MIAMI.-Entre desgarradoras arias, extensas sesiones de maquillaje y varias capas de vestuario, la soprano Sandra López se convierte en la geisha sufrida Cio-Cio San, rol protagónico en Madama Butterfly, la ópera de Giacomo Puccini que la Florida Grand Opera trae a escena bajo la dirección de E. Loren Meeker.
Sandra López: "Madama Butterfly es el personaje más difícil que he realizado"
“Son siete capas de quimonos con otro encima, libras y libras de vestuario. Hay que subir y bajar piedras para hacer la casa japonesa. Hay que respetar el coro, son tantas cosas, solamente la actuación es un reto increíble, y después combinarla con la voz. Y todo eso sin que el público se dé cuenta de lo que enfrentas, no se debe notar la técnica”, detalló Sandra López sobre aspectos de la producción.
“Y después viene el maquillaje, veo en el espejo cómo voy cambiando, ya no soy Sandra, ahora soy Cio-Cio San, la Butterfly: me ponen la peluca, me ponen una capa, y la próxima, y el próximo quimono, las flores en la cabeza. Y empiezo a caminar por el pasillo, porque también tengo que caminar distinto, tiene que parecer que estoy flotando, como lo hace una geisha, como si tuviera ruedas debajo del quimono. También, la disciplina mental tiene que coordinar con la física, tengo que manejar el abanico que es algo muy específico, el movimiento, la cabeza, los ángulos de los pies que usan las geishas. Es todo un reto, pero esos son los pormenores que cambian la percepción del público, los transportamos a Japón. Es el personaje más difícil que he realizado”, añadió.
Madama Butterfly, cantada en italiano con subtítulos en inglés y español proyectados en el escenario, se exhibe en el Ziff Ballet Opera House del Arsht Center, en Miami, el jueves 23 de enero y domingo 26, y en el Au-Rene Theater del Broward Center for the Perfoming Arts, en Ft. Lauderdale, el jueves 30 y sábado 1ro de febrero.
La trama
Ambientada en la ciudad japonesa de Nagasaki a inicios de los años 1890, la obra cuenta la historia de una quinceañera que sufre una desilusión amorosa a manos de un marinero americano. A raíz del desengaño, la joven se siente deshonrada y tan desdichada que llega a cometer el haraquiri (forma de suicidio ritual que se practica en Japón por cuestiones de honor, que consiste en abrirse el vientre).
Para López, quien ha perfeccionado la interpretación de este personaje luego de haberlo encarnado en múltiples ocasiones en los grandes teatros del mundo, Madama Buttefly insta a reflexionar sobre la importancia de entender y abrazar las diferencias culturales para funcionar mejor como sociedad.
“Hoy día es casi inconcebible que uno se suicide en una situación así. En esos tiempos y en esa cultura, ella no podía seguir con vida sin honor, y lo había perdido”, explicó López en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS.
Reflexiones
Y agregó que se trata de un tema que aún conserva vigencia y guarda relación con otros asuntos.
“Es una historia particular de su tiempo, pero también hoy en día estamos enfrentando conflictos entre países por cuestiones culturales, por malentendidos y no saber cómo enfrentar situaciones en culturas que no conocemos. En este caso, el americano no entendía lo que hacía; lo hizo sin entender lo que eso representaba para ella, no lo hizo por maldad, sino por desconocimiento, porque no entendía las consecuencias. Y eso aún es importante, es vigente”.
“A pesar de que hoy nos podemos educar sobre las diferentes culturas, podemos estudiar y existe la diplomacia, creo que en la política de hoy en día podemos ver que hay problemas al entender otras culturas y las consecuencias de tomar ciertas acciones en ciertas sociedades. Y a veces nos sorprenden las reacciones, pero es que hay que tomar el tiempo para respetar las diferencias para poder tomar los pasos adecuados con respeto y mucho amor hacia las otras culturas”, enfatizó.
