MIAMI.- A pesar de vivir en una estructura social patriarcal, la gran mayoría de los países del mundo son matricentrista. Con resultados funestos para nuestro desarrollo psicosocial, la figura del padre ha sido denostada de los hogares y el imaginario colectivo desde hace muchos años. Como bien lo explica el analista junguiano Luigi Zoja en El gesto de Hector: “La gradual descomposición de la firma paterna tiene dos caras. Una es simbólica, cultural, y concierne a los valores e imágenes-guía. La sociedad se seculariza. En los cielos no hay ningún Padre absoluto. La referencia universal, el símbolo de los símbolos, ha desaparecido. Hasta los «padres de la Patria» se han olvidado o se leen como ejemplos negativos. La segunda cara es estadística. Los padres desaparecen de la familia. El siglo xx se ha convertido en el del divorcio, que en Estados Unidos ha aumentado en un 700 por ciento. A pesar del progreso formal de las costumbres y de las leyes, la inmensa mayoría de los niños siguen viviendo con sus madres. En los grupos sociales y en las ciudades de moda, la mitad de los niños crece sin padre”.
"She Rides Shotgun", la redención del padre
Taron Egerton interpreta a un antihéroe desesperado por salvar a su pequeña hija en She Rides Shotgun, una historia de violencia y amor
No obstante, y funcionando casi como un principio de compensación enantiodrómico para contrastar con la realidad que vivimos, el cine sigue trayéndonos historias donde lo paterno está presente con todas sus complejidades. Desde la sobreprotección de Marlin en Finding Nemo, pasando por la resiliencia de David Sheff en Beautiful Boy, hasta llegar a la crudeza de un Logan Roy en Succession, el cine y las series se han encargado de explorar el arquetipo paterno con sus luces y sombras, trayendo a la palestra la importancia de su presencia en nuestras vidas. Este es precisamente el corazón de She Rides Shotgun, una historia donde un padre hará todo para proteger a su hija durante una cacería humana que se cierne sobre ellos.
Basada en la novela homónima de Jordan Harper, She Rides Shotgun, nos cuenta la historia de Nate Mcclusky (Taron Egerton), un ex-convicto envuelto en una serie de actividades ilegales y peligrosas. Acciones que desatan sobre él y sus seres queridos la furia de un cartel criminal implacable y que lo obligarán a tener que secuestrar a su hija Polly Huff (Ana Sophia Heger) para protegerla. Aterrorizada por ser alejada de su madre y enfrentándose de golpe con un mundo hostil, Polly irá conociendo a su padre mientras que un ticking clock los obliga a huir por desérticos parajes donde cada decisión los lleva a moverse entre la vida y la muerte.
Escrita por Ben Collins y Luke Piotrowski( The Night House, Super Dark Times) con el apoyo del autor original de la novela, She Rides Shotgun es una suerte de road movie (la mayoría de la historia transcurre en el carretera y tiene como foco un viaje de transformación y maduración para ambos protagonistas), llena de persecuciones (con secuencias de acción donde lo importante no es el tamaño o la coreografía sino la tensión que se genera al tener a una niña envuelta en ellas), en un contexto de crime movie (donde la mafia tiene un poder casi infinito, infiltrándose en la policía, haciendo que todo sea una potencial amenaza) y teniendo como núcleo un drama paterno filial (en el que padre e hija intentarán construir un vínculo emocional que es puesto a prueba constantemente por una realidad hostil y peligrosa). Esta mezcla de elementos tan conocidos hace que la película se sienta familiar —y hasta cierto punto, previsible—, pero le da a los guionistas la libertad de apoyarse en convenciones clásicas para poner el foco en el verdadero corazón de la historia: la relación entre Nate y Polly.
Dirigida por Nick Rowland (Calm with Horses, Floodlights), She Rides Shotgun tiene una puesta en escena modesta y una propuesta visual sobria —casi rozando el minimalismo— que se complementa con la belleza que le imprime a cada cuadro la cinematografía de Wyatt Garfield (A Different Man, III). Sin muchos aspavientos en el apartado técnico, Rowland, hace que la película se sostenga en las interpretaciones maravillosas de Taron Egerton (quien da vida a un personaje completamente diferente a los roles previos en los que lo hemos visto) y Ana Sophia Heger (la gran sorpresa de la película, una niña prodigio que recuerda a los primeros trabajos de Dakota Fanning). Juntos le imprimen un toque profundamente personal a la historia, subsanado una relación rota entre padre e hija que comienza con mucho recelo (donde ninguno confía en el otro y se temen mutuamente) y que, progresivamente (en un tiempo muy corto tiempo, pero acelerado por la intensidad de lo que viven) termina de aflorar de forma natural hasta el punto de conmovernos. El resultado es que la historia de mafia, corrupción y violencia quede como telón de fondo, haciendo que el verdadero atractivo del largometraje sea la dinámica entre padre e hija.
She Rides Shotgun es una grata sorpresa en la escena del cine indie este año. Con una dirección sólida, una cinematografía hermosa y una premisa que nos puede resultar muy familiar, la película brilla en su desarrollo gracias a las interpretaciones viscerales de todos sus personajes (especialmente la dupla protagónica y del antagonista, John Carroll Lynch). Utilizando como excusa la violencia y las pandillas para reunir a un padre con su hija, la historia nos engancha y triunfa cuando entra en el terreno del drama íntimo. Sin ser efectista en su puesta en escena o querer sorprendernos con vueltas de tuerca, She Rides Shotgun nos deja conmovidos invitándonos a reflexionar sobre nuestra capacidad de sacrificarnos por salvar aquello que tanto amamos y recordándonos que, sin importar el contexto, nunca es tarde para buscar la redención.
Lo mejor: la dupla de Taron Egerton y Ana Sophia Heger, los dos sostienen la película en sus hombros y están para llevarse todos los premios de la temporada. La tensión que posee cada una de las secuencias de acción.
Lo malo: aunque no intenta inventar el agua tibia, no aporta mucho a la premisa de “proteger a alguien a toda costa” y su desarrollo es casi lineal. Aunque su desenlace era previsible, la ejecución del último acto le resta puntos.
Sobre el autor
Luis Bond es director, guionista, editor y profesor especializado en cátedras de guion, construcción de personajes, dirección, mitología, arquetipos y lenguaje simbólicos. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes (https://www.rottentomatoes.com/critics/luis-bond/movies ), miembro de LEJA y Florida Film Critics Circle. Su formación en cine se ha complementado con estudios en Psicología Analítica profunda y Simbología.
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