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ACTIVISMO

Un proyecto de danza busca ayudar a artistas venezolanos

La periodista venezolana Marcy Alejandra Rangel presenta este sábado en Miami la peculiar plataforma de danza "Al Son Que Nos Toquen"
Por GRETHEL DELGADO

MIAMI— La periodista Marcy Alejandra Rangel presentará su plataforma de danza Al son que nos toquen este sábado 15 de octubre a partir de las 4 pm en el café Macondo, en Kendall, al suroeste de Miami.

Un libro homónimo forma parte de este proyecto que busca ayudar a los bailarines que, a pesar de los obstáculos, siguen defendiendo el arte en Venezuela. La presentación también incluye un conversatorio entre la autora, la maestra de danza Anita Vivas, y la periodista Marianna Gómez.

En el título del proyecto radica la belleza y tenacidad del bailarín que se impone al cansancio, al rigor del entrenamiento y al reto de danzar en distintos registros. Cuando hay talento, cualquier pista es idónea para demostrarlo.

Como reza el comunicado del proyecto, estos artistas se dedican “a la docencia de actividades como yoga o pilates para investigar otros movimientos y hasta para poder mantenerse, formando negocios familiares, emigrando o ensayando poco”.

proyecto de danza "Al son que nos toquen"- cortesía de la autora

Cartel de la presentación del proyecto de danza "Al son que nos toquen".

Un registro de la danza contemporánea en Venezuela

En charla con DIARIO LAS AMÉRICAS, Marcy contó que Al son que nos toquen “es un aporte para que en los escenarios venezolanos nunca baje el telón”. Su texto agrupa unos 20 testimonios que se engranan en una crónica en la que trabajó como parte de su tesis de Periodismo en la UCAB, de donde se graduó en 2011.

Su intención fue “dejar registro de la danza contemporánea, porque en Venezuela todo está por hacerse, pero es importante tener un punto de partida. En el país no existía un libro como este desde los años 80, cuando la bailarina y gestora cultural venezolana Andreína Womutt intentó contar la historia de la danza hasta ese momento, pero todas las compañías que aquí están retratadas tenían un trabajo incipiente que se fue profesionalizando con los años, hasta ser referente de compañías en América Latina”.

La autora, que bailó danza contemporánea entre los 3 y 18 años de edad, se movió a la salsa y a eso se dedica en Bogotá, Colombia, donde vive hace unos 5 años. Es por eso que su “contacto con la historia de vida de muchos bailarines me ha dado la oportunidad de entender que todos bailan ‘al son que nos toquen’, porque si de algo saben bien es del arte de resolver”.

Como recalcó, “la danza contemporánea llegó a Venezuela en los años 60 gracias a un mexicano, en el mismísimo momento que comenzó la democracia en el país. Por eso se puede hacer este paralelismo que sirve también para entendernos como sociedad a través de la escena". Como recalcó, “la danza contemporánea llegó a Venezuela en los años 60 gracias a un mexicano, en el mismísimo momento que comenzó la democracia en el país. Por eso se puede hacer este paralelismo que sirve también para entendernos como sociedad a través de la escena".

En cuanto a los retos que enfrentó durante la investigación, resaltó la dificultad de acceder “a las fuentes oficiales y la reticencia de los bailarines a la hora de acercarme a hacer las entrevistas”.

Marcy planteó que “en Venezuela hay una Universidad Nacional Experimental de las Artes que fue el resultado de una mezcla de los institutos de estudios escénicos y musicales que otrora se manejaban de manera independiente. Esta unión hizo que esa nueva universidad funcionara en los espacios del recién expropiado Ateneo de Caracas, un centro cultural muy importante en mi ciudad que se vino a menos desde entonces”.

Además, “por la misma época hubo vaguadas que resultaron en damnificados ocupando teatros y museos como centros de acopio por orden gubernamental, solo por dar un par de ejemplos”. De ahí que, “con todo ese movimiento, los funcionarios, los bailarines que comenzaron a dar clase ahí o ensayaban en esos espacios se volvieron muy escépticos al uso de la información que pudieran darles a periodistas o medios de comunicación”.

Otro punto es que “los bailarines están muy acostumbrados a que su disciplina sea uno de los eslabones más débiles de la cultura y no sea reconocido por los medios de comunicación”.

