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Fútbol

La llegada de Rosenior a Chelsea destapa el lado más cruel de la multipropiedad en el fútbol

La marcha de Liam Rosenior del banquillo del Estrasburgo para convertirse en nuevo entrenador del Chelsea ha vuelto a poner en primer plano las tensiones y contradicciones del modelo de multipropiedad

Por Pedro Felipe Hernández

La marcha de Liam Rosenior del banquillo del Estrasburgo para convertirse en nuevo entrenador del Chelsea ha vuelto a poner en primer plano las tensiones y contradicciones del modelo de multipropiedad de clubes, una tendencia en pleno auge en el fútbol mundial pero cada vez más cuestionada por las aficiones.

El técnico inglés, de 41 años, dio un salto meteórico desde un club modesto de la Ligue 1 hasta uno de los gigantes de la Premier League. Ambos equipos pertenecen al consorcio estadounidense BlueCo, liderado por Todd Boehly, lo que ha generado un profundo malestar entre los seguidores del conjunto francés.

Una jerarquía clara dentro de los consorcios

A nivel global, se estima que entre 200 y 300 clubes forman parte de estructuras de multipropiedad. Grupos como City Football Group (Manchester City) o Ineos (Manchester United) encabezan un modelo que establece una jerarquía interna evidente: no todos los clubes juegan el mismo papel.

En muchos casos, los equipos situados por debajo terminan funcionando como clubes formadores o de tránsito, cediendo talento deportivo y humano a la entidad principal del grupo.

Estrasburgo, un club al servicio del proyecto

La salida de Rosenior no ha sido un caso aislado. Los aficionados del Estrasburgo ya estaban molestos tras conocerse que su capitán y goleador, Emmanuel Emegha, se incorporará al Chelsea la próxima temporada.

Desde el ámbito académico, se reconoce esta realidad. Para Christophe Lepetit, experto en derecho y economía del deporte, los clubes que no lideran estos consorcios deben asumir que forman parte de una estrategia mayor.

Sin embargo, también señala que la multipropiedad ofrece ventajas deportivas, como el acceso a jugadores que de otro modo serían inalcanzables y la posibilidad de retener talento clave durante más tiempo.

Beneficios deportivos, coste emocional

Gracias a su vínculo con Chelsea, el Estrasburgo ha contado con futbolistas de primer nivel como Ben Chilwell o anteriormente Andrey Santos, además de poder mantener a jugadores importantes como Joaquín Panichelli, autor de 10 goles en la presente temporada.

Aun así, la sensación de pérdida de independencia ha calado hondo en la afición. Para muchos seguidores, el club ha dejado de decidir su propio destino.

La identidad del hincha, en riesgo

El economista deportivo Luc Arrondel subraya que el principal conflicto es identitario. Los aficionados se perciben como los únicos verdaderamente fieles a los colores, en un contexto donde jugadores, entrenadores e incluso propietarios cambian constantemente.

Este sentimiento se ve reforzado por la entrada masiva de fondos de inversión en el fútbol, que buscan reducir riesgos diversificando activos y maximizando beneficios mediante la compraventa de jugadores y clubes.

Impacto también en las competiciones europeas

El modelo ya tiene consecuencias directas en el plano deportivo. Las normas de la UEFA obligaron recientemente al Crystal Palace a disputar la Conference League en lugar de la Europa League para evitar un conflicto con el Lyon, club perteneciente al mismo grupo empresarial.

Un modelo en expansión y bajo debate

Mientras la multipropiedad continúa expandiéndose a nivel mundial, crecen las dudas sobre su sostenibilidad emocional y deportiva. El desafío para los consorcios será gestionar sus intereses sin romper el vínculo entre los clubes y sus aficiones, cada vez más críticas con un sistema que prioriza la lógica empresarial sobre la identidad histórica.

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