MIAMI.-- “Hoy canto, bailo, río, sonrío y respiro. Soy amor, vida, salud y abundancia. Creo mi propio destino”, manifestó Yordamiss Megret al recordar que un diagnóstico médico no le robó la alegría, aunque sí le hizo redefinir sus prioridades, incluso redescubrir un nuevo propósito en la música.
Yordamiss Megret: "Hoy canto y bailo mi historia"
La cantante reflexiona sobre el diagnóstico que la condujo por un camino de autoconocimiento e impulsó un cambio de estilo de vida, ahora más sano
La cantante de origen cubano vive con esclerosis múltiple, una enfermedad que le afectó temporalmente la memoria y las funciones cognitivas, pero que no le impide seguir adelante con optimismo y hacer lo que le apasiona en el escenario.
“Yo digo que Dios me habla a través de la música. Y la respuesta en aquel momento fue que no estoy aquí para cantar por cantar, sino para usar el canto como herramienta de sanación mientras sano a otros. Entonces eso es la música para mí hoy. Primero porque me sana a mí misma. No hay nada que yo haga que no le ponga música; vive en mí, esa es la esencia”, expresó Yordamiss Megret a DIARIO LAS AMÉRICAS.
En su nuevo show, Confesiones, cuenta su historia entre canciones e imágenes que van hilvanando momentos que la han marcado.
“En este camino de transformación, he encontrado con coaches, mentores, con personas mágicas, con ángeles que me han mostrado cosas que yo no veía. Porque uno tiene que salirse de su zona de confort y ampliar su espectro. Y entonces encontré que la lealtad familiar te hace repetir patrones, que las creencias implantadas te hacen salirte de lo que es tu esencia. Y Confesiones es eso: honrar a mi linaje, respetarlo, celebrarlo, porque si hubiera faltado alguien de mi árbol genealógico, yo no estuviera aquí. Entonces voy contando toda esa historia, el por qué esas cosas sucedieron en mi vida y el para qué de cada cosa, hasta llegar a mis hijos. Y a través de fotos y elementos, todos, desde mis abuelos hasta mis hijos, suben al escenario”, dijo.
Confesiones, que Megret se propone llevar de gira a otras latitudes, ya pasó por Miami y llega el 21 de noviembre a Orlando, para continuar rumbo Atlanta en diciembre.
“Quiero llevarlo a todas partes, a todos los rincones del mundo, donde yo pueda llevar mi experiencia. Hice una trilogía aquí en Miami, en Clandestino, que fue el lugar que me dio esa visión. Lo elegí porque quería que tuviera pantallas, luces, un sonido espectacular y que fuera muy íntimo para interactuar, mirar a los ojos. Y llegar a la energía del público. Cuando abrazo, lo hago para sentir el corazón del otro y que el otro sienta el mío. Eso es el espacio de Confesiones”, dijo.
Asimismo, recordó cómo cambió su vida hace dos años tras recibir la noticia.
“En ese momento del diagnóstico uno siente confusión, tiene incertidumbre, da un susto en el estómago, sobre todo, un vacío. Sin embargo, de repente me llegó una claridad que me pregunté para qué Dios me estaba preparando, porque perdí la visión del ojo derecho; veía un halo en luces verdes, rojas y amarillas, los colores de la Navidad. Y a partir de ahí empecé este autodescubrimiento. Quería entender qué había pasado, qué no había hecho o había hecho tan mal que somaticé eso en mi cuerpo, en espasmos en los pies; no podía caminar, tenía que soltar los zapatos porque se me engarrotaban los dedos; perdí toda la sensibilidad de una parte del cuerpo por entumecimientos; tenía incontinencia urinaria”, contó.
“Y ese ha sido el camino, desde diciembre de 2023 hasta aquí. También me he vuelto más empática, porque hubo mucha falta de empatía. Cuando empecé a perder memoria, porque tuve pérdida de memoria temporal y las cognitivas fueron se vieron más afectadas, las personas no entendían cuando olvidaba cosas que tenía que hacer. Eso me estaba sucediendo. Yo no pedí ayuda porque ni siquiera entendía lo que me estaba sucediendo y tampoco recibí empatía. Y ahí entendí que hay que estar en ese círculo donde las personas te conozcan tanto que cuando vean que algo no está bien contigo, salgan a tirarse al fondo de la piscina y te rescaten de alguna manera”, añadió.
Una vez olvidó apagar el auto y aparcarlo. Tampoco recordó cómo regresar a casa.
“Olvidaba todo. Desde que fui a un evento y mi esposo tuvo que salir a buscar el auto porque estuvo cuatro horas con la llave puesta, en el medio de la calle, no en un parqueo. Me olvidaba de que me iba a casa y dónde tenía que doblar para llegar. Y cuando estaba por allá, me decía, ¿dónde está mi casa? Entonces se me olvidaban las cosas. Me pasó que tuve que grabar nueve o 12 veces, no recuerdo. Y ahí fue cuando dije: vamos al doctor porque algo pasa”, contó.
Sin embargo, aprendió a encontrar lo positivo de esa situación tan difícil.
“Una enfermedad no viene a tumbarte, un diagnóstico no te define. Viene como un maestro a enseñarte lo que no has hecho correctamente y a guiarte para que despiertes. Es un despertar de conciencia. El diagnóstico fue lo más difícil, definitivamente, porque vino a reconfirmar todo lo que no estaba escuchando ni viendo. Porque los espasmos venían, los dolores en el cuello, en la columna; no poder caminar, te duele la rodilla o se te traba la pierna, o sea, muchas veces el cuerpo te está hablando y estás ignorándolo. Entonces, he aprendido a estar consciente, que no venimos aquí a correr más rápido, sino a caminar más conscientes, más despacio; a volvernos observadores conscientes de nuestros pensamientos”, reflexionó.
Y con ese despertar de conciencia llegó una transformación, acompañada de un profundo agradecimiento por cada logro sin importar el tamaño.
“Además de volverme observadora consciente, tuve que cambiar mi estilo de vida totalmente; ahora mi alimentación es 70% crudo, 30% cocido; no consumo ningún tipo de polvos, todo es muy natural. Como intuitivamente, no por saciarme, sino porque mi cuerpo me lo pide, me hidrato más; soy más empática, y trato de estar más presente en todo y para todos, pero, sobre todo, para mí. Ha sido un cambio para bien, observo y escucho todo; si no me piden una opinión, no la doy”, expuso.
“Creo en honrar, valorar, respetar, admirar, celebrar cada momento de la vida. Cada paso para mí es un milagro y eso lo celebro. Vivo en gratitud por todo. Desde que me despierto, hasta que llego al baño y me cepillo los dientes, doy gracias. Cuando miro a mis hijos o cuando estoy en la cama y escucho los pajaritos en la mañana, doy gracias. Todo en gratitud. Yo soy feliz, soy expansión, soy coherencia en mi vibración. Sané mil heridas, suelto el control. Honro a mi linaje, florezco a color. Agradezco lo que tengo, es una bendición. Hoy canto y bailo mi historia desde el corazón”.
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