Por eso, añadió, “el reto para mí es que a esta investigación se le dé el puesto que merece dentro de la danza, que haya un ejemplar en cada centro cultural, biblioteca universitaria o estudio de danza que pueda estar interesado en saber de dónde venimos y hacia dónde pudiéramos ir si empezamos a escribir unas páginas diferentes”.

Sobre la importancia de visibilizar el sacrificio de los bailarines en Venezuela, que luchan contra viento y marea para hacer su arte, destacó que “en la medida en que tengamos más bailarines en el escenario podremos inspirar a los gestores culturales a generar programas -y ojalá leyes- que Sean transversales para lograr que la cultura en Venezuela tenga un público que sepa apreciar la danza como disciplina y como sustento, unos bailarines que hagan espectáculos más atractivos y digeribles para ese público, unos papás que apoyen a sus hijos e hijas si quieren ser profesionales de la danza y una empresa pública y privada que pueda apostarle a proyectos como este, que le apuesta a la trascendencia”.

El libro como objeto de arte y el mundo del NFT

El título se imprimió “gracias a una campaña de preventa que apoyaron 60 personas en 19 ciudades del mundo y que recibieron una asesoría creativa gratuita como recompensa”.

Su idea de “convertir el libro en un objeto de arte, gracias a su diseño no convencional, le valió que este fuera seleccionado como parte de la Bienal Iberoamericana de Diseño de Madrid, que tendrá lugar del 21 al 25 de noviembre.

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Eloísa Maturén escribió el prólogo, Jesús Torrivilla trabajó en la edición, Virginia Riquelme en la corrección, Yonel Hernández y Eddymir Briceño en el diseño, Roland Streuli en las imágenes y Rodnei Casares en la coordinación editorial.

Este proyecto es inédito en tanto contiene una aproximación muy completa del tema de la danza en Venezuela, desde el testimonio y el ejercicio de contar un país desde el baile, y además suma una colección de NFT que ayuda a recaudar fondos para esos bailarines que sueñan con seguir creando magia sobre los escenarios.

Las fotografías del libro, del suizo Roland Streuli, tomadas en Caracas, y las del venezolano Jesús Salazar Cabrera, hechas en calles Shenzhen, China, se convirtieron en elementos digitales o tokens en el mundo NFT (non-fungible token), de modo que los fondos que se recauden tras sus ventas se destinarán a becas para estudiantes de danza, y a propiciar actividades como talleres y presentaciones comunitarias.

Cortesía / Marcy Alejandra Rangel

Detalles del libro.

Las presentaciones del proyecto ofrecen la posibilidad de realizar eventos más dinámicos, con la participación de bailarines, en una forma de visibilizar el trabajo de estos creadores. En lanzamientos anteriores en Caracas, Bogotá y Medellín, miles de personas han conocido en primer plano las interioridades de la vida de un bailarín en Venezuela.

“Hemos tenido 7 eventos hasta ahora: 4 en Caracas, a los que asistieron 1300 personas; fui parte de una aceleradora de proyectos en Bogotá y tuve una presentación allá; luego me invitaron a dar un discurso para graduandos venezolanos en Medellín, donde también se presentó el libro; y ahora las noticias de Miami y Madrid”, acotó Marcy.

Más sobre la autora

Marcy Alejandra Rangel es periodista, magister en Gestión y Políticas Culturales y cuenta con una certificación en Music Business por la Pontificia Universidad Javeriana. Cuenta con 13 años de experiencia dentro del campo cultural como cronista cultural y jefe de prensa y 3 años dentro de la industria de la música en América Latina, donde ha trabajado con Systema Solar, producciones de Sebastián Yatra y Gilberto Santa Rosa y, más recientemente, como Digital Marketing Lead en la división latina de Interscope Records y parte del departamento digital de Wisin desde Bogotá, donde reside desde 2017.

Adicionalmente, durante 2022 ha llevado a cabo su proyecto Al son que nos toquen, una referencia en modelos de gestión cultural de proyectos de danza en Venezuela.

La cita es este sábado 15 de octubre a las 4 pm en Macondo Coffee Roasters, en Kendall. 13021 SW 88th St, Miami, FL 33186.

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