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RESEÑA

"No me beses en el cuello": Enigma teatral hecho imagen

El director y dramaturgo Eddy Díaz Souza propone nuevamente un espectáculo visual, como recientemente hizo con Al borde del agua

Por LUIS DE LA PAZ

MIAMI.- El director y dramaturgo Eddy Díaz Souza ha ido conduciendo (y seduciendo) al público que sigue su trabajo hacia un teatro contemplativo, de manera que a través de la secuencia de imágenes va describiendo las acciones de los actores.

Su más reciente estreno, No me beses en el cuello, dramaturgia, puesta en escena y dirección del propio Díaz Souza, propone nuevamente un espectáculo visual, como recientemente hizo con Al borde del agua, otra propuesta suya centrada en el preciosismo, más que en el texto.

El propio título, No me beses en el cuello, es un enigma impenetrable. Al entrar el público a la sala, se encuentra a una mujer de espaldas, de rodillas, en posición de veneración religiosa, teniendo frente a ella varias velas encendidas y una hermosa pieza que adora: un caballo.

Tras la introducción musical, la mujer comienza a desplazarse por el escenario, mientras entra el otro actor, con unas enormes alas angelicales. Las primeras palabras remiten a una madre intentando despertar a su hija sumida en un profundo sueño. Las subsiguientes referencias aluden a ella como María de los Ángeles y a él como Rafael.

La secuencia sigue su curso indicando que el padre de la mujer está muerto. La madre se fue a algún sitio saltando “puertas” y “muros”, mientras se indica que la ciudad está en llamas y que ellos se tienen que ir. Ante la pregunta de la mujer, recibe como respuesta: “todos se han ido”.

El público recibe todas esas indicaciones y las trata de procesar, como ocurre con otras cuando se alude a Manuel Prieto, alguien que tiene presencia en toda la obra hasta el

final, pero que no resulta fácil visualizar. Se indica un encuentro en un bar, suben a un camión ruidoso, cuyo conductor es “el hombre del saco”.

Referencias que tejen un marco sensorial atractivo, con telas rojas que se extienden a lo largo, sogas que envuelven a los actores, consiguiendo a Díaz Souza un espectáculo para percibir emociones, dejando al director al descubierto que es más importante lo visual que aquellos elementos verbales que tejen lo que acontece. En No me beses en el cuello hay muchas historias que parecen que se dirigen hacia un punto, pero al ser tantas se diluyen.

Todo parece inferir que la obra es una revelación de distintos momentos de la memoria, ya que de pronto parece que se ha escapado de un lugar tenebroso y se está cruzando fronteras, pues se afirma que la mujer “se acostó con los coyotes” que la guiaba por los distintos senderos y se mencionan “las caravanas”, en referencias a las de los emigrantes.

Luego hay una ruptura inesperada. El actor expresa: “estamos en el teatro, se respira por el teatro”. Como en la obra ya mencionada Al borde del agua, estrenada hace unas pocas semanas, también hay una ruptura imprevista, haciendo girar la propuesta en teatro dentro del teatro. Para reafirmar se expresa que a “Manuel Prieto donde puedo verlo es en el teatro”.

La estructura creada por el dramaturgo y director Eddy Díaz Souza, va introduciendo en lo que se expresa connotaciones clásicas, al hacer referencias a Electra y afirmando que va de regreso a Ilión, entre otras señas del teatro y la literatura. Se habla de Troya, tal vez ahí radique la imagen inicial del caballo al que le están orando.

Ya hacia el final hay un choque también intempestivo entre Manuel Prieto y la mujer. Ella le vacía las 12 balas del peine de la pistola, mientras él de un solo disparo la fulmina.

La secuencia antes expuesta es parte de lo ocurrido en escena: muchas imágenes sugeridas, poesía y referencias culteranas se suceden. La nota del programa de mano quizás ayude a una mejor comprensión de la simbología escénica: “Inspirada en la caída mítica de Ilión (Troya) y en las rutas humanas del exilio que atraviesan nuestro tiempo,

No me beses en el cuello despliega un universo poético donde lo antiguo y lo contemporáneo conviven en una misma geografía simbólica”.

El trabajo actoral es otra cosa. Laura Alemán está excelente en su desempeño. Es una actriz muy natural, y a la vez definitoria en sus personajes, con dominio y presencia. El otro actor, Rei Prado, es muy versátil y a cada protagónico que asume le imprime una fuerza convincente.

Merecen mención la música, muy bien colocada, así como la escenografía concebida por Carlos Altime, basada en altos paneles y cajones de donde se extraer elementos para el desarrollo del programa. La producción general es de Carlos Arteaga.

Vale señalar que No me beses en el cuello viaja próximamente a Viena, Austria, para acercarle el teatro hispano de Miami, y en particular el cubano, al culto público europeo. Para esa producción los actores Ily Batista y Carlos Manuel Delgado, asumirán los personajes.

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