MIAMI.- Cuando una obra de teatro consigue trasladar al público a un lugar desconocido y a la vez hacerlo partícipe de experiencias que no ha vivido, todo lo demás que se pueda decir constituye un extra, añadido al calificativo de excelencia.
Riqueza cultural y autenticidad en ¡Viva la Parranda!
En una técnica de teatro inmersivo, los integrantes del grupo La Parranda de El Clavo, convierten la presentación en un viaje a las tradiciones afrovenezolanas
Exactamente es lo que se experimenta en ¡Viva la Parranda!, que se está presentando por estos días, los fines de semana en el Colony Theater de Miami Beach.
Oriundos de la villa El Clavo, en el estado venezolano Miranda, todos y cada uno de los integrantes en el elenco seleccionado para contar esta historia, tienen un papel crucial; cada uno aporta un detalle imprescindible.
Betzayda Machado con su voz magistral y su presencia imponente; Nereida Machado, de igual estirpe y un exquisito desplazamiento escénico; Adrián Gómez, “Ote”, el cultivador de cacao, trae arraigada la magia de quienes se entienden con el lenguaje de la naturaleza; Blanca Castillo, que, antes de identificarse, proyecta la imagen de fortaleza de quienes cargan la responsabilidad de salvar vidas, porque Blanca es enfermera; Youse Cardozo, formado en el oficio de bombero, además de percusión, le aporta al coro de voces ese tono más grave y un aspecto físico robusto, a la vez que de sentir noble; Asterio Betancourt, también percusionista, sólo de verlo, se aprecia que estamos en presencia de un atleta, dinámico y de paso firme; Nelson Gómez, el profesor, el beisbolista, que desde niño se apasionó con la percusión y hoy recrea la gran destreza alcanzada en esos bailes traídos por los ancestros africanos, que marcaban el ritmo de los tambores así fuera con los pies que cargaban el peso de grilletes y cadenas; por último, Oscar Ruiz, el “Sonerito” que heredó de su madre la pasión por la música y es una de las voces principales de ese grupo de virtuosos artistas populares.
En el espectáculo concebido con la técnica de teatro inmersivo, los espectadores comienzan a formar parte de la presentación desde que hacen entrada a la sala y pueden apreciar la flama del fuego en el que luego se cocinará el sancocho (ajiaco para quienes no estén familiarizados con el término de la receta) que en la medida que se desarrolla la trama, desprende aromas irresistibles y al final se puede saborear porque el público es invitado a probarlo.
La obra está pensada para contar realidades: las costumbres, fechas significativas, relaciones filiales que identifican el modo en el que se desarrolla la vida en ese lugar nombrado El Clavo. Pero uno de los momentos de mayor emotividad se experimenta cuando derivado del examen de ADN que cada integrante de la parranda se practicó, revelan sus orígenes, de los diversos parajes de África o América de donde descienden, a los que honran hoy al esforzarse por preservar ese acervo tan rico y diverso.
Este espectáculo, producido por Miami New Drama en el Colony Theatre de Miami Beach, celebra la autenticidad de la cultura afrovenezolana con interpretaciones musicales sacadas de instrumentos autóctonos, mientras los artistas describen incluso el material y la técnica con los que fueron fabricados.
Dirigida por Juan Carlos Souki, la obra permanece en escena hasta el 17 de agosto.
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