domingo 4  de  octubre 2026
INDUSTRIA AUTOMOTRIZ

Trump rescata del "gran fiasco" a los fabricantes de vehículos en EEUU

El presidente Donald J. Trump eliminó las restricciones impuestas por el gobierno de Joe Biden que hicieron subir los precios de los automóviles y causaron decenas de miles de millones de dólares en pérdidas a las automotrices

Por Leonardo Morales

Si hay alguien que recuerde cada día el fiasco de las políticas ambientalistas impulsadas por los gobiernos de Barack Hussein Obama y Joe Biden son los fabricantes estadounidenses de vehículos, que por deslumbramiento de subsidios federales o camisa de fuerza, cayeron en la trampa de la transición masiva y descabellada hacia los vehículos eléctricos.

Con la promesa de que el futuro inmediato ya no pertenecía a los motores de combustión interna, Biden y congresistas de ambos partidos introdujeron en un abismo a las tres principales automotrices norteamericanas, que hasta ese momento habían sido las abanderadas de los índices de consumo dentro y fuera de EEUU, junto a otros sectores.

El éxito de Tesla y la competencia china despertaron la fiebre de inversiones y cambios dentro del mercado tradicional automotriz. Los grandes fabricantes fueron detrás del “pez gordo” casi a ciegas y con la apuesta de que la preferencia de los conductores se inclinaba de manera fugaz hacia las baterías, para dejar atrás los vehículos de gasolina y diésel. En parte, también fueron forzados por regulaciones insólitas de la anterior administración demócrata y su agenda de ultraizquierda. El tropiezo ha sido brutal e histórico.

El gobierno de Biden-Obama fue mucho más lejos en teoría y pronóstico después de que cabildeara un paquete de más de 150.000 millones de dólares en el Congreso en Washington para entrar en la “pantanosa era automotriz de la electricidad”.

Crédito fiscal y grandes pérdidas

A partir del 16 de agosto de 2022, durante el mandato de Biden, a cada comprador de un vehículo eléctrico se le otorgó un crédito fiscal por 7.500 dólares junto a otros incentivos a empleados de plantas de fabricación y exenciones de impuestos a las compañías. Todo bajo el amparo de la controversial “Ley de Reducción de la Inflación”.

Con todo lo anterior, el fiasco se hizo histórico y gigantesco. Las ventas no superaron el 8% del total de los vehículos vendidos en EEUU. Lo peor vino después.

Ford y General Motors apostaron por la fabricación de camiones y camionetas eléctricas, decisión que casi duplicó las pérdidas por el costo súper elevado en la producción y una casi nula aceptación en la demanda. Al final, tuvieron que desistir, pero el daño ya estaba hecho: las restricciones medio ambientales sobre la emisión de dióxido de carbono incrementaron en más de un 30% el costo de fabricación de vehículos, que hizo disparar el precio para los consumidores y, por ende, el descalabro en las ventas.

Los datos hablan por sí mismos. La errónea decisión de los fabricantes estadounidenses, con la presión y trasfondo político globalista de los demócratas, prendió la mecha de detonación.

La guerra abierta y frenética contra las petroleras estadounidense para imponer la energía eólica, eléctrica y solar, terminaron en el gran fracaso de la industria automotriz norteamericana, como parte de la agenda “progresista” o socialista 2030.

General Motors asumió más de 7.000 millones de dólares sólo en cargos relacionados con los vehículos eléctricos y canceló proyectos como la furgoneta comercial Chevrolet BrigthDrop. Y, además, rediseñó varias plantas para regresar a los motores de gasolina.

Ford Motors acumula cerca de 21.000 millones de dólares en cargos y ajustes hasta el 2027, junto a la cancelación de las producciones de la camioneta insignia Ford F-150, pero la versión eléctrica (F-150 Lightning).

Y el mayor impacto se lo llevó Stellantis con 26.000 millones de dólares en pérdidas debido a la desaceleración y desplome de ventas en su transición eléctrica.

Reactivación de la industria

La eliminación de los incentivos federales, el escaso interés de los consumidores y un mercado que frustró todas las expectativas fueron algunas de las causas del histórico fracaso, al tiempo que China inundaba los mercados de Asia y Europa de autos eléctricos por las condiciones atípicas en ese país y el régimen político imperante, que permiten bajo el control del gobierno reducir al mínimo los costos de producción por mano de obra, subsidios gubernamentales y materiales de baja aleación, entre otros factores.

"Es un gran día para los trabajadores del sector automotriz y los compradores de automóviles de Estados Unidos", dijo el presidente Donald J. Trump en un mensaje en Truth Social en días recientes.

"Acabo de aprobar nuevas normas de eficiencia de combustible que anulan la ridícula decisión sobre vehículos eléctricos", señaló, en referencia a las citadas políticas.

Las medidas "eliminarán el despilfarro en la fabricación de automóviles" y prometió "precios más bajos".

El jefe de la Casa Blanca acusó al partido Demócrata de hacer que el sector automotriz perdiera "decenas de miles de millones de dólares" y "forzar a los estadounidenses a usar vehículos que nunca quisieron ni pidieron". "Gastaron miles de millones de dólares en estaciones de carga que nunca se construyeron", explicó Trump.

Asimismo, aseguró que "todos los fabricantes" lo contactaron para "expresar su deseo" de producir en Estados Unidos. "Ahora pueden hacerlo", recalcó, al tiempo que defendió que su Administración "está invirtiendo más de 100.000 millones de dólares en vehículos estadounidenses".

Regresan los empleos

"Eso es solo el principio. Las fábricas regresan, los puestos de trabajo vuelven a Michigan, Ohio, Indiana y Carolina del Sur y el resto del país", destacó Trump, quien agradeció además por su labor a los secretarios de Transporte y Comercio, Sean Duffy y Howard Lutnick, respectivamente.

Entre las nuevas medidas se encuentra la disminución de 50.4 millas por galón exigidas a los fabricantes a 34.5 millas por galón en 2031.

Otro de los requisitos impuestos por la administración Obama y Biden fue el controversial dispositivo de “autostop” cuando los vehículos llegan a un semáforo con la luz en rojo o durante un estancamiento en el tráfico. De acuerdo con expertos e ingenieros mecánicos, a mediano o corto plazo, según el modelo, esos dispositivos dañaban la caja de velocidades y el motor de arranque, un costo adicional importante en reparaciones y, por consiguiente, más pérdidas.

Trump puso fin al llamado programa de intercambio de créditos de Economía Corporativa Promedio de Combustible (CAFE, por sus siglas en inglés) y regresa a las regulaciones estándares basándose de manera exclusiva en los costos y capacidades técnicas de vehículos de combustión interna (gasolina y diésel). Además, elimina toda presión para la transición forzada a vehículos eléctricos en las flotas de los fabricantes.

La Casa Blanca argumentó además que todas las regulaciones y restricciones impuestas bajo el gobierno de Biden atacaron directamente a la industria automotriz estadounidense con un exagerado incremento de costos de producción, que desembocaron en los altos precios para los compradores.

De no ser por la llegada de Trump a la Presidencia para revertir las exigencias impuestas a los fabricantes estadounidenses de automóviles, el daño económico y las pérdidas financieras de estas empresas hubieran sido incalculables, con el inminente peligro de empujarlas a la quiebra.

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FUENTE: Con información de AFP, EFE, Financial Times, Bloomberg News.

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