MIAMI.– A tres días de la toma de posesión de Donald Trump, republicanos y el presidente electo no tienen una noción clara de con qué van a sustituir el Obamacare. De hecho ni siquiera saben si alguna vez lo tendrán porque ya comenzaron a aflorar las contradicciones.
El Obamacare se ha vuelto la manzana de la discordia entre Trump y el Capitolio
El principal antagonista es el líder de la cámara baja, Paul Ryan, mientras que el nominado para la secretaría de Salud, el congresista Tom Price, tiene un plan que no despierta mucho entusiasmo.
Lo que Price pretende es entregar a todos los estadounidenses una rebaja de 1.200 dólares anuales en los impuestos para que puedan pagar un seguro, una suma que aumentaría con la edad del consumidor. De ninguna forma contempla la posibilidad de una cobertura universal pero obliga a las aseguradoras a mantener a la gente cubierta mientras tengan las primas al día.
Pero lo que Ryan tiene en mente es más radical aún. Su idea es crear un ‘plan de ahorro de salud”, al cual una persona sin seguro médico aportaría mensualmente una cierta cantidad de fondos que servirían en caso de emergencia.
El problema es que este plan retira cualquier subsidio por parte del Gobierno y pudiera agotarse rápidamente ya que los pacientes estarían sujetos a los precios que normalmente practican los hospitales privados y públicos. “Una persona que invierta sus ahorros en eso, digamos que 8.000 dólares, puede perder todo con un solo tratamiento y vuelve entonces a cero”, explica Gladys Miranda, una abogada de Nueva York especialista en temas de salud.
O sea, los dos planes colocarían los consumidores a merced de las compañías de seguros, sus altas pólizas y deducibles sin cualquier posibilidad de lograr algún tipo de protección. De hecho, las personas que tienen una enfermedad crónica se verían en la imposibilidad de pagar un seguro médico ya que la desaparecer el Obamacare, se desvanece la obligatoriedad de los aseguradoras de aceptar pacientes en esas condiciones.
Lo que Trump quiere es todavía un misterio en toda su extensión. Excepto en una cosa. “Quiero un seguro de salud para todo el mundo”, dijo en una conversación el domingo con The Washington Post. Pero no profundizó más en el tema ni explicó cómo lo piensa hacer.
Esto ha colocado a los republicanos en el Congreso en una encrucijada, en su afán de acabar rápidamente con el Obamacare. Trump ha dicho que acabaría con la ley de salud asequible en el primer día de su mandato, o sea, el viernes, pero no hay nada que la sustituya y su sustitución inmediata es una condición básica. Aunque hay otros políticos y analistas que creen que el proceso pudiera tardar unos dos a tres años y la revocación del Obamacare pudiera no ser inminente.
De momento lo que se sabe es que algunos republicanos influyentes en el Capitolio han dicho claramente que el plan del secretario de Salud nominado no será siquiera sometido a análisis para ser incluido en la agenda de discusiones.
Un republicano influyente, como el presidente del Comité de Finanzas del Senado, Orrin Hatch, dijo claramente la semana pasada que el plan de Price no es a lo que los suyos aspiran. “No (lo discutiremos). No sé como será. Debemos esperar que nuevo elemento aportará Donald Trump. Y no sabemos realmente qué quiere hacer”, dijo Hatch en una improvisada rueda de prensa en el senado.
Según se deduce por declaraciones de Hatch y otros senadores, lo que menos les preocupa es que el sustituto del Obamacare iguale los beneficios que la ley promovida por el saliente mandatario Barack Obama ha aportado al consumidor, con lo cual redujo a 9% el número de estadounidenses sin un seguro de salud.
Esto es un problema serio, que pudiera agriar de entrada las relaciones de Trump con el Capitolio, porque el presidente electo aspira precisamente a lo contrario. No solo quiere un seguro de salud para todos como ha dicho que un plan sobre su mesa debe, incluso, sobrepasar al Obamacare en términos de beneficios al público, desveló la revista Politico.
La gran divergencia estriba en que uno de los beneficios del plan de salud actual es que ha ampliado la cobertura de salud y la protección a los consumidores con enfermedades crónicas, algo con lo que Trump simpatiza. Pero los republicanos se quejan que esa ampliación trajo como consecuencia un aumento en los deducibles y redujo el acceso de los pacientes a los cuidados de salud.
El choque entre las tres visiones sobre el futuro de la protección a los cuidados de salud radica precisamente en este aspecto. Mientras al presidente electo no le importa que una serie de beneficios del Obamacare se mantengan, quiere que los deducibles bajen. Tanto la propuesta de Ryan como la de Price no contemplan nada de eso porque colocan a los pacientes integralmente a merced de los designios de las aseguradoras.
Acabar con el Obamacare integralmente necesita de una "supermayoría" en el Senado, o sea, 60 votos. Y la diferencia entre republicanos y demócratas es solo de cuatro votos.
En este sentido el senador republicano Bill Cassidy tiene otra idea, ha dicho Politico. Quiere recuperar un viejo plan suyo, que nunca despegó de la mesa de diseño, pero contempla en su borrador la posibilidad de que los estados que lo quieran mantengan vigente el Obamacare, a condición de que todo ciudadano pueda adquirir su seguro de salud dondequiera, algo que la ley de salud actual no facilita.
Y este pudiera ser un punto de partida para negociar con los demócratas. Pero van a ser conversaciones difíciles. Para las dos partes, el Obamacare es una cuestión de principios. Y sus principios son divergentes.
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