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RESEÑA

"La Luna", del dramaturgo Eduardo Pardo, llega a las tablas de Miami

La breve obra, de apenas 20 minutos de duración, se desarrolla en la habitación de un hotel donde una pareja tuvo un encuentro sexual

Por LUIS DE LA PAZ

MIAMI.- El autor escénico venezolano Eduardo Pardo, que se desempeña como dramaturgo residente del Miami Hispanic Cultural Arts Center, ha estrenado una nueva obra suya, La Luna, que el día del estreno señaló que reformó “para ajustarla al espacio”. En esta ocasión el ajuste fue muy efectivo desde el punto de vista visual.

La breve obra, de apenas 20 minutos de duración, se desarrolla en la habitación de un hotel donde una pareja tuvo un encuentro sexual.

Cuando el público entra a la sala, queda sorprendido por el reducido espacio dedicado a lo que se podría llamar el escenario. Quizás no más de tres metros cuadrados, donde hay una silla en la que reposa un saco de hombre. También dos mesas, en una un vaso donde el personaje masculino prepara sus tragos, un reloj pulsera, juego de llaves y teléfono celular. En la otra mesa, solo una lámpara y a los pies unos zapatos rojos de mujer.

Mientras la audiencia se acomoda en sus sillas y aguarda el inicio de la obra, observa la expresión de asombro reflejada en el rostro del actor, que transmite desconcierto. La mujer permanece media cubierta tras una cortina, mientras mira por una ventana hacia el exterior. Ambos están uno de espaldas al otro. Sin duda algo pasó durante la noche de amor y esa es la esencia de esta obra, La Luna.

Un espectador atento tan pronto comienzan los parlamentos se da cuenta de lo que exactamente ocurrió. Quizás, todo se esclarece tan pronto la mujer aparta la cortina de su cara y se vira para su acompañante y le dice algo así como: “me acabas de hacer el amor y ahora no puedes levantar los ojos del piso”.

El conflicto queda planteado y se sabe que el encuentro, aunque aparentemente placentero y gozoso, no resultó tácitamente lo esperado, pues la mujer no es tan mujer. La pieza queda resumida a lo que se lee en la tarjeta que hace la función de programa de mano: “una noche fugaz puede cambiar tu vida”.

Los dos actores en escena se desenvuelven muy bien en el minúsculo espacio, quizás por ello apenas hay movimientos, pues en realidad la esencia de La Luna depende de las palabras, las miradas. No hay acción, sino un trabajo sicológico bien manejado.

Ismael Requejo logra una estupenda interpretación. Su mirada es su mejor arma actoral, dice mucho a través de los ojos. Se le nota desconcertado: “el alcohol me ayuda a olvidarme de los problemas”, dice, mientras repetidamente llena su vaso.

Las palabras allanan el camino: “soy un hombre felizmente casado y tengo un trabajo estable”. Luego: “cuando te vi me agradaste”; “todo pasó sin darme cuenta”.

Lola Bosch como Luna, también sabe dominar la escena, su comportamiento aclara la situación. Es joven, atractiva, con buena voz y dominio del ambiente que le rodea. Le imprime un giro a la obra, un giro inesperado, cuando dice: “Si te dijera que nuestra historia comenzó hace mucho tiempo”, puntualizándose que su acompañante en la cama fue años atrás su profesor de geografía, sin aclararse si además de la labor docente había pasado algo más entre ellos. Todo parece indicar que no.

La ambigüedad, las oraciones cortas, la falta de texto literario hace que el montaje se simplifique y no alcance más vuelo que el de una anécdota.

La Luna muestra el rostro de algo posible, más bien real, y que ya ha sucedido con un amplio diapasón de resultados. Las relaciones de una pareja entre un hombre y un transexual se ha abordado con éxito en el teatro, la literatura y el cine en varias ocasiones, por lo que ya el público espera un nuevo ángulo, que le imprima al hecho otra dimensión.

Vale destacar en este comentario, el logrado trabajo de luces que le estampó teatralidad a la puesta. Un concepto lumínico inteligente, que vigoriza las limitaciones propias del lugar. Un reconocimiento a quien las diseñó, pues ese dato no aparece en la tarjeta/programa.

La dirección de Eduardo Pardo es encomiable. Su larga experiencia como autor y director, con más de 100 obras teatrales y 60 montajes (una cantidad de ellos en el concepto de Microteatro), hace que la percepción general sea que La Luna es apenas una escena de una obra mayor. Falta dramaturgia. El material abunda, los elementos están presentes para logra una obra consistente. De momento, esta propuesta, como microteatro resulta efectiva.

La Luna se vuelve a presentar el viernes 11 y sábado 12 de julio, a las 9 pm., en el Miami Hispanic Cultural Arts Center, 111 SW 5ta. Ave.

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