya, agrupación de Santiago de Cuba con la que Guerra tuvo la oportunidad de cantar por primera vez. La incorporación de estos géneros responde a uno de los principales objetivos del proyecto: acercar al público a expresiones de la música tradicional cubana que no siempre tienen presencia.

“Me encanta brindar a la gente autenticidad a través de nuestra música, de las letras de las canciones, de estos géneros musicales que no se conocen mucho”, señaló.

Pero cantar música cubana en EEUU también representa una manera de mantener viva su identidad cultural. Desde Los Ángeles, donde radica, ha encontrado una audiencia diversa que recibe con entusiasmo sus propuestas.

“Me siento tan orgullosa de mis raíces, de mis tradiciones culturales, de seguir cantando en español, aun viviendo acá en Estados Unidos”, aseguró

Su público en California incluye espectadores de distintas nacionalidades y culturas. Por eso adapta sus presentaciones e incluso traduce al inglés el significado de algunas canciones para quienes no hablan español.

“La música es el idioma universal. La música te lleva, te levanta, te conecta”, sostuvo.

Esa conexión con el público es también una parte esencial de su trabajo sobre el escenario. Guerra no se limita a interpretar las canciones, sino que busca involucrar a los espectadores, enseñarles pasos de salsa, mambo, chachachá o cumbia y explicarles el origen de los ritmos.

“Me gusta cantar, bailar, hablarle al público, romper la cuarta pared. No solamente es cantar, uno está detrás de un micrófono, es ir más allá”, comentó sobre su transformación al pisar el escenario.

Asimismo, aseguró que una de sus principales misiones es llevar alegría a quienes la escuchan. Para conseguirlo, cuida incluso los momentos previos a salir al escenario. Prefiere el silencio, realiza vocalizaciones y ejercicios físicos y se concentra en que la energía fluya.

“Me gusta traer alegría, entretener a la gente, subirles el ánimo si están tristes. Creo que una de mis misiones es esa: llevar la alegría de nuestra música”, afirmó.

Un álbum marcado por la pérdida

Detrás de Limonada existe también una historia de duelo. El fallecimiento de su padre, el músico Eugenio Guerra, ocurrido hace dos años, representó un dolor incomparable. Incluso, ha enfrentado momentos ante el público en los que las emociones la desbordan.

“Eso fue un gran golpe para nosotros. De repente estoy en un escenario cantando y me tengo que virar de espalda porque empiezo a llorar en el medio de la actuación”, reveló.

Sin embargo, el dolor también se convirtió en una fuente de reflexión. La canción invita a valorar las relaciones humanas y a agradecer las cosas sencillas.

“Primeramente, no es estar infeliz por lo que no tienes. Es ver las cosas positivas que esa persona te dio, que te enseñó”, explicó.

Y es que la pérdida le recordó el valor de dar gracias por lo cotidiano que, a veces, damos por sentado: tener agua, electricidad, alimentos y la posibilidad de compartir con quienes se ama.

Por eso, Limonada se convierte en un homenaje que trasciende a su padre. El disco también está dedicado a su madre, a su familia y a la cultura cubana.

“A mi padre, a mi familia, a mi madre, a la cultura cubana, a lo que significa la cultura cubana para el mundo entero”, dijo.

La música como herencia familiar

La relación de Yamila Guerra con la música comenzó mucho antes de que pudiera decidir dedicarse profesionalmente a ella. Desde pequeña absorbió un repertorio musical amplio y llegó a aprender canciones en diferentes idiomas escuchando a sus padres. También los acompañó durante sus presentaciones por Cuba y luego en giras internacionales.

“Crecí rodeada de canciones. Mis padres ensayaban todos los días en la casa. Ellos jamás y nunca me obligaron a ser artista”, recordó.

Su vocación surgió de manera natural, inicialmente a través de la fonomímica, cuando comenzó a imitar a artistas que veía en la televisión.

Nacida en La Habana, empezó a actuar a los 6 años. Más tarde estudió en las escuelas de arte de Cuba y comenzó a desarrollar su propia carrera.

Después de más de tres décadas de trayectoria, Guerra reconoce que los sonidos de su isla natal son con los que más se identifica, aunque se considera una artista versátil.

“Con la música cubana es con la que siento una felicidad. El bolero también me gusta mucho, porque conecto con esa parte actoral de ir a lo más profundo”.

Limonada reúne tradición, identidad cubana, colaboración familiar y una mirada optimista frente a las pérdidas y los desafíos.

Yamila Guerra no duda en definir este álbum como “alegría, optimismo y baile”.

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