Un singular o falso optimismo ha dibujado la extrema izquierda dentro del panorama político de Estados Unidos en las últimas semanas. No es de extrañar, forma parte de la desaforada campaña y estrategia de los demócratas en medios de prensa y plataformas de internet para manipular estados de opinión, a escasos días de las elecciones legislativas del próximo martes 3 de noviembre.
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Cuenta regresiva en decisivas elecciones para el destino de EEUU
Los demócratas buscan recuperar el control de la Cámara de Representantes y los republicanos mantener el poder en el Congreso para continuar el respaldo de la gestión presidencial de Donald J. Trump
La ultraizquierda utiliza el ascenso de los precios de los combustibles causados por la guerra contra Irán y la crisis en Medio Oriente para desviar la atención de lo que fue hace apenas seis meses los sonados escándalos de corrupción que estremecieron las bases del Partido Demócrata, hundido en una agenda extremista que lo ha llevado a su peor crisis de credibilidad, liderazgo y nuevo rumbo. De ahí la gran derrota en 2024.
La corrupción y el fraude de demócratas, destapado en Minnesota y que asciende a más de 18.000 millones de dólares, cuyo gobernador, Tim Walz, es el excandidato a la Vicepresidencia de EEUU, abrió aún más las compuertas del escrutinio público, luego de la indiscriminada malversación de fondos de los contribuyentes durante el gobierno de Joe Biden. Como parte del derroche financiero, salieron a la luz agencias federales carcomidas por el poder de la ultraizquierda como la USAID (Agencia Federal de EEUU para el Desarrollo Internacional).
Prestigio desarticulado
Las autoridades federales realizaron recientemente un allanamiento en la vivienda de la congresista radical somalí, Ilhan Omar, investigada por el Departamento de Seguridad Nacional.
Por su parte, la [pronosticada promesa política] del Partido Demócrata, Eric Swalwell, se vio forzado a renunciar a su campaña por la gobernación de California bajo acusaciones de abusos sexuales a varias mujeres. Otros casos en Wisconsin, Illinois y Florida conforman una lista de figuras de la izquierda y de la extrema izquierda bajo el lente de la Justicia.
En fecha reciente, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) realizó otro allanamiento en una mansión de Beverly Hills, vinculada a uno de los grandes donantes de campaña de Swalwell, Stephen Cloobeck.
El acontecimiento más reciente es el de la veterana senadora estatal demócrata en Virginia L. Louise Lucas, acusada de formar parte de una red de distribución de marihuana, lavado de dinero y sobornos.
Antes fue Sheila Cherfilus-McCormick, excongresista federal por Florida, bajo cargos presentados por un gran jurado federal de Miami sobre el robo de 5 millones de dólares de fondos de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), provenientes de un contrato de vacunación contra el COVID-19 para financiar su campaña electoral.
Cherfilus-McCormick renunció a su puesto en abril de 2026.
Del lado conservador, en Carolina del Norte, el actual congresista republicano Chuck Edwards terminó en agosto su campaña de reelección en medio de una pesquisa por acoso sexual.
Pero para entretejer campañas políticas, la izquierda ha demostrado sobrado talento en revertir sus crisis. Su mejor arma son los medios liberales de prensa, a los que se han sumado plataformas digitales y los llamados activistas políticos o “influencers”.
Diversos sondeos en plataformas -de tendencia izquierdista y que los medios y agencias publican casi a diario en las últimas semanas- afirman que los demócratas cuentan [supuestamente] con más del 70% de probabilidades de arrebatarles a los republicanos el control de la Cámara de Representantes.
Los nuevos mapas electorales
Según el promedio de encuestas de RealClearPolitics, los demócratas lideran la intención de voto para ganar la Cámara Baja con un 51,1% de apoyo frente al 42,8% de los republicanos.
Esta feroz ofensiva propagandística llega tras una extensa lista de reformas electorales en casi 20 estados del país y el cambio de mapas electorales en otros 14 como Texas, Florida, Tennessee, Ohio, Arizona, Indiana, Kansas, Missouri, Virginia, Carolina del Norte y California, entre otros.
Los reajustes en los distritos le otorgaron "ventajas" a los conservadores en 11 estados, la mayoría en el sur y medio oeste del país. El dato es significativo porque los republicanos se presentan a los comicios de medio término con la posibilidad de ganar 16 puestos adicionales en la Cámara Baja, una cifra difícil de revertir en medio de la crisis del Partido Demócrata en su camino -al parecer invariable- hacia el “progresismo” (socialismo) y el “wokismo”, unidos en una alarmante mezcla con el islamismo radical.
