MIAMI.- El tema de la violencia doméstica la trajo a la 38 edición del Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami la agrupación De la Legua Inc / Arteboricua, de San Juan, Puerto Rico, una propuesta sobrecogedora por exponer una temática prácticamente cercana a cada espectador, a cada familia, a cada ente de la sociedad.
La obra de teatro "Éter" refleja la vida en común
Un momento muy intenso en la obra es cuando la mujer simula ejecutar una ruleta rusa con el revólver de su esposo, que aterrorizado intenta persuadirla
La violencia es desgraciadamente endémica en el ser humano, es la manera de imponerse sobre otro, o sobre otros. No tiene género, sociedad, ni país. La más frecuente es el abuso físico y sicológico del hombre sobre la mujer. En esa dirección va Éter, obra de Mirian Pabón Catalá, bajo la dirección de Julio Ramos, quienes también la interpretan.
La propuesta puertorriqueña se presenta de una manera muy realista, con algunas visitas al pasado para hacer más clara la convivencia entre Sole y Azael, un matrimonio de 35 años de casados, sin hijos, que se complica por un accidente que deja paralítico a Azael, que en sus mejores tiempo fue por dos décadas guardia en un penitenciario.
Sole se ocupa de las necesidades de su esposo, que la cela, le impide salir, reunirse con amigas, incluso trabajar, la humilla y la golpea constantemente con saña. Nada: el retrato de millones de matrimonios alrededor del mundo.
Los dos actores son muy buenos. Mirian Pabón está todo el tiempo en control de la escena, expresiva y convincente. Su Sole domina las emociones y lleva el peso del trabajo. Incluso hay momentos en que parece un monólogo, pues su contraparte es parco, dejando que la mujer le imprima ritmo a la pieza, en la cotidianidad de un hogar.
Julio Ramos, en su doble función de actor y director, presenta a un Azael frustrado, que se sabe confinado a una silla de ruedas y dependiente de su mujer para todo. Recurre a la violencia como una manera de imponerse y querer dominar. Su desempeño como actor impacta. Su mirada cargada de desprecio, la gestualidad contenida, pues está impedido de mover el brazo derecho y tiene dificultad para hablar, se le cae la cuchara, el vaso, mueve la silla con mucho esfuerzo y el saberse un despojo humano acrecienta, su violencia. Logra muy bien su personaje.
Como ocurre en muchos casos conocidos, leídos y vistos, hay drama, situaciones extremas, abandono del hogar y hasta intento de asesinato. Una obra que muestra con crudeza el rostro feo de algunos seres humanos.
Merece elogios la escenografía del propio Julio Ramos, muy detallada de la sala de una casa, que cuida hasta lo que hay dentro de un refrigerador, que se abre solo para sacar un bote de agua, pero en su interior se observan otras cosas. Una obra realista, hasta cierto punto didáctica, que tiene como trasfondo la autoestima de los personajes, la del hombre por su condición física, la de ella por dejarse avasallar por quien intenta ayudar. Un momento muy intenso es cuando la mujer simula ejecutar una ruleta rusa con el revólver de su esposo, que aterrorizado intenta persuadirla.
En mi memoria hacía tiempo no teníamos a Puerto Rico en el Festival, y su presentación este año ha sido una grata visita, con una sólida propuesta.
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