La soprano estadounidense, de madre ecuatoriana y padre cubano, esta vez se propone resaltar el lado humano del personaje, aunque también tiene que captar la esencia de la cultura japonesa.
“Yo trato de proyectar esa humanidad que me conmueve, porque a veces por ser una historia japonesa, tratamos de representar que son muy reservados, pero el público también necesita entender ese sufrimiento. Tenemos una directora inteligentísima, estamos haciendo una producción completamente tradicional, con sets y vestuario tradicionales”, indicó.
“Queremos que el público entienda todas las capas de esta historia: el honor, la familia, mantener la frente en alto ante tanta tragedia, pero también que ella está sufriendo en lo más profundo de su ser porque lo ha perdido todo”, agregó.
Asimismo, se trata de respetar y aceptar otras formas de amar.
“Lo lindo de esta historia es ver que, a pesar de lo reservado de la cultura japonesa de esa época y que no muestran tantas emociones, lo hacen con tanta dignidad y respeto. Esa es la forma en la que muestran amor. Y debemos entender cuáles son las formas correctas de mostrar respeto y amor mutuo entre diferentes sociedades”, afirmó.
Pero además de lo que significa ejecutar esta ópera, entonar sus arias remonta a López a su niñez. Desde ese entonces nutría la predilección por la música clásica.
“Mi bisabuela materna estudió el canto. Nació en 1920, en esos años Madama Butterfly era una obra nueva. Ella le cantaba a mi abuela esas melodías para dormirla, y mi abuela me dormía con la melodía del segundo acto, Un bel dì vedremo, el aria más famosa de la ópera. Yo no supe lo que era hasta que empecé a cantar ópera”, recordó.
Su trayectoria
López estudió música en la Universidad de Miami y con su voz inauguró el Arsht Center hace más de una década, pero su carrera artística despuntó tras ganar una competencia del Metropolitan Opera House, en Nueva York. Años después acompañó a Andrea Bocelli en una de sus giras internacionales.
Fue en el Met donde debutó con Plácido Domingo y recibió asesoría de las grandes sopranos de aquel entonces. Muchos años atrás, López ya había visto actuar al tenor, quien fuera un referente artístico en su carrera.
“Cuando yo era niña vivimos un año en la Ciudad de México por el trabajo de mi padre, y fue la primera vez que fui a la Ópera, no recuerdo a la soprano, pero sí recuerdo que cantó Plácido Domingo y yo estaba anonadada, no pude hablar por varios días y ahí empezó mi fiebre por la ópera. Empecé a tocar viola, porque quería tocar en la orquesta y ensayaba piano, veía videos de las óperas, la primera que me conmovió fue Tosca, después me enamoré de Carmen, destrocé el VHS de tantas veces que la vi”, contó.
“Cuando llegué al Met que me dieron el primer papel y me di cuenta de cuál sería el elenco, casi no podía hablar, porque para mí él era una gran estrella en ese mundo de la ópera”.
Sobre las supuestas acusaciones de acoso sexual que pesan sobre el tenor, manifestó:
“Le tengo el máximo respeto. No puedo contradecir las experiencias de otras personas, pero puedo decir lo mismo que la soprano Ana María Martinez puso en Facebook cuando todo esto empezó: conmigo siempre se portó como un caballero. Pero también tenemos que respetar a las mujeres que quieren defenderse y contar su historia. Me da tanta pena, porque creo él ha usado su fama para promover el arte”.
“Hubo quien me ofreció ciertas oportunidades que yo no acepté, porque era claro lo que buscaban, pero nunca sentí que no podía decir que no. Y entendí que eso me cerraba puertas, y doy gracias a Dios que he podido cantar y tener oportunidades sin tener que comprometerme. Soy religiosa, de una familia muy católica, y un día quiero enfrentar a Dios sabiendo que hice lo correcto”.
Para boletos o más información, visite fgo.org o arshtcenter.org.
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