MIAMI.- “La poesía es un alma inaugurando una forma”.[i] Sobre esta afirmación de Pierre-Jean Jouve, Gaston Bachelard expresa que, incluso si la forma fuera conocida, percibida en sus lugares comunes, era, antes de la luz poética interior, un simple objeto. “Pero el alma inaugura. Es potencia primera, es dignidad humana. El alma viene a inaugurar la forma, a habitarla, a complacerse con ella”. Gisela Romero hace digno objeto de su poesía el table runner o centro de mesa de su hogar perdido en la geografía de la diáspora, convirtiéndolo en el eje de su discurso artístico sobre el destierro. Con ese tapete que vestía la mesa de las tertulias familiares de una casa desdibujada por la distancia ha reconstruido una nueva casa a partir de sus recuerdos y añoranzas, una casa sin muros, una casa en el aire como es la casa de los inmigrantes, pero basta un centro de mesa, un simple table runner, para anclarla en sí misma, en una casa esencial, una morada de inmensidad donde habitan sus sueños y a donde nos invita a compartir su mesa y admirar ese trazo de tela impregnado con sus nostalgias. Se trata de una instalación (Installation) titulada A Constant Goodbye: The Table Runner Stories, exposición de la artista Gisela Romero en el Art & History Museums Maitland, Florida, que inaugura el 27 de enero de 2024.
La inmensa intimidad de un objeto
Con un discurso artístico muy personal, en una exposición, Gisela Romero recrea su experiencia del destierro anclada a objetos cuyo significado familiar le permiten atenuar el desarraigo y las ausencias
Para muchos pasa desapercibida la enorme dimensión de la intimidad y el potencial metafórico de objetos aparentemente banales. Juan Bosco Díaz Urmeneta escribe: “Esos silenciados objetos hacen posible las relaciones que urden nuestra vida y forman eso que llamamos mundo. Esta vindicación de las cosas produce un cambio en la percepción. Porque, rescatados del anonimato, estos objetos adquieren un claro valor metonímico: son partes que remiten a un todo, a la red de relaciones en las que vivimos, a eso que llamamos mundo”.[ii]
Para Gisela Romero, su table runner es, a la vez, metáfora y metonimia: "Cuando emigré a Estados Unidos, lo hice con una sola valija. En ella puse un objeto que me pareció que vincularía mi antigua vida con la nueva que estaba a punto de empezar, un objeto que estaba en mi antigua casa y que estaría en la nueva. Para conectar con lo que dejaba y lo que me esperaba, elegí un centro de mesa o table runner, era fácil de plegar y cabía en la valija, era algo que siempre estaba presente en la mesa familiar, un objeto sencillo que yo sentía que había absorbido todas las conversaciones y el amor que tenían lugar a su alrededor, se convirtió para mí en un símbolo de la unidad de mi familia", expresa la artista.
La perspectiva clásica del arte como expresión estética convive en el presente con diversas tendencias del arte contemporáneo, una de ellas es la del Arte Conceptual, donde al margen de los cánones tradicionales, lo artístico reside en la idea del creador y su subjetividad gravita en la manera en que dispone los elementos para que el público interprete el mensaje que desea comunicar. El critico de arte John Anderson destaca que, “la obra de arte conceptual se localiza en su concepto, apoyándose en las estructuras alrededor de ella - sea el lenguaje o la institución museistica -, que dan forma a la experiencia del espectador ante la obra”.[iii]
La propuesta de Gisela Romero, que ubico dentro de esta tendencia, está concebida como una “instalación”, donde la idea resulta más significativa que la forma o el conjunto que da soporte de la obra. El objetivo es impactar al público y hacerlo interactuar activamente en la búsqueda del significado que proyecta la artista. En esta exhibición, Gisela Romero ha desplegado textos, dibujos, objetos, textiles y pinturas abstractas gravitando a partir un table runner, un simple centro de mesa o tapete de mesa. Si bien la metáfora es la sustitución de una palabra por otra, la metonimia es la conexión de una palabra con otra palabra. La metáfora se liga con el ser, la metonimia con su falta. El table runner es un objeto-sujeto que evoca esa falta y posee una inmensa intimidad. Gisela Romero revela la suya sin sutilezas al hacer ese table runner el sujeto de su destierro: “Mi retrato hoy es una obra de arte inacabada en pedazos que tal vez alguien en el futuro mire y trate de aparejar las partes para observar mi cara o mi cuerpo. Muchos inmigrantes son sólo pedazos que apenas representan lo que alguna vez fue una unidad, porque dejamos mucho en el lugar de donde venimos y es inevitable que, aunque construyamos un nuevo lugar, algo falte, nos convertimos en un cuerpo dividido. Mi mano izquierda está en un país, un ojo en otro, mi torso está en otro, una oreja en otro, mi boca en otro, una pierna está en otro. Soy pedazos de mí misma en los corazones de mi familia dispersa por el mundo. Soy fragmentos de un país de cristal que cayó al suelo y al romperse esparció sus pedazos por todas partes, sin piedad, arrastrando a quienes lo habitaban a un abismo inmerecido”.
