MIAMI.- Tras la muerte del ícono del rock Ozzy Osbourne comienzan a conocerse los detalles del millonario testamento que dejó el cantante. Más allá de los millones de dólares en juego, lo que más ha llamado la atención es la cláusula inquebrantable que impuso a sus herederos, nadie podrá vender su música, su imagen ni su legado a terceros.
Ozzy Osbourne deja millonaria herencia con cláusula clave
Ozzy Osbourne decidió ir a contracorriente y garantizar que su obra permanezca en control de su familia
La fortuna de Ozzy Osbourne se estima entre 220 y 250 millones de dólares, acumulada a lo largo de más de cinco décadas de carrera musical, programas de televisión como The Osbournes, inversiones, bienes inmuebles y derechos de autor.
Entre los bienes más relevantes se cuentan una mansión de lujo en Buckinghamshire, una colección de automóviles clásicos, incluyendo un Rolls Royce Phantom y un Aston Martin DB5, guitarras originales, manuscritos, y memorabilia invaluable.
Cláusula
Pero lo que realmente distingue el testamento de Ozzy es una condición inflexible, queda terminantemente prohibido que su familia venda su catálogo musical, su nombre, su voz o su imagen. La cláusula fue diseñada para blindar su legado frente a fondos de inversión o empresas que pudieran explotarlo con fines comerciales sin supervisión directa de sus descendientes.
De esta manera, su esposa Sharon Osbourne, así como sus seis hijos (Jessica, Elliot, Louis, Aimee, Kelly y Jack), deberán fungir no solo como herederos, sino como guardianes del legado artístico de Ozzy.
“Mi música no es mercancía”, habría dicho el artista en años recientes, dejando clara su postura frente al creciente fenómeno de ventas multimillonarias de catálogos musicales por parte de artistas como Bob Dylan, Bruce Springsteen o incluso los herederos de David Bowie.
Sin negociación
En una industria donde cada vez es más común que los derechos de autor cambien de manos, Ozzy Osbourne decidió ir a contracorriente y garantizar que su obra permanezca en control de su familia, sin riesgo de terminar en campañas publicitarias o franquicias ajenas a su esencia artística.
La cláusula testamentaria impide que sus canciones, su nombre o su imagen sean usados con fines que no reflejen su historia, su rebeldía y su visión de la música. El mensaje es claro, la herencia sí puede repartirse, pero el legado no se vende.
Mientras el mundo despide a uno de los artistas más influyentes de la historia del rock, su familia enfrenta el desafío de mantener vivo no solo su recuerdo, sino también su integridad creativa. Y lo harán bajo la firme instrucción que Ozzy dejó: su legado es sagrado y debe preservarse para siempre.
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