MIAMI.– La llamada telefónica de la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, al presidente electo Donald Trump, que ha abierto una de las peores crisis bilaterales entre Estados Unidos y la República popular China, comenzó a gestarse hace dos semanas por iniciativa del exsenador y candidato presidencial Bob Dole.
Conversación de Trump con la presidenta de Taiwán no fue accidental
“Mi empresa (de relaciones públicas) tuvo algo que ver con eso. Bien nos podemos atribuir el crédito”, dijo el ex senador el martes.
Aunque no hubo una agenda previa para la conversación ni siquiera un guión preestablecido, la idea era de que la llamada fuera apenas una oportunidad para felicitar a Trump por haber ganado las elecciones. Pero no lo fue.
Tras 40 años de silencio entre las más altas autoridades de los dos países, Tsai Ing aprovechó el momento para extenderse en temas meramente políticos como una discusión sobre la estabilidad en la región del Pacífico y las relaciones con la República Popular China, que considera a Taiwán como una provincia en rebeldía y parte integrante de su territorio.
Durante la campaña electoral, Trump fue muy crítico con China pero ningún observador pensó que llevaría el enfrentamiento a un punto que puede poner en riesgo el deshielo iniciado por el presidente Richard Nixon en 1969 y que ha hecho del gigante asiático uno de los mayores exportadores hacia Estados Unidos y el detentor de gran parte de su deuda externa, según el diario Wall Street Journal.
Aunque el vicepresidente electo, Mike Pence, dijo el domingo que se trató de una llamada de cortesía, el magnate inmobiliario se encargó de desmentirlo el lunes con una serie de tuits donde cuestiona incisivamente la política exterior del gigante asiático.
Dice Trump que China ha devaluado la moneda para perjudicar a Estados Unidos, que la expansión de su presencia en el Mar Amarillo es un indicio de guerrerismo y el país asiático mantiene una política económica proteccionista imponiendo aranceles exagerados a los productos estadounidenses.
Trump tiene amplias inversiones en China, en hoteles y campos de golf, la nueva locura de la élite comunista, y jamás había cuestionado la política arancelaria china, una consecuencia de la ausencia del país de la Organización Mundial de Comercio, tras su ingreso haber sido vetado por la administración republicana de George W. Bush.
Al inicio los chinos vieron la llamada telefónica como una oportunidad que Taipéi aprovechó para reanudar los contactos de alto nivel con Estados Unidos. De hecho, el portavoz de la chancillería de Beijing, Lu Kang, dijo el sábado que fue la mandataria de Taiwán quien tomó la iniciativa del contacto. Pero este lunes, al enterarse de que todo partió de una propuesta de Bob Dole, la postura cambió y ha sido inusualmente dura.
El Diario del Pueblo, órgano oficial del gobernante Partido Comunista, sostuvo en un editorial el lunes que “Trump y su equipo de transición deben reconocer que crear problemas en las relaciones entre China y Estados Unidos no es más que crearle un problema a Estados Unidos”.
El rotativo se refirió en particular a los tuits del presidente electo al caracterizar la conversación telefónica con Tsai Ing como “nada del otro mundo” e enfatizó de que si estos “trucos sucios” siguen sin respuesta, a Beijing no le queda otra que esperar más “provocaciones” cuando el presidente electo asuma el poder en enero del año entrante.
Por otro lado, Trump no parece muy acertado al aseverar que la moneda china, el Renminbi, se ha devaluado. Al parecer ha tomado en cuenta unas cifras que divulgó el sitio XE.com que posteriormente se probaron erradas. Según el servicio financiero Bloomberg y la agencia Reuters, el martes por la mañana el Renminbi se cotizaba en China a 7.4 por dólares, mientras que en resto del mercado asiático se situaba en 6.86 por dólar, una valorización notable que la divisa estadounidense nunca ha visto en las últimas décadas.
La política china de reanudación de nexos diplomáticos con el mundo pasa por el reconocimiento de la existencia de la República Popular China como un país indivisible. Es así como en 1971 la República China (Taiwán), uno de los fundadores de la ONU, es expulsada de la organización y en su defecto ingresa la República Popular China, de Mao Zedong, que es hoy uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y uno de los cinco países con derecho a veto.
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