La euforia del radicalismo de izquierda vinculado al islamismo en EEUU se concretó con el ascenso en la ciudad de Nueva York del primer alcalde islamista radical y comunista en la historia. El insólito acontecimiento ocurre después de 24 años de la muerte de casi 3.000 personas por los trágicos ataques de terroristas islámicos el 11 de septiembre de 2001.
Por otra parte, el republicano Steve Hilton podría además convertirse en noviembre en gobernador de California, el cuartel general de los demócratas; aunque los sondeos indiquen lo opuesto. Pero en California, como en Las Vegas, "todo lo que ocurre se queda en California"...
Los republicanos controlan hoy 218 puestos en la Cámara de Representantes en Washington, mientras que los demócratas se apoyan en 214. Hay dos escaños vacantes. En el Senado, el Partido ahora en el poder cuenta con 53 plazas contra 45 de la izquierda y dos vacantes.
En la Cámara Baja, si los republicanos mantienen el 95% de los escaños actuales y logran sumar al menos 12 nuevas posiciones, resulta imposible matemáticamente que los demócratas tomen el control de ese organismo legislativo.
El presidente Donald J. Trump dijo el martes que respetará los resultados de los comicios de mitad de mandato "si son elecciones honestas".
La Cámara Baja
En conversación con periodistas antes de dirigirse a un acto de campaña en Texas, Trump añadió que trabajará con los demócratas si los republicanos pierden el control de la Cámara Baja del Congreso, pero advirtió que, como Presidente, tiene una capacidad “amplia" de veto” para proyectos legislativos.
“Como viejo demócrata, estoy haciendo todo lo posible para evitar que los demócratas ganen las elecciones de mitad de mandato. No tengo ninguna duda hoy de que los demócratas conforman el partido maligno de EEUU. Son similares a lo que vimos en Alemania en 1932”, afirma Alan Morton Dershowitz, exprofesor de Derecho en La Universidad de Harvard y reconocido jurista constitucional.
En estas elecciones se deciden de manera clave 35 bancas, de ellas 22 republicanas y 13 demócratas.
Sólo el 5% de los 435 escaños electorales son considerados altamente competitivos en estos comicios; es decir, en 21 distritos se juega realmente quién tendrá el control de la Cámara de Representantes, cuando el Senado resulta casi inalcanzable para los demócratas, según diversos análisis.
Sólo entre Texas, Ohio y Florida, los conservadores tienen la posibilidad de añadir 12 posiciones legislativas en la Cámara Baja federal.
El gobierno también anunció una demanda federal contra los demócratas por presentar en Alaska a un candidato a senador que tiene el mismo nombre que el republicano: Dan Sullivan.
Los republicanos se enfrentan a campañas reñidas en Kansas, Iowa, Ohio y Alaska, pero los demócratas también atraviesan problemas internos como el caso del candidato musulmán radical por Michigan, Abdul El Sayed, cuestionado incluso entre los propios demócratas.
El Sayed es acusado de excesiva simpatía con la organización “Hermanos Musulmanes”, una organización designada terrorista por Estados Unidos.
El poder
A menos de una semana para el día fijado de votaciones, más de 32 millones de personas han ejercido su derecho constitucional de forma anticipada y por correo.
Debido a escándalos de corrupción y renuncias, el bando azul ha perdido más de cinco asientos históricos o seguros en el Congreso como el que ocupaba el representante Al Green, un acérrimo enemigo del presidente Donald J. Trump, quien quedó fuera del camino de su reelección tras perder en las primarias en Texas.
El senador demócrata por Pennsylvania, John Fetterman, opuesto de forma rotunda al radicalismo que asfixia hoy al Partido Demócrata, ha manifestado la posibilidad de abandonar las filas de la izquierda, como mismo hizo en su momento Robert F. Kennedy Jr., el actual secretario de salud en la administración actual.
Trump enfrenta el 3 de noviembre otro de sus grandes retos, donde en su mayoría ha salido victorioso: mantener el poder del Congreso del lado republicano.
Tradicionalmente, el Partido que se encuentra en la Casa Blanca pierde en los comicios de medio término gran parte del terreno o una de las dos Cámaras, y este es otro de los argumentos de la ultraizquierda para convencer a votantes independientes (no afiliación partidista) o inseguros.
A pesar de que el presidente Trump no se encuentra en la boleta del 3 de noviembre como él mismo ha recalcado, espera que su Partido vuelva a salir ganador como ocurrió en 2024 durante los comicios presidenciales.
Sin embargo, esta vez hay un gran obstáculo que ha afectado a los republicanos y ha tenido un efecto dominó, sobre todo en el bolsillo de los estadounidenses, quienes esperaban, como ya ocurría en 2025, que Trump continuara revirtiendo el sufrimiento de cuatro años de severa inflación y suicidio financiero causados por el desastre migratorio y las políticas económicas fallidas del gobierno de Joe Biden.
