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Al Cárdenas: "Juzgaré al presidente Trump por sus acciones"

El abogado Al Cárdenas, primer hispano que estuvo al frente del Partido Republicano en Florida, confiesa que tiene grandes reservas con respecto a la recién iniciada administración
Por SERGIO OTÁLORA
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MIAMI.- Al Cárdenas es un prestigioso abogado del sur de la Florida, de origen cubano, pero sobre todo es un republicano conservador que no se ha perdido ninguna de las posesiones de presidente de su partido desde la época de Ronald Reagan, en 1981.

“Nunca se había vivido un ambiente tan caldeado como en esta juramentación”, dijo en entrevista exclusiva con DIARIO LAS AMÉRICAS. Cárdenas estuvo en Washington el pasado fin de semana y tuvo que presenciar las protestas del viernes (algunas violentas) y la multitudinaria movilización de las mujeres del sábado.

De acuerdo con su experiencia, era tradición que al “equipo ganador se le diera ese día para celebrar y tomar posesión, había un respeto mutuo de lo que significaba el traspaso pacífico del poder”.

Cárdenas es un curtido dirigente del Partido Republicano, su primer presidente hispano en la Florida. Con todos los años que lleva metido en la entraña del poder conservador, tiene grandes reservas con respecto a la recién iniciada administración de Donald Trump.

“Voy a tomar la misma actitud del papa Francisco: juzgaré al presidente por sus acciones”, advirtió. Pero hay nerviosismo entre los republicanos como Cárdenas, quien podría definirse como un conservador moderado.

-¿Cree de verdad posible que los demócratas apoyen a Trump en ciertas iniciativas –desarrollo de infraestructura, renegociación de los acuerdos de libre comercio– en ese ambiente de polarización que usted vio en Washington?

Es posible pero complicado. Donald Trump en su discurso en el día de la posesión y en su campaña, demostró que no era un candidato conservador, pero sí del pueblo. Las prioridades que expresó están más de acuerdo con la filosofía demócrata que la republicana conservadora. Propuso aumento de gastos en el Gobierno federal y no recortes. Si fuera un republicano conservador propondría un incremento en la infraestructura del país, en el poderío militar y en seguridad nacional, pero con recortes en el tema social para poder balancear el presupuesto. Si yo fuera demócrata en el Congreso estaría más complacido con esto de lo que pudiera estar un republicano. Pero no es así: como nunca en otros gobiernos, los demócratas se están oponiendo a las iniciativas del presidente Trump.

-El lunes pasado el presidente Trump se reunió con los líderes de las empresas más poderosas de Estados Unidos. ¿Qué tanto podría durar la luna de miel con los empresarios –si la hay– cuando planteó ya de entrada imponer aranceles muy altos en la frontera si ellos buscan construir plantas o crear empleos en otros países? ¿Qué tan viable es una amenaza de esas?

Para poder pagar por todos estos gastos adicionales que propone el presidente tiene que proponer reducciones en el gasto social, para ver un crecimiento económico que fluctúe entre el 3.5 y 4.0 por ciento, según los cálculos de los economistas.

Es un debate muy serio si lo que propone el presidente nos puede llevar a esa cifra de crecimiento que no hemos alcanzado en más de una década. Y la clave de su éxito es si puede lograr mayor empleo y expansión económica, y al mismo tiempo no aumentar la deuda nacional. De fallar, y teniendo en cuenta que empieza con una base tan pequeña de apoyo, su fracaso será reconocido con anticipación y va a tener dificultades en conseguir el apoyo del Congreso en los últimos dos años de su primer término.

-Esos tres elementos que ha mencionado, si se alinean de manera positiva, sería casi como un milagro económico. ¿Los republicanos lo ven factible?

El milagro de reducir impuestos y al mismo tiempo aumentar los ingresos está basado en una teoría de cortar tributos, crear mayor consumo interno el cual, a su vez, genera mayor crecimiento que, de hecho, produce más ingresos para el tesoro nacional. No hemos tenido una reforma tributaria en más de 30 años. En las últimas dos décadas no podemos demostrar si esa teoría es válida o no.

De ahí viene el alto riesgo de la plataforma económica del presidente Trump. Si va a funcionar lo que en este momento es teoría pero no se ha comprobado en la realidad. Puede que haya crecimiento doméstico, pero cuánto vamos a perder en exportaciones, a qué empresas o sectores de la economía va a afectar esa política. Ya canceló el Acuerdo Transpacífico[TPP, por sus siglas en inglés]. El presidente le ha dado la enorme oportunidad a China, nuestro gran rival económico, de poder tomar ventaja de ese vacío. No sabemos nada de cómo el presidente contrarrestará eso. Pero si la solución es cancelar ese acuerdo sin reemplazarlo de inmediato con un sinnúmero de acuerdos bilaterales, la balanza de pagos de Estados Unidos va a tener una reacción adversa.