François Cheng, escritor de la Academia Francesa, nos dice que “hubo un tiempo en que la humanidad apreciaba las cosas que le servían, sentía gratitud hacia éstas, establecía un vínculo de simpatía, manteniéndolas el mayor tiempo posible, incluso cuando estaban destartaladas. Así tratadas, las cosas adquirían una dignidad. Un trozo de tela posee alma, por haber sido testigo de nuestra vida. Los objetos que conservan preciosamente nuestros recuerdos, que a veces relegamos al olvido, pueden ser para nosotros un apoyo útil si acordamos convertirlos en interlocutores valiosos. Están ahí para recordarnos que la vida no es necesariamente un desperdicio total. Nuestros objetos familiares pueden servir de apoyo y consuelo, están ahí para llamarnos a ser felices. Si le otorgamos valor a la relación con las cosas ¿cómo no abordar finalmente la relación con uno mismo y con los demás seres?”.[iv]
El espacio de la instalación provoca en el espectador una inmersión en el concepto sobre la inmigración construido por la artista con una narrativa tan conmovedora que me recuerda lo que, en su itinerario espiritual, el escritor Oscar Milosz (1877-1939), expresó sobre los objetos-recuerdos: “Llevar a fondo el ensueño para conmoverse ante el gran museo de las cosas insignificantes, el misterio de las cosas, de los pequeños sentimientos que éstas transmiten y que nos permiten encontrar un lugar en el gran vacío de la eternidad”.[v] Para Milosz, los objetos-recuerdos nos ayudan a poner orden al pasado.
Sobre la artista
Gisela Romero (1960) es una artista visual estadounidense de origen venezolano, con más de 30 años de experiencia en el mundo del arte, vive y trabaja en Orlando, FL. Egresada en 1982 como Diseñador Gráfico del Instituto de Diseño, Fundación Neumann, Caracas; en 1985 obtuvo una licenciatura en Bellas Artes con honores de la California College of Arts, Oakland, CA.; y en 1992 una maestría en bellas artes del Pratt Institute, Nueva York. Ha sido laureada con importantes premios y reconocimientos por su obra artística expuesta en decenas de muestras individuales y colectivas en importantes galerías internacionales.
Esta exposición permanecerá desde el 27 de enero hasta el 15 de abril de 2024, en Art & History Museums of Maitland’s Maitland Art Center, localizado en 231 W. Packwood Ave. Maitland, FL 3275. El 26 de enero entre 6:30 pm y 9:00 pm será el evento inaugural.
Bibliografía
[i] Pierre Jean Jouve, En miroir. Journal sans date. Ed. Mercure de France, 1954.
[ii] Juan Bosco Díaz Urmeneta, Albert Renger-Patzsch, Viaje a las cosas mismas, 2017.
[iii] John Anderson, Conceptual Art: New Strategies for Meaning (2012). Citado por Enrique Garcia
Parreno, Virtual/Actual. Definiciones de una realidad, Facultat de Belles Arts de Sant
Carles, 2018.
[iv] François Cheng, La valeur des choses qui nous entourent. Le Figaro, 28/04/2020
[v] Oscar-Vladislas de Lubicz-Milosz, L’amoureuse initiation. Editions Alphée, 2004.
NULL