El costo político
La decisión de urgencia, que forzó al presidente Trump y sus asesores militares a atacar al régimen terrorista de Irán, marcó un antes y un después en el segundo mandato del líder republicano.
El jefe de la Oficina Oval declaró que prefería “salvar y proteger a EEUU, a los estadounidenses y a la humanidad en general de la grave amenaza terrorista de Irán, que cuidar el precio de la gasolina”.
Trump y sus asesores económicos y militares, después de 24 reuniones a puertas cerradas, decidieron catapultar a los terroristas iraníes varias décadas atrás y así evitar una catástrofe por parte de los extremistas islámicos a punto de obtener poder nuclear militar.
El costo político se sabía. Habrá que ver si los votantes que lo eligieron en el 2024 comprenden ese sacrificio y están dispuestos a darle otra victoria para que prosiga sin mayores tropiezos con su plataforma “America First”, o si muchos deciden apostar por el famoso “voto de castigo”.
El éxito de la aprobación de la Ley One Big Beatiful Bill el 4 de julio del 2025 junto al descenso de los precios del crudo en 2025 por debajo de los 70 dólares el barril y las decenas de órdenes ejecutivas firmadas en la Oficina Oval -como respuesta a las promesas de campaña del mandatario- pueden haber caído en una compleja balanza de confusión, falta de confianza, incertidumbre o empañamiento entre millones de estadounidenses, luego de los efectos de la guerra contra los terroristas de Irán y la situación en el Medio Oriente.
Desacreditar al Presidente
El primer gran pronóstico fracasado en el intento de la izquierda por desacreditar la gestión del presidente Trump, al comienzo de su segundo mandato, fue el pánico impulsado por algunos expertos y la prensa liberal acerca de la “inevitable recesión económica” en EEUU debido a la política arancelaria de la actual administración. Nada más lejos de la realidad.
En diciembre de 2025, antes de iniciar la ofensiva conjunta contra el régimen de los ayatolás en Teherán, el precio del barril de petróleo en EEUU era de 62,54 dólares. Pero en enero de 2026, un mes antes de la guerra, el valor promedio registró 60,04 dólares y la tendencia -de forma marcada- era a continuar el descenso.
En el primer mes de 2026, en varios estados los conductores llenaban el depósito de sus vehículos con el galón de gasolina regular por debajo de los 2 dólares.
En localidades de Colorado, el precio era de 1.57 dólares el galón; en Texas, entre $1.80 y $1.92; en Oklahoma, $1.84; en Wyoming, $1.84; en Ohio, $1.90 y así en otros como Missouri, Kansas, Nebraska y Tennessee.
A pesar de la producción récord de crudo en EEUU, que en estos momentos supera los 14 millones de barriles diarios y lo consolida -con una amplia ventaja- como el principal productor mundial de petróleo, el cierre del Estrecho de Ormuz y los ataques de Irán contra centros energéticos en Catar, Emiratos Árabes Unidos y la propia Arabia Saudita dispararon los precios del petróleo y el gas. A lo anterior, se sumaron los ataques de Ucrania a instalaciones petroleras en Rusia, el tercer mayor productor en el planeta.
Hoy las cifras de extracción y exportación de crudo estadounidense eran impensables una década atrás, mientras la inflación registró en octubre el 3,7%, desde el 3,4% en septiembre… Nada comparable con el 9,1% durante el gobierno de Biden, un dato oficial que algunos analistas sitúan entre 11,5% y el 13%.
El fantasma del fraude
No obstante de la crisis en Medio Oriente, EEUU ha sabido aprovechar la situación para incrementar de forma dramática y muy favorable el suministro de petróleo a Europa, el gran afectado por la situación en el Estrecho de Ormuz junto a China, a pesar de que Arabia Saudita comenzó a bombear y exportar su combustible al gigante asiático y a otros países de ese continente a través de su oleoducto en el Mar Rojo.
Los sauditas buscaron esta alternativa frente a las acciones del régimen iraní en la zona comercial y luego el bloqueo naval de la Marina estadounidense en la vía marítima, donde varios buques tanqueros fueron neutralizados por la llamada Guardia Revolucionaria, el brazo armado de los ayatolás, que también intentó minar completamente el área de cruce.
Aún la situación persiste en Ormuz, a pesar de que se ha reactivado el tránsito casi habitual.
Además del panorama que rodea a las próximas elecciones legislativas, el fantasma de las irregularidades, la falta de transparencia y las acusaciones de fraude electoral en 2020 regresan a la mente de decenas de millones de conservadores que salieron a votar en masa en 2024.
Las condiciones actuales en el ambiente político estadounidense refuerzan las dudas cuando "ahora el 90% o 95% de los distritos son muy rojos o muy azules”, afirma Jim Ronan, profesor universitario y politólogo de Pennsylvania.
Tras la redistribución de los mapas electorales, apenas unos 20 escaños podrían cambiar de un Partido a otro, cuando antes se calculaba que serían alrededor de 60.
La ventaja financiera republicana resulta lo suficientemente amplia como para obligar a los demócratas a destinar recursos en defender escaños que consideraban seguros, lo cual supone otro atenuante para el ala conservadora.
A pesar de la “supuesta ventaja” que beneficiaría a los demócratas para las elecciones de noviembre 3, la desesperación de continuar las campañas de descrédito a Trump por parte de la izquierda sigue al mismo nivel que en su primer mandato y antes de las presidenciales de 2024.
Los medios de prensa y los activistas demócratas hacen hincapié en un cierto [descontento generalizado] con la gestión presidencial. Habría que ver hasta qué punto esto es real dentro de las filas de votantes republicanos y en qué medida saldrán a ejercer el voto convencidos de que el Presidente ha cumplido en sus dos primeros años más del 90% de sus promesas de campaña, entre las que se incluyen las deportaciones masivas, la seguridad nacional como prioridad, el retorno de la gran inversión empresarial y la reactivación de la industria estadounidense, después de tres años de contracción en la era Biden.
Gestión presidencial
La lucha contra el despilfarro y la corrupción en Washington y fuera de sus fronteras estatales; contra el narcotráfico y las drogas sintéticas -como el fentanilo- ha sido un pilar en estos 24 meses de trabajo.
El Presidente no sólo ha combatido el tráfico cerca de las fronteras de EEUU, sino que ha extendido la guerra a todo el Hemisferio Occidental, con amplia repercusión en China, el gran suministrador de recursos y precursores para estas drogas altamente mortales, decenas de veces más potentes que la heroína y la cocaína.
En el plano sociopolítico Trump ha firmado importantes legislaciones para las familias y trabajadores estadounidenses, entre las que se incluyen la mayor reducción de impuestos en la historia del país, drásticos cambios en el sistema educativo de la nación, en la salud y en la eliminación de las políticas de género y la falsa “inclusión”, que se aplicaba hasta dentro del Ejército de EEUU.
Trump ratificó mediante decretos presidenciales el poder legal de los padres sobre sus hijos menores de 18 años, algo que los demócratas buscaron abolir en las cirugías de cambio de sexo y a la hora de decidir en programas alejados de la educación tradicional y los valores conservadores.
La Casa Blanca revirtió cuatro años de abandono y regulaciones a los productores industriales y agrícolas estadounidenses bajo el gobierno de Joe Biden. Aplica ahora altos aranceles a las exportaciones de productos del campo para potenciar la producción interna y facilitar las exportaciones a nuevos mercados internacionales, con la implementación de también nuevos programas federales de subsidios. Lo mismo ha hecho en los contratos para la industria militar y el desarrollo de modernas tecnologías con billonarias inversiones en la fabricación de semiconductores en el país.
Los aranceles del 25% y 50% a recursos estratégicos como el acero, el níquel, el aluminio y en la industria automotriz son parte del plan de seguridad nacional.
Las llamadas “Cuentas Trump”, un beneficio para más de 70 millones de niños ya inscritos como garantía de su futuro financiero integran el amplio espectro de iniciativas de la Casa Blanca junto al portal Trump RX.gov, con reducciones de precios de más del 85% en decenas de medicamentos.
Un ejemplo es el fármaco Wegoby, que de un valor de 1.349 dólares ahora se vende a 199 dólares. Además, la Casa Blanca impuso altos aranceles a productos importados de salud para impulsar la fabricación nacional y reducir al máximo los demás precios de las medicinas, los más altos en el mundo.
La lista de órdenes ejecutivas que apalancan sus objetivos presidenciales es extensa. Trump ha hecho en dos años lo que ningún mandatario estadounidense ha logrado en ocho años de mandato consecutivo; tanto republicanos como demócratas. Sin entrar en detalles en los éxitos de la política exterior.
Queda por ver si los votantes reconocen su arduo trabajo y el de su gabinete republicano o se decantan por la propaganda de una ultraizquierda que maneja hoy los hilos del Partido Demócrata. De cualquier manera, contra los posibles análisis de expertos, los conservadores estadounidenses demostraron en 2024 que la manipulación política y la desinformación mal intencionada de quienes intentan destruir la nación conservadora fracasan ante la realidad y el destino que necesita EEUU para “Volver a ser Grande Otra Vez”.
lmorales@diariolasamericas.com
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FUENTE: Con información de AFP, EFE, The Washington Post, Financial Times, Bloomberg, Reuters.