El partido republicano, según lo que usted dice, apoyaría al presidente Trump hasta donde los hechos lo permitan. ¿Pero si el proyecto fracasa, eso podría significar un daño profundo a la marca republicana?

Nosotros sabemos que estamos montados todos en el mismo buque. Y si el busque se hunde, nos hundimos todos. Está por verse hasta qué punto los republicanos del Congreso van a apoyar las propuestas del presidente y en qué punto van a decir que no están de acuerdo por razones filosóficas. Si la economía se estanca, o si hay problemas internacionales que se empeoren en la administración Trump, no les tomará a los líderes del Congreso mucho tiempo para decir basta ya, nosotros vamos a tomar otra actitud. En este momento el liderazgo republicano tiene un compromiso de seguir las iniciativas del Presidente. Pero él también tiene que darse cuenta de que todas estas medidas nacen en el Congreso. El ejecutivo tiene el poder de veto, pero sería muy difícil vetar leyes aprobadas por un Congreso republicano.

Es un momento muy delicado para el Partido Republicano porque llegó a la presidencia un hombre que ha sido más demócrata que republicano. Y tiene propuestas en la mesa que no son la norma del movimiento conservador. Cómo resolvemos las inquietudes dentro de estas tres nuevas ramas del Gobierno, los liberales, los conservadores y los populistas. Será una tensión permanente, vamos a ver cómo se resuelve. Y los republicanos están nerviosos hasta qué punto apoyarlo. Nuestra actitud es darle el apoyo, el beneficio de la duda, esperar que el Congreso adopte medidas que sean razonables y balanceadas.

“Es muy tarde para echar atrás el reloj”

¿Cómo ve la crítica de la falta de diversidad del gabinete de Trump, es la primera vez en treinta años que no hay un secretario hispano y además sacaron del aire la versión en español del sitio web de la Casa Blanca?

Lo veo con gran sentido de frustración. A corto plazo [acudir al voto exclusivamente blanco no hispano] se empleó como un instrumento político para tener acceso a otras personas que no votaban por los republicanos. Pero a largo plazo las consecuencias de esa actitud pueden ser desastrosas para el Partido Republicano. La demografía del votante ha cambiado, más de 50 millones de habitantes son hispanos, más de 25 millones tienen derecho al voto, y el presidente perdió la votación popular. Es claro que para el Partido Republicano el voto popular no se puede volver a ganar si no hay una mejora sustancial dentro de la población hispana.

No entiendo sinceramente, con lo calificados que son muchos hispanos líderes de este país, como no pudimos tener a uno en el gabinete. Están dando pasos en contra de lo inevitable: la diversidad de lo que somos como norteamericanos, no somos sólo anglosajones provenientes de ciertas partes de Europa. Más de 100 millones de persona en este país son negros, hispanos, asiáticos, es muy tarde para echar atrás el reloj y en lugar de celebrar nuestra diversidad estamos excluyendo a muchos. Eso a largo plazo será un desastre para nuestro partido.

-Frente al tema de Cuba, el nuevo secretario de Estado aún no ha planteado cambiar las políticas de Obama y en relación con Venezuela no ha dicho nada más allá de afirmar que apoya una salida democrática. ¿Cómo ven ustedes eso?

No tengo opinión al respecto, es decir, de para dónde se encamina el Presidente con esos temas. Con el tema de Cuba él vino a Miami y habló bien duro. Dijo que iba a renegociar las condiciones de una relación con Cuba. Y habló del tema de los derechos humanos. Ha aceptado en su equipo de transición a jóvenes cubanoamericanos que representan la oposición a los acuerdos del presidente Obama. Eso puede ser un indicio de sus intenciones. Vamos a ver cómo las implementa. No lo sé, tal vez Tillerson no esté de acuerdo con la línea dura que expresó el presidente Trump en su campaña pero creo que la política hacia Cuba y Venezuela vendrá de la Casa Blanca. Y no le quedará más remedio que sentarse a la mesa con Cuba y definir nuevos términos.

¿A juzgar por lo que pasó en el fin de semana de la posesión, no se estaría perfilando un permanente estado de protesta social que puede tener brotes de violencia, tal como sucedió durante la tumultuosa era de Nixon?

Aquí tenemos la metáfora del vaso medio vacío o medio lleno. El vaso medio lleno mío me dice que vamos a adoptar medidas iniciadas por el Presidente pero modificadas por el Congreso, que van a llevar la prosperidad al país. El vaso medio vacío mío me dice que el tribunal de la presidencia es muy poderoso y que las palabras del presidente tienen gran peso. Si seguimos dividiendo al país con palabras será muy difícil unirlo con acciones. Una parte de mi es optimista, la otra es pesimista.

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