MIAMI.- Apenas un mes después del sorpresivo anuncio conjunto del presidente de Estados Unidos Barack Obama y el gobernante cubano Raúl Castro de que sus respectivos países comenzarían contactos para reiniciar las relaciones bilaterales, Castro lanzó un cubo de agua fría sobre las cabezas de quienes mostraron excesivo optimismo tras la primera ronda de negociaciones efectuada recientemente en La Habana.
El viejo discurso de Castro
MIAMI.- A juzgar por el agresivo discurso del general cubano, La Habana no tiene ninguna intención de negociar con EEUU, sino más bien imponer su agenda y, nuevamente, ganar tiempo.
Con su acostumbrado discurso beligerante, el anciano dictador cubano aseguró a los asistentes a la III Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) que se celebra en Heredia, Costa Rica que el restablecimiento de lazos entre ambas naciones no sería posible si Washington no levanta el embargo económico contra la isla caribeña.
Como para despejar dudas sobre lo ocurrido durante el histórico contacto entre las delegaciones de Cuba y Estados Unidos en la capital de la isla, Castro afirmó que La Habana no se movería “ni un milímetro” en sus posiciones para alcanzar un entendimiento con su enemigo del Norte.
"No se debe pretender que Cuba tenga que renunciar a sus ideales de independencia y justicia social. No vamos a ceder ni un milímetro en la defensa de la soberanía nacional”, declaró Castro y recalcó: “No aceptaremos ninguna presión de EEUU en asuntos internos".
Para no variar, Castro también echó mano a su gastado arsenal de frases de apoyo a los gobiernos de izquierda en América Latina y criticó lo que consideró una “carrera armamentista” de Washington y sus aliados de la OTAN.
A juzgar por el agresivo discurso del general cubano, La Habana no tiene ninguna intención de negociar con EEUU, sino más bien imponer su agenda y, nuevamente, ganar tiempo